domingo 26 de julio de 2009

ARGELIA (I): Argel (la Kasbah), Tamanrasset, Assekrem


Relato del viaje realizado por Argelia del 4 al 26 de marzo del 2009

"Para mí el desierto es extraordinariamente bello y puro, a la vez perturbador y mágico. Cada vez que estoy en él, el desierto me lleva a un emocionante viaje hacia mi interior, donde se cruzan la nostalgia, las angustias y las esperanzas".MANO DAYAK



Antes del relato del viaje, un poco de historia:

Mis primeros pasos hacia Argelia fueron a finales de septiembre de 1991. Aquel verano había conocido a dos hermanos argelinos, que pasaron su mes de vacaciones en casa de unos amigos míos. Viendo las fotos de su ciudad, Timimoun, del desierto, de su familia y amigos, me propuse viajar hacia allí.

Llegaron mis vacaciones y fui a Timimoun, alojándome en el hotel Gourara, muy cerca del camping propiedad del hermano mayor, de los ya amigos míos.

Durante las dos semanas que permanecí allá conocí a la madre, al resto de hermanos, el ambiente de la ciudad, el sol, la luna y las estrellas; trajiné por el camping, asistí a una impresionante fiesta: la celebración del nacimiento del Profeta y di largos paseos sobre las rojas dunas del desierto.

Llegó el momento de mi vuelta a casa y al trabajo. Los días pasaban con mucho desasosiego. Lo que había vivido no podía borrarlo ni de mi corazón, ni de mi mente. Daba la impresión de que había vuelto mi cuerpo, pero mi espíritu había quedado allí. Y decidí regresar. Pedí un mes de permiso sin sueldo, en el trabajo, hice el equipaje y a mediados de diciembre estaba instalándome en casa de mis amigos.

Aprendí a cocinar, a reír y a callar. Hablé muchísimo con las cuatro mujeres de la casa –dos de ellas adolescentes-. Me explicaron la situación de la mujer, las costumbres, el Islam, las miradas fugaces por la calle a los hombres, la política y las cercanas elecciones: el 26 de diciembre, donde ganó el FIS (Frente Islámico de Salvación) en las elecciones municipales y la primera vuelta de las elecciones legislativas.

El ejército decretó el estado de urgencia y le impidió asumir el poder. Esto desencadenó una gran violencia liderada por varios grupos armados, masacres y muchas víctimas.

Con los hombres seguí hablando de política y asistiendo a fiestas, donde la única mujer era yo por tener el “privilegio” de ser extranjera.

Ese mes de estancia, en Timimoun, me reencontré con mi yo. Los lazos, creados con todos los miembros de la familia, fueron tan grandes y sinceros que no dejé de ir durante los diez años siguientes, a pesar que ya se había instalado en el país una guerra civil, encubierta, entre los islamistas y el gobierno y que produjo más de 200.000 muertes, entre ellas, de extranjeros que vivían y trabajaban allí. Nunca temí por mi vida.

Mis periodos de estancia en Argelia iban desde los15 días a los dos meses, durante los que visité Argel y Orán, varias veces; recorrí el Erg Occidental desde Béchar hasta Timinoun, en mi propio 4x4; y parte del Erg Oriental:, El Golea, Ghardaia y el Valle del M’Zab, pero no había tenido ocasión de hacer el Tassili y el Assekrem, en el sur, aproximadamente a 1.000 kilómetros de Timimoun.

Varias veces, con mi compañero, en los últimos años, habíamos previsto viajar hacia allá y que conociera a “mi familia” de la que tanto le había hablado, pero la situación terrorista no lo aconsejaba.

Por fin, este año, hemos podido ir y aquí escribo el relato de nuestro viaje.

Día 4.- Un avión de la compañía SPANAIR nos lleva, en una hora y cuarto, desde Barcelona hasta Argel (en árabe, الجزائر Al-Ŷazā'ir).

Faltan siete horas para coger el avión que nos trasladará al sur, a Tamanrasset. Pactamos con un taxista una visita por la ciudad, principalmente por la Kasbah -la ciudad vieja-, con sus laberínticas calles, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1992.

Argel tiene orígenes cartagineses. Luego estuvo bajo el dominio de beréberes, romanos, bizantinos, árabes..., pero no adquiere verdadera importancia hasta el siglo XV con la llegada de numerosos moriscos granadinos, expulsados por los Reyes Católicos.

Los españoles ocuparon y fortificaron en 1510 el peñón situado frente al puerto, pero fueron desalojados por Barbarroja en 1530, el cual, con la protección del Imperio Otomano convirtió la ciudad en una base para la piratería, que acosaba tanto a barcos mercaderes como militares españoles y británicos.

En 1575, estando Argel en manos otomanas, una flotilla turca hizo presos a Miguel de Cervantes y a su hermano frente la costa norte de Catalunya y los llevaron a la prisión de Argel, donde permanecieron durante cinco años.

El 14 de junio de 1830, Argel fue conquistada por los franceses, que la rebautizaron como Alger. Ocuparon el país durante más de 132 años hasta su independencia en 1962.

Durante la lucha por la independencia contra Francia (1954-1962), Argel fue escenario de importante enfrentamientos y combates entre las distintas facciones en las que destacaban los partidarios de la independencia FLN, GPRA, y los partidarios de la permanencia de Francia, los llamados Piednoirs.

Pasamos frente al Riad el Feth (Monumento a los Mártires), que es uno de los símbolos de la ciudad y visible desde casi todos los sitios.


Circulamos por el Boulevard Che Guevara (ex Boulevard de la République), elegante paseo bordeado de arcadas; vemos el edificio de Correos de estilo neoárabe con bellos mosaicos en su fachada, hasta que llegamos a la Kasbah (deriva del árabe Al Qasbah, que significa “ciudadela”).

Adosada al Macizo de Buzarea, está construida sobre una pendiente abrupta de 120 metros de desnivel, orientada hacia la bahía portuaria y el Mediterráneo y diseñada como fortaleza durante el período otomano (siglo XVI).

Justo al lado del mercado, el taxista aparca el coche donde buenamente puede y quedamos en encontrarnos dos horas más tarde.

Empezamos a subir por tortuosas callejuelas estrechas, empinadas, y muy sucias.


Vuelvo a recordar las imágenes de la película “La batalla de Argel”, donde se escenifican los combates entre los soldados franceses y los nacionalistas argelinos. Los militantes argelinos armaron su base logística contra los activistas de la extrema derecha francesa, que vivían en las zonas residenciales, en los barrios nobles de edificios amplios, construidos al este de la ciudad. La kasbah fue el símbolo de la Resistencia argelina.


Pero la victoria de la Revolución, no la hizo prosperar, al contrario, y de ella nos quedan sus casas vetustas e insalubres, rebosantes de vecinos, que se desmoronan sin que nadie se esfuerce en evitarlo: están apuntaladas con gruesos maderos. A veces es difícil avanzar por las callejuelas -reino de los niños y de los hombres- porque lo invaden todo; no hay espacios abiertos, los únicos solares están llenos de escombros y basuras; la ropa tendida sobre la calle. Pasear por aquí es un ejercicio de decepción.


¿Qué hacer con la kasbah? Desde la independencia se han elaborado muchos planes de rehabilitación, de reforma... Fue aquí donde se forjó y constantemente se ha reforzado la "identidad" argelina, siendo una de las bases de su nacionalismo. Pero parece que ninguno de los Presidentes que han ocupado su sillón en el gobierno de esta República, hace nada para mejorar la calidad de vida de sus vecinos.


Volvemos al taxi y nos dirigimos a la Basílica de Notre Dame d’Afrique situada en lo alto de una loma desde la que se observa una vista deslumbrante de la bahía de Argel. Está cerrada por restauración.




Recuerdo, de alguna visita anterior, sus bonitas vidrieras y, sobre el altar el texto escrito que ha rebasado las fronteras de Argelia: Notre Dame d’Afrique, priez pour nous et pour les musulmans (Virgen de África, ruega por nosotros y por los musulmanes), que mandaron escribir los religiosos-misioneros que aquí se acercaban antes de ir a las misiones de África.

El intenso tráfico que hemos encontrado por la ciudad, antes de llegar a la kasbah y a la Basílica, nos impide extender más la visita y regresamos al aeropuerto.

El avión de Air Algérie ha salido con una hora de retraso, y llegamos a Tamanrasset pasada la una de la madrugada. En el aeropuerto nos recoge Alí, el que será nuestro conductor y guía durante los próximos siete días; y nos lleva al Auberge Caravanserail, que parece un tranquilo oasis.


Desde Barcelona contactamos con la agencia de viajes M’Zab Tours, con la que convenimos un circuito por el Assekrem y el Tassili du Hoggar.

Día 5.- A las nueve de la mañana salimos con dirección a la zona volcánica del Assekrem, en el Parc National du Hoggar.

El Hoggar es un macizo montañoso que se extiende al norte de Tamanrasset y que forma un auténtico laberinto de piedra trabajada por la erosión y los contrastes de temperatura.

A los pocos kilómetros el Toyota 4x4 deja el asfalto para empezar a circular por una pista de tierra. A ambos lados, grandes extensiones de arena y, a lo lejos, se divisan enormes montañas de roca de formas sorprendentes.

El cielo, de un azul intenso, está jaspeado por blancas nubes deshilachadas, que imprimen al paisaje una extraña belleza.


Después de una hora de trayecto, el paisaje se torna más árido cambiando la arena por gruesas piedras que tapizan una gran extensión de territorio. Observo que la parte de la piedra que queda a merced de los ardientes rayos de sol tiene el color más oscuro –como si estuviera quemada-, que la que está sobre a la arena.


Nos desviamos de la ruta principal y, de repente, delante de nuestros ojos, en medio de esta aridez, aparece un riachuelo bordeado de vegetación; es un dgelta, un pequeño manantial que aparece de la nada; y aprovechamos la parada para comer.


Retomamos el camino, ascendiendo al Col de l'Assekrem hasta llegar al refugio situado a 2600 msnm. En la cima de esta montaña de 2780 metros, se encuentra la Ermita del Padre Foucault, construida en 1910. Este monje francés fue un personaje casi legendario que tuvo una estrecha relación con la cultura tuareg.


Nos asignan una habitación en el refugio y salimos a pasear por los alrededores. Son las tres de la tarde y ya empieza a hacer frío.

Llega una caravana de camellos con turistas. Hace ocho días que salieron de Tamanrasset y más de uno no ha debido protegerse bien durante las horas de sol y tiene la cara completamente quemada.

Entramos en la sala principal del refugio. Está decorada en un acogedor ambiente tuareg y nos sirven un buenísimo té.


A las 17:30 h. empezamos la ascensión a la cima de la montaña para ver, desde lo alto, la puesta del sol. El empinado sendero, sembrado de piedras, se nos hace difícil por el viento que empieza a soplar con más fuerza conforme vamos subiendo.


En la ermita, están oficiando una Misa para un grupo de turistas, así que no la podemos visitar.

El sol empieza a tomar un color anaranjado imprimiendo a los extraordinarios picos circundantes su tonalidad. Mientras, las sombras se van alargando rápidamente.

Parece que estemos en otro mundo frente al espectáculo visual que contemplamos bajo un silencio absoluto, sólo roto por las rachas de viento.






A las siete, en el horizonte, sólo queda una estrecha franja de luz por donde se ha puesto el astro rey, y empezamos el descenso hacia el refugio.


Día 6.- Después de desayunar nos dirigimos, de nuevo, hacia Tamanrasset, donde equiparemos el coche para pasar los próximos seis días, de ruta por el Tassili.


Siguiente: ARGELIA (II): Ruta por el Tassili du Hoggar, Tamanrasset


viernes 17 de julio de 2009

SICILIA (II): Taormina, Aci Trezza, Siracusa, Piazza Armerina

Anterior: Erice, Cefalú, Palermo, Taormina

Día 24.-
Ha llovido bastante durante toda la noche; ahora cae una tímida lluvia, pero no va a ser obstáculo para que continuemos visitando esta ciudad.

Temprano nos dirigimos hacia el Teatro Greco, que se encuentra al final de la Via Teatro Greco.

Esta edificación se encuentra instalada en una zona privilegiada, ya que desde ella se puede contemplar de manera espectacular la localidad de Giardini-Naxos y el volcán Etna, montaña que no podemos disfrutar por estar completamente tapado por nubes.

Fue construido por los griegos en el siglo III a.C., aunque reestructurado y ampliado durante la época romana (s. II d.C.) para utilizarlo en la práctica de la lucha de gladiadores.

Del periodo griego se conservan, en el escenario, los bloques de piedra de Taormina, muy parecidos al mármol, con los que solían trabajar los griegos y alguna de las columnas de estilo corintio, que se alzaban tras el escenario. Todo el resto es de la época romana.

Originalmente tenía una capacidad para unos 5.000 espectadores, y medía 109 metros de diámetro.

El teatro está compuesto por tres partes esenciales: el escenario, la orquesta y la cávea.

El escenario era la parte más importante del teatro. Su forma es la originaria, cerrada en los laterales por dos salas para que el público no lograra pasar. Estaba cubierto por dos terrazas y estaba adornado con columnas de mármol blanco y granito gris de estilo corintio.

La orquesta dividía la escena de la cávea.

La cávea está excavada en la roca, aprovechando la concavidad del Monte Tauro, que dio nombre a Taormina. Las primeras filas estaban reservadas para las autoridades, en las demás gradas se podía sentar el resto del público, comprendidas las mujeres. En la zona del pasillo superior, antes cubierto, se conservan todavía los nichos que contenían estatuas representativas. La plebe asistía apartada, desde las terrazas, que no tenían alguna comunicación con el interior del teatro.

Las piedras me hablan bajito, en el oído, y me han contado que aquí se representaron las famosas tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípedes. Me hubiera gustado vivir un tiempo en esa época!

El teatro antiguo no ha cesado de funcionar. Gracias a su acústica perfecta y a su buen estado, ha sido, durante muchos años, el escenario ideal para la entrega de premios cinematográficos. Hoy en día, se representan, sobre todo durante el periodo estival y en el marco de “Taormina Arte”, obras teatrales, películas, conciertos, ballet y manifestaciones internacionales de gran relieve.

Ya no llueve, pero el cielo sigue gris. Hemos de seguir con la ruta y, bajando del Teatro están los Jardines Villa Comunale repletos de la más diversa vegetación, que pertenecieron a una aristócrata escocesa, en el siglo XIX.

Subimos por la Via Roma hasta la Piazza IX Aprile, desde donde se observa toda la Baia di Villagonia y el Golfo di Naxos. Sobre la Porta di Mezzo, la Torre dell’Orlogio, empieza a recibir a los turistas que llegan hasta aquí.

Nos vamos adentrando al barrio más antiguo de Taormina, en el que las influencias árabes se hacen más patentes, con estrechas callejuelas, y una de ellas nos lleva hasta el Palazzo Ciampoli, un edificio de estilo gótico-catalán de 1412, con ventanas geminadas y que actualmente es un hotel.

Ya de regreso para recoger el coche, vamos por Corso Humberto I hasta desembocar en la Piazza Vittorio Emanuele II, construida sobre un antiguo foro romano y que ahora alberga el Palazzo Corvaja, sede del primer Parlamento de Sicilia, durante el siglo XIV. Es un bellísimo edificio con una torre árabe del siglo X y con las ventanas en gótico catalán. Actualmente es la Oficina de Turismo de la ciudad.

Ya con el coche y desde la carretera, vemos la Isola Bella, una isla pequeña, que cuando baja la marea “aparece” un camino y se convierte en una península. Actualmente es una reserva natural.

Nuestra ruta continúa hacia el sur para llegar hasta Aci Trezza, en la provincia de Catania, población que pertenece técnicamente a Aci Castello.

Situada en la costa del Mar Jónico el paisaje marino de Aci Trezza, está dominado por las Rocas de los Cíclopes: ocho grandes rocas de basalto que, según la leyenda, fueron lanzadas por Polifemo, desde el Etna, contra Ulises, después que éste le cegara su único ojo con una tea ardiente.

Paseamos largamente por este pueblito marinero, desde donde se divisa, a lo lejos, una roca con los restos de un castillo de origen normando, que da el nombre a la ciudad de Aci Castello.

Sobre las cinco de la tarde llegamos a Siracusa y seguimos un paseo que bordea el mar, hasta llegar a la Isola di Ortigia, sede fundacional de la ciudad por los corintios en el siglo VIII AC, conectada con tierra firme por el Corso Humberto I, y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2005.

Aparcamos el coche y encontramos alojamiento en Bed & Breakfast Apollo, situado en la Piazza Pancalli 5, casi enfrente del Templo di Apollo. Somos los únicos huéspedes, así que no vamos a tener, mañana, el desayuno. No solamente esto, sino que nos dan las llaves de la portería y del piso, pues la señora que nos atiende, se va a ir a dormir a su casa (sic).

Siracusa fue rival de Atenas en poder y prestigio y Cicerón dijo de ella que era la ciudad más bella del mundo antiguo. Aquí nació Arquímedes y, entre otros, vivieron Platón y Tito Livio.

Tomamos un primer contacto con la isla de Ortigia, donde podemos constatar los numerosos elementos arquitectónicos de diferentes épocas (griega, normanda, catalano-aragonesa y barroca), que impregnan sus calles y plazas.

Llegamos a la Piazza Archimide, en el mismo centro de la isla, rodeada por diversos edificios señoriales de estilo gótico-catalán, como el Palazzo Lanza o el Palazzo Platamone. En el centro tiene una de los monumentos más bellos que he visto hasta ahora: la Fontana di Artemisa, con la esbelta diosa erigida en medio llevando su arco y las flechas.

Nuestros pasos nos llevan hasta la grandiosa Piazza del Duomo, donde está el Palazzo Municipale, construido en el siglo XVII por un arquitecto español, el Palazzo Arcivescovile, la Chiesa di Santa Lucia alla Badia, de fachada barroca y el Duomo, el mejor ejemplo de mezcla de estilos arquitectónicos de la ciudad.

Me coloco frente a las escalinatas de la Catedral o Duomo y contemplo sus formas, un verdadero lujo para los sentidos y todo un viaje de placer a través de las piedras milenarias que tanto me hacen soñar.

La fachada, fue construida esencialmente con mármol y granito, así como piedra caliza para las molduras y grabados. Tiene elementos del barroco español, como la escalinata, ya que durante esta época Sicilia aún pertenecía a la Corona de Aragón.

El templo actual se yergue sobre el primigenio Templo di Athenea que construyeron los griegos, en el siglo V a.C., en la parte más alta de la isla, cuyas columnas jónicas fueron incorporadas a la estructura actual de la fachada, a la que se le han añadido elementos barrocos. En el lateral exterior se ven, actualmente, los tres escalones que había en la base del edificio griego.

En el interior del templo y para todo aquel que se resiste asumir ciertos dogmas cristianos, se pueden admirar las columnas griegas que se usaron en la construcción primitiva. A pesar de la numerosa simbología que han dejado en los últimos siglos, no tiene un estilo definido de templo cristiano.

Aquí no se pudo destruir, como se hizo en tantos otros sitios; la grandiosidad del espacio y sus columnas jónicas brillan para lo que en su día fueron sus cimientos: las de un templo pagano.

A pesar de no haberlo destruido lo que sí hicieron fue crear arcos en el interior y con la piedra sobrante cubrieron los espacios entre las columnas exteriores del templo. Debido a la dominación musulmana se construyó una mezquita y posteriormente los normandos la volvieron a convertir en iglesia cristiana. Lo que es extraño es la sensación de saber que bajo esas enormes columnas que deben ser abrazadas como mínimo por dos personas para llegar a tocarse, se ha dado culto a la diosa Atenea, y que aún podemos disfrutar de ellas.

Desde aquí y por estrechas callejuelas llegamos a la Fontana Aretusa, ninfa de la diosa Atenea, situada junto al mar y sin demasiado encanto.


Sin embargo la historia mitológica de Aretusa y Alfeo es muy hermosa: el dios griego Alfeo se enamoró locamente de la ninfa Aretusa, que había prometido permanecer virgen el resto de su vida y se negó a las pretensiones de Alfeo. Como éste no se daba por vencido, la ninfa se fue hasta Ortigia y se convirtió en manantial. Alfeo, entonces, se transformó en río y, a través del subsuelo viajó desde Grecia hasta Ortigia para unirse con su amada.

Y ya de regreso al alojamiento, paramos frente las ruinas del Templo di Apollo construido en el siglo VI a.C. Quedan restos de columnas jónicas y se ve la forma rectangular de la planta. En un trozo de pared que aún queda en pie puede verse un arco, pues fue convertido en iglesia y posteriormente en mezquita.

Día 25.- Antes de visitar el teatro griego, volvemos a ver la Fontana di Artemisa y la Piazza del Duomo. Creo que regresamos hasta aquí para certificar que lo que vimos ayer no forma parte de uno de los sueños de esta noche.


Con el coche nos dirigimos hasta el Parco Archeologico della Neapolis, donde visitaremos algunos restos arqueológicos de nuestro interés.

El Teatro Greco, construido en el siglo III a.C., está completamente excavado en la roca caliza. Tiene un diámetro de 140 metros y con una capacidad para 16.000 espectadores; su cávea es una de las más grandes construidas por los antiguos griegos: tiene 67 filas, divididas en 9 secciones con 8 pasillos.

En una planta semicircular estaba la orquesta que era donde se ponían los coros, mientras que seguidamente y ya en la escena, y un poco más elevados se ponían los actores que escenificaban la obra. Solamente quedan rastros de la escena y de la orchestra.

Bajo la escena había plataformas móviles de madera que servían a los actores para crear efectos, como plataformas elevadoras que les hacían aparecer y desaparecer emulando a los dioses.

Con posterioridad y en época romana se amplió la cávea y el teatro sirvió para espectáculos navales debido a la localización de una cisterna muy cerca.

Justo al lado del teatro está la Latomía del Paradiso, una antigua cantera de piedra. Las cuevas fueron usadas como prisiones, en la antigüedad, y acogieron a miles de esclavos, incluso atenienses, que vivían en condiciones infrahumanas en total oscuridad ya que, aunque en la actualidad están al descubierto, durante el siglo V a.C. eran auténticas ratoneras que no dejaban pasar la luz del día.

La más famosa es la llamada Orecchio di Dionisio, debido a su forma exterior. Tiene 23 metros de alto y se extiende 65 metros dentro de la montaña.

Se dice que el tirano Dionisos se ponía en la entrada para poder escuchar todo cuanto se decía de él, pero parece que es una invención. Lo que sí es cierto es que la acústica de la cueva es espectacular.

Nos llegamos hasta la necrópolis romana, donde aún quedan dos tumbas en pie, y en una de ellas se dice que contiene los restos de Arquímedes, que murió durante el sitio de Siracusa (214–212 a.C.), cuando fue asesinado por un soldado romano, a pesar de las órdenes de que no debía ser dañado.

El tiempo pasa muy deprisa y hemos de seguir con nuestra ruta, así que subimos al coche y nos dirigimos a Piazza Armerina, a 110 Km. de distancia, en el interior de la isla.

El paisaje que nos acompaña, durante el trayecto, es de grandes campos verdes de cultivo, viñedos y pequeños bosques, todo ello acompañado por una leve lluvia, que viene con nosotros desde la salida de Siracusa y que se acentúa al llegar a la ciudad y hace imposible que visitemos la Villa del Casale, una casa señorial romana, con termas para uso privado de los propietarios.

Encontramos alojamiento en el mismo centro de la ciudad en B & B del Centro, que aunque tenga tres estrellas es muy sencillo.

Bajo el paraguas llegamos a la Piazza Garibaldi, punto central de la ciudad y al lado del alojamiento, donde vemos, por fuera, el Palazzo di Città y la Chiesa di San Rocco, con una impresionante puerta esculpida.

En la parte más alta de la ciudad, sobre un pequeño cerro, está la Catedral, fundada en el s. XVII, y con añadidos posteriores. El templo es de estilo barroco, pero el campanario (aprovechado de otra iglesia anterior) es de estilo gótico catalán, inconfundible por la forma de las ventanas.

Estamos empapados y con frío, así que vamos hacia el alojamiento.

Día 26.- Temprano y con lluvia subimos al coche para dirigirnos, siempre por el interior de la isla, hacia el aeropuerto de Trapani, donde cogeremos el avión, dirección a Barcelona, que sale a las 13:45 h. Tenemos por delante algo más de tres horas de trayecto.



Nota:

No hay fotos de Piazza Armerina: entre la lluvia y que ya ha anochecido, no nos ha apetecido hacerlas.

Lógicamente, los días que hemos tenido en este viaje son claramente insuficientes para visitar la totalidad de la isla, ya que son muchas las cosas a ver y hacer. En cualquier caso permite hacerse una idea de lo que puede ofrecer Sicilia.

Se pueden añadir muchos otros lugares como las islas Eolias (Vulcano, Lipari, Strómboli -en activo-, etc.), Messina, Agrigento…, que quedarán para un próximo viaje.




domingo 12 de julio de 2009

SICILIA (I): Erice, Palermo, Cefalú, Taormina

Relato del viaje realizado durante los días 21 al 26 de febrero del 2009

Día 21.- A las 11:30 h., puntualmente, ha salido el avión de Ryanair dirección al aeropuerto de Trapani, en la parte occidental Sicilia. Dos horas después de salir de España estamos frente a una oficina de alquiler de coches, en el mismo aeropuerto siciliano. Hacemos los trámites pertinentes y enfilamos dirección Erice, situada a tan sólo 12 Km.

La carretera hasta aquí es zigzagueante e interminable, pero compensa las espectaculares vistas del mar, que parece estar al alcance de la mano.

No se puede acceder al casco urbano en automóvil. Hay un gran aparcamiento para dejar el coche en Porta Trapani, de origen normando, y entrada natural a la ciudad.

La ciudad se alza sobre el Monte San Giuliano, a 751 m. de altura. Fue sede del culto a Venus, la diosa de la fertilidad, cuyo templo ocupaba el lugar sobre el que hoy se alza el Castello di Venere, detrás de los jardines de Villa Balio, con un escudo del emperador Carlos V presidiendo su puerta.

El marcado perfil de Erice, recortado sobre el Mediterráneo, era la primera referencia que tenían los navegantes cuando se acercaban a la costa oeste de Sicilia, que revive aquí su pasado medieval. Sus calles empedradas llevan la historia marcada en las piedras de sus empinadas cuestas.

Cuenta la historia que fue fundada por los exiliados troyanos, que aquí desembarcaron después de la huída de Troya mezclándose con la población local, los Sicanos. Posteriormente, fue administrada, durante varios siglos por los cartagineses. Del período romano se sabe muy poco, así como del bizantino.

Erice volvió a florecer en la historia con la llegada de los árabes que conquistaron la fortaleza en el año 831, y promovieron el desarrollo económico del burgo. Los normandos bajo el mando de Ruggero d’Altavilla la asediaron y conquistaron en el siglo XII dándole el nombre de Monte San Giuliano y es cuando adquiere el dibujo urbano de callejuelas sobre el que posteriormente se fueron edificando palacios, murallas e iglesias.

Hoy Erice es un punto de veraneo de algunos sicilianos y extranjeros, con segundas residencias, pero sobre todo es un tesoro arquitectónico perfectamente conservado.

Por la calle Vittorio Emanuelle II ascendemos hasta la Piazza Umberto, que aglutina la vida social de Erice.

A la izquierda, antes de la plaza, una callejuela nos abre a la explanada de la Chiesa Madre, construida en 1314 bajo el reinado de Federico III de Aragón. Su particular campanario, separado de la iglesia, es en realidad una torre de vigilancia de la Corona de Aragón de 1315.

Paseamos por sus empinadas calles hasta llegar al Castello di Venere, en estado ruinoso, pero que sugiere tiempos de gloria cuando, allá por el siglo XII, se construyó sobre el templo de Venus (Venere).

Llegamos a Palermo, que ya ha anochecido, y nos dirigimos al Hotel del Centro, en Via Roma, en el cual tenemos reservada una habitación desde Barcelona, con desayuno incluído.


Día 22.- Temprano y con el plano de la ciudad en la mano, salimos a recorrer la capital de Sicilia, unas de las ciudades más pobladas y ricas, culturalmente, del Mediterráneo Antiguo. Palermo ha conservado el testimonio de la cultura de todos sus conquistadores: fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos, árabes, normandos, catalano-aragoneses, españoles y austríacos; todos dejaron su huella en la ciudad.

Los itinerarios o rutas se pueden plantear por épocas y estilos. Como casi siempre, lo más sugerente será callejear y descubrir Palermo a través de las sorpresas que depara cada esquina que se abre a importantes tesoros.

Lo cierto, es que los vestigios de los diferentes conquistadores de la ciudad son tan variados que permiten coexistir la Mezquita arabo-normanda de San Giovanni degli Eremiti, con la genial Catedral, o la Piazza dei Quattro Canti donde convergen las dos vías principales de la ciudad: Corso Vittorio Emmanuele y Via Maqueda, situada justo en la parte posterior del hotel donde nos alojamos.

Observamos que las calles principales no son tan amplias como en algunas otras ciudades que hemos estado, aunque el tráfico de vehículos y personas es continuo.

Lo primero que visitamos es la Piazza dei Quattro Canti, situada en el mismo centro histórico. Fue proyectada a principios del siglo XVII por Giulio Lasso, quién estructuró las cuatro fachadas cóncavas de los palacios barrocos que dan a la plaza, en tres estilos: dórico, jónico y corintio en las tres plantas de los edificios.

En la parte inferior posee cuatro fuentes que representan las cuatro estaciones; el primer piso contiene las estatuas de los reyes españoles Carlos V, Felipe II, Felipe III y Felipe IV. Y sobre ellos, en el último piso, están las estatuas de las cuatro santas de Palermo: Oliva, Ágata, Ninfa y Cristina.

Una calle estrecha nos lleva hasta la Piazza Pretoria, custodiada por el Palazzo Senatorio, actual Ayuntamiento y por la Chiesa di Santa Caterina. En el centro se encuentra la Fontana Pretoria, a la que rodean numerosas esculturas.

A escasos 100 m. encontramos la Piazza Bellini, donde está La Martorana, seguramente la iglesia medieval más conocida de la ciudad. Levantada en 1143 y donada ese mismo año a la orden de monjas benedictinas, cuyo convento fundado por Eloísa Martorana, era contiguo a la iglesia.

A través del elegante campanario-pórtico de cuatro plantas con ventanas bellísimamente decoradas y delicadas columnas ornamentadas del siglo XII, accedemos al interior, dividido claramente en dos partes, la principal, con los techos decorados de mosaicos bizantinos (anteriores a los de la Capilla Palatina y más ricos), y otra con dos naves, añadidas en el XVII, con frescos muy bien conservados.

Actualmente la iglesia se utiliza como centro de culto del rito ortodoxo griego.

Retomamos el Corso Vittorio Emanuele hasta llegar a la Catedral, que por haber vivido muchas civilizaciones en la ciudad, este edificio ha sufrido continuas restauraciones, la última de ellas en el siglo XVIII.

Fue templo paleocristiano; iglesia bizantina; y mezquita, después de la conquista de los árabes en el siglo IX. Actualmente se pueden contemplar varios estilos: gótico, gótico-catalán y neoclásico y alguna columna de cuando fue mezquita. De la fachada principal, arrancan dos arcos ogivales que se rematan sobre el Palacio Arzobispal.

Seguimos por la misma calle y llegamos a la Porta Nuova, construida en el siglo XVI para celebrar la llegada del emperador Carlos V a Palermo en el año 1535, tras haber vencido a los tunecinos, y marca el límite entre la ciudad vieja y la nueva.

Y justo al lado está el Palazzo dei Normanni. Nuestro interés es ver la Capella Palatina, decorada con mosaicos bizantinos de la época árabo-normanda de la ciudad, pero para acceder a ella se ha de pagar la entrada a todo el recinto y el precio es de 8,5€, que hemos encontrado muy abusivo.

Detrás del Palazzo dei Normanni, encontramos la Via dei Benedettini, donde se encuentra la Chiesa di San Giovanni degli Eremiti, buen ejemplo de la mezcla de estilos árabe y normando.

Callejeamos hasta llegar a la Piazza G. Verdi, para contemplar el Teatro Maximo de líneas neoclásicas, presidido por una fachada en la que se muestran seis grandes columnas corintias. Es considerado unos de los más afamados teatros líricos de Italia. Los cinéfilos no olvidarán las últimas escenas de El Padrino III grabadas en la escalinata y el teatro.

Por la Via Ruggero Settimo llegamos a la Piazza Castelnuovo para admirar el Teatro Politeama, construido entre 1867 y 1874 siguiendo un curioso estilo pompeyano. El frontal representa un altorrelieve en bronce: la Cuadriga dell’Apollo.

Al otro extremo de la plaza se halla, en medio de palmeras, un hermoso Pabellón de Música de mármol.

Todas las callejuelas de Palermo nos recuerdan al Barrio Gótico de Barcelona o al Barrio de la Barceloneta: edificios con dos plantas, balcones con barandillas en hierro forjado, ropa en los tendederos a la vista de los transeúntes y niños correteando.

Día 23.- Antes de salir de la ciudad y con el coche, nos llegamos hasta las Catacombe dei Capuccini, situadas bajo el homónimo convento en Via Cappuccini, es una de las visitas turísticas más dispar y morbosa, que hayamos podido contemplar.

Desde el siglo XVII los frailes comenzaron a enterrar a los palermitanos que podían costearse el costoso proceso de momificación que descubrieron los monjes.

Básicamente los pasos que llevan a la conservación de los cadáveres pasan por mantener el cadáver en una cueva de ambiente muy seco para que el cuerpo “sude” la humedad durante ochos meses, para posteriormente exponerlo al sol tras un baño de vinagre en una terraza hasta que la piel se acartone, dotando a los gestos de la cara muecas grotescas y desencajadas.

Inicialmente todos los cuerpos tenían ojos de cristal que los soldados estadounidenses saquearon tras el desembarco, en Sicilia, durante la II Guerra Mundial.

La mayoría de las momias expuestas en las catacumbas -unas 8.000- datan del siglo XIX. Ataviadas con sus mejores galas, las momias están colocadas en hileras, de pié, tumbadas o colgadas, y ordenadas por sexo, edad y condición social.

Son especialmente macabras las momias de los niños, en especial la de una niña de dos años embalsamada en 1920 y cuyo cuerpo se conserva casi intacto.

Menos mal que hemos estado solos durante el recorrido, pues hubiera visto movimientos donde no podía haberlos.

Con estas imágenes en la retina nos dirigimos hacia Cefalú, a 70 Km. de Palermo y erigida a los pies de un promontorio.

Las murallas, aún visibles frente al mar, son del período helenístico-romano. Como en el resto de Sicilia, los árabes la gobernaron hasta el inicio del siglo XI, que los normandos la reconquistaron, dejando tantos signos, que la llaman la “ciudadela normanda”.

Dejamos el coche a las afueras de la ciudad y a los pies de La Rocca, donde subimos por una empinada cuesta, hasta los 270 msnm. En lo alto están los restos del Templo de Diana, desde donde contemplamos, a nuestros pies, la ciudad con el Mar Tirreno bañando su costa.

Un mito griego cuenta del amor y desventura de un bello pastor llamado Dafnis, hijo de Mercurio y una ninfa, que fue cegado por la diosa Hera, cuya hija él había traicionado y lo transformó en el colosal peñasco que domina Cefalú y que da nombre al lugar, pues los antiguos habitantes griegos, la veían como una gran cabeza.

El Corso Ruggero, la calle principal del casco viejo, marcaba los límites de la ciudad durante la Edad Media. Hoy se alinean iglesias barrocas y palacios nobles a ambos lados de la calle, donde también se pueden ver las tiendas más exquisitas de la ciudad.

Es aquí donde se ubica el Osterio Magno, que fue la residencia del rey normando Roger II. Éste, durante una peligrosa travesía llegando a Sicilia, hizo la promesa de construir una iglesia en el mismo lugar donde desembarcara si sus naves no zozobraban y por eso mandó construir la Catedral, a la que se accede por una escalinata, que fue consagrada en el año 1131, en cuyo interior albergaría el panteón de los reyes normandos de Sicilia, pero sus sucesores decidieron que fuera en la catedral de Palermo.

Se dice que tiene la fachada más hermosa de Sicilia. El pórtico, que tiene tres arcos, aparece flanqueado por dos torres de esbeltas proporciones. Sinceramente la encuentro muy bonita.

El interior, en cruz latina, tiene tres naves separadas por 16 columnas de granito y base de mármol. El techo es de madera con las vigas policromadas y de dos aguas, lo que denota una gran influencia árabe.

El ábside, la bóveda de crucería y las paredes inferiores a ellos están decorados con mosaicos, encargados expresamente por el rey Rogelio II. Son de temas bizantinos y el más importante es el Cristo Pantocrátor, en el ábside, con alguna modificación de los Pantocrátor auténticos. Éste tiene unas mechas rubias como los normandos, en la frente; las cejas y barba oscuras como los árabes y la nariz fina y recta al estilo griego.

En la Piazza del Duomo (Catedral) se encuentran el antiguo Monasterio di Santa Caterina, actual ayuntamiento y el Palacio Episcopal.

Por una calle empedrada, como toda la ciudad, bajamos hasta la playa, que tiene forma de concha. Lo que más me ha llamado la atención son las balconadas de las casas que dan a la misma playa y configuran una postal difícil de olvidar.

Por la Via Vittorio Emmanuele, llegamos al Lavatoio, un lavadero medieval, cuyas pilas cavadas en la roca fueron utilizadas por las mujeres de la ciudad hasta hace poco tiempo. El agua que aquí llega es el de la desembocadura del riachuelo Cefalino. Actualmente está restaurado para visitas turísticas.

Cefalú es una ciudad hermosa, con un corazón muy concentrado entre la playa y la imponente catedral normanda.

Subimos al coche y enfilamos dirección a Taormina, situada a poco más de 200 Km. de distancia.

Una carretera estrecha y con curvas asciende por la ladera del Monte Tauros hasta la estación de autobuses, funicular y aparcamiento de coches, desde donde, caminando en pendiente unos 20 minutos, se llega a la Porta Messina, que marca la entrada a la calle principal: Corso Humberto I, pues el centro de la ciudad es peatonal.

Está lleno de coches y autocares y continuamos con el coche Monte arriba y, ya a las afueras de la ciudad, en una “urbanización” encontramos un cartel que reza: Taormina’s Odyssey Youth Hostel . Aparcamos y nos dicen que tienen habitación (algo cara teniendo en cuenta que no hay desayuno incluido, que es un hostal y está alejado del centro).

Dejamos el equipaje y, aprovechando las pocas horas de luz que nos quedan, vamos a la ciudad situada en la cima del Monte Tauros a 200 msnm., en una espléndida terraza natural sobre el mar, enfrente del volcán Etna. Cuna de los descansos de algunos de los escritores más importantes del siglo XX como Truman Capote, Tenessee Williams, Thomas Mann y de artistas como Greta Garbo, Cary Grant, Dalí, Orson Welles o Rita Hayworth, es uno de los ejes turísticos más importantes de Sicilia.

La ciudad fue fundada por los griegos en el 736 a.C., con el nombre de Naxos.

La leyenda cuenta que los marinos griegos que pasaban por la costa oriental de Sicilia olvidaron realizar sacrificios en honor a Poseidón, y él, encolerizado, les hizo naufragar. El único superviviente volvió a Grecia para contar las maravillas de Sicilia, convenciendo a sus compatriotas para instalarse en la isla.

Por Corso Humberto I llegamos hasta la Piazza San Antonio, donde está la Porta Catania, con un escudo de la Corona de Aragón del año 1440, y el balcón sobre la Bahía de Naxos. Al fondo está el volcán Etna, pero el cielo está cubierto de nubes amenazantes de lluvia y lo cubren.




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