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Día 13.- El viaje hasta Cuzco ha sido bastante pesado; casi no hemos podido dormir.
Encontramos alojamiento en Casa Grande, a una cuadra de la Plaza de Armas y, enseguida, nos ofrecen un mate de coca -estamos a 3399 msnm-, para que no nos afecte el mal de altura.
Salimos a conocer esta ciudad, que fue capital del Imperio Inca y una de las ciudades más importantes del Virreinato del Perú, y declarada Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO, en 1983.
Cuenta la leyenda que Cuzco fue fundada por Manqo Qhapaq, junto a su hermana y consorte Mama Oqllo, hijos de Inti (el dios Sol), y que salieron del lago Titicaca con la misión de buscar un lugar que fuese el centro de un gran reino. Su nombre proviene de la palabra quechua “Qosqo”, que significa “ombligo”.
Los conquistadores españoles supieron -desde su llegada a lo que es hoy territorio peruano-, que su meta era tomar la ciudad del Cuzco, capital del Imperio. Luego de capturar al inca Atahualpa, en Cajamarca, iniciaron su marcha hacia el Cuzco. Conquistándola, en 1533, Francisco Pizarro.
Los supervivientes del Imperio Inca mantuvieron una lucha durante los primeros años de la colonia. En 1536 Manqo Inca inició sus enfrentamientos y creó la dinastía de los Incas de Vilcamba. Esta dinastía encontró su fin en 1572 cuando el último inca fue derrotado, capturado y decapitado.
El Perú declaró su independencia en 1821 y la ciudad del Cuzco mantuvo su importancia dentro de la organización político administrativa del país.
El primer lugar que visitamos es la preciosa Plaza de Armas, que en la antigüedad era un pantano y los incas lo desecaron para formar el centro administrativo, religioso y cultural de la ciudad, llamándose Haukaypata (Lugar de celebraciones). Los españoles lo rodearon de mansiones, arcadas y templos, construidos sobre los palacios incas. En la actualidad, aún se conservan muchos de estos edificios, que tienen unos bellos balcones de madera tallada. En el centro de la Plaza hay unos cuidados parterres con flores.
Aquí mismo, Francisco Pizarro proclamó la conquista de la ciudad. Igualmente, fue el escenario de la decapitación de Tupaq Amaru I, en 1572, considerado como el caudillo indígena de la resistencia.
La primera catedral del Cuzco fue la Iglesia del Triunfo, construida en 1539 sobre la base del antiguo templo de Suntur Wasi (Casa de Dios). En la actualidad, esta iglesia es una capilla auxiliar de la Catedral.
Ésta fue construida entre los años 1560 y 1664. Para ello, los españoles hicieron traer bloques de granito de color rojo desde la fortaleza conocida como Saqsaywuaman. La fachada es renacentista y el interior barroco y plateresco y con grandes tallas de madera de cedro. Posee una de las más destacadas muestras de orfebrería colonial en plata repujada.
Junto a la Catedral está la Capilla de la Sagrada Familia. Edificio que perteneció a la Inquisición, y delante de él tenían lugar las ejecuciones públicas de los condenados.
La Iglesia de la Compañía de Jesús, también se encuentra en la Plaza de Armas. El templo original se construyó sobre los terrenos del palacio del Inca Huayna Qhapaq. El edificio actual es el resultado de la reconstrucción hecha a la iglesia original, dañada por el terremoto de 1650, que destruyó la mayor parte de la ciudad.
Desde la Plaza, y al lado de la Iglesia del Triunfo, arranca la calle Suntur Wasi, muy empinada; seguimos por Hatun Rumiyoq y, finalmente, la Cuesta San Blas para llegar hasta el Barrio de San Blas, llamado Barrio de los Artesanos, hogar de afamados artistas populares que no se cansan de tejer, esculpir o moldear geniales creaciones, impulsados por ese halo inspirador que envuelve las calles muy estrechas y empinadas, en las que se levantan, también, blancas construcciones coloniales sobre muros de piedra inca.
Las casas ya no son simplemente casas, son talleres, son tiendas, son aulas en las que los grandes maestros comparten sus conocimientos con sus hijos o nietos, quienes aprenden -como jugando- los secretos de la artesanía cuzqueña. Así se prolonga la tradición. De generación en generación en el mismo barrio, en las mismas tiendas-talleres: sombrías, pequeñas, con pisos de madera rechinante o de cemento, pero siempre repletas de santos, virgencitas y niños Manuelitos; de campesinos, músicos y borrachitos de cerámica; de pulseras, aretes y collares de fina orfebrería.
San Blas es un barrio de especial atractivo y personalidad. Su edificación y sus calles hacen de él un espacio de atracción mundial.
Atmósfera indescriptible. “Arribita nomás”; a cuatro cuadras de la Plaza de Armas.
Recorremos diversas calles de la ciudad, donde muchas casas están encaladas y con pequeños balcones de madera tallada, pintados de diferentes colores.
Y llegamos a la calle Hatun Rumiyoq donde hay el muro del palacio de Sinchi Ruq'a , actualmente Palacio Episcopal.
En el centro del muro está "la piedra de los doce ángulos", tallada de tal manera que posee doce ángulos que le facilitan calzar con exactitud con las demás piedras colindantes, que forman el muro.

Una de las congregaciones religiosas más antiguas de la ciudad del Cuzco es la Orden de los Mercedarios. La fundación de la Iglesia y el Convento de La Merced data del año 1535. La iglesia tiene dos puertas de ingreso, siendo la principal la que da hacia la Plazoleta Espinar. Posee además un solo campanario de estilo barroco cuzqueño. Los arquitectos fueron españoles, pero fue totalmente trabajada por alarifes quechuas.
Pasamos frente la casa del Inca Garcilaso de la Vega, construida sobre un muro inca; singular ejemplo de la arquitectura virreinal. En la actualidad es sede del Museo Histórico Regional.
Nacido el 12 de abril de 1539 en Cuzco, Garcilaso fue hijo del capitán español Sebastián Garcilaso de la Vega y Vargas y de la princesa cuzqueña Isabel Chimpu Oqllo, hermana del Inca Huayna Qhapaq.
Habitó esta casa hasta 1560, año en que partió definitivamente a España, donde falleció el 22 de abril de 1616, a los 77 años de edad. Fue sepultado en la Capilla de las Ánimas de la Mezquita Catedral de Córdoba.
El 25 de noviembre de 1978 el Rey Juan Carlos I de España hizo entrega al Arzobispo y al Alcalde del Cuzco de una urna conteniendo parte de sus cenizas, que reposan actualmente en la Catedral del Cuzco.
Las casas más grandes y plazas se distribuyen por el centro de la ciudad, mientras los barrios más humildes trepan por las colinas, dando el aspecto de un enjambre de celdillas cuadradas, y coronadas por una gran imagen del Cristo Blanco de Saqsawayman, con los brazos extendidos como si quisiera abrazar a todos los cuzqueños.
Está oscureciendo. Son ya las 18:30 y regresamos a la Plaza de Armas, donde la iluminación nocturna realza su belleza.
Día 14.- Después de desayunar seguimos con la visita de la ciudad.
Es domingo y en la Plaza de Armas hay un desfile de alumnos de los colegios, acompañados por bandas de músicos.
Luego hacen acto de presencia un centenar de indígenas portando una pancarta en la que se lee: “Asociación de afectados por la violencia política – Cusco”.
Nos explican que piden la dimisión de la Sra. Alcaldesa por irregularidades en la gestión del Ayuntamiento hacia las comunidades indígenas.
El Cuzco fue una de las regiones del Virreinato con mayor población indígena. Se vio afectada por las enfermedades europeas que acompañaron a los conquistadores y por la disposición que obligaba a los indios a trabajar en condiciones inhumanas en la mina de Potosí.
Las "Parroquias de Indios" fueron creadas por la Corona con el fin de reorganizar a los grupos nativos bajo un nuevo esquema que les permitiera evangelizarlos, "civilizarlos", y cobrar el tributo de una manera más eficiente. De ahí la gran cantidad de estas impresionantes "parroquias de indios" que hay en el Cuzco, y que han sobrevivido hasta nuestros días como testimonio de su riqueza y el sorprendente talento de sus artífices.
Desde la calle Mantas y siguiendo por Márquez llegamos al Arco de Santa Clara, construido en 1558, lugar que marcaba el fin de la ciudad y el comienzo de los barrios de los indígenas.
Pasamos frente al Convento de Santa Clara, rama femenina de la orden franciscana, fundado en 1551 y desembocamos en la Plaza San Pedro, donde están haciendo una muestra de artesanías, dulces confeccionados con harina de coca y libros de diversa temática.
El Mercado Central, diseñado por Gustave Eiffel, está abierto y entramos. Aquí se vende de todo desde comidas a artesanías, pasando por ropa y zapatos.
En el centro hay una especie de patio de comidas, donde hacen comidas típicas. Me tomo un café con leche bien caliente, pues el día está nublado y frío.
Descendemos por la calle Santa Clara y recorremos diversas calles donde admiramos las diferentes construcciones coloniales.
Por la tarde, en la Plaza de Armas, hay una exhibición de danzas populares.
Día 15.- Un bus nos lleva hasta Chinchero, población situada a 30 Km. al noroeste de Cuzco y a 3762 msnm.
La principal actividad económica es la agricultura, motivo por el cual se le llama “el granero del Cuzco”.
Se fundó en medio de hermosas campiñas con la finalidad de que fuera el lugar de descanso del inca Tupaq Yupanqui, en 1480.
Destaca su rico patrimonio cultural y monumental y es uno de los pocos lugares, en la región, que conserva el trazado urbano incaico ubicado sobre plataformas o andenes; para acceder de una plataforma a otra se utilizan escaleras o rampas.
La plaza del pueblo tiene dos niveles: el más alto corresponde al atrio de la iglesia y el inferior a la plaza propiamente dicha. El desnivel presenta un muro de contención decorado por doce grandes hornacinas. Es donde se celebra la tradicional feria dominical. En las esquinas quedan algunos arcos coloniales; vemos, también, edificios de adobe sobre grandes piedras de origen inca.
La feria, que no vemos por ser lunes, es de las más importantes de la región donde todavía se utiliza el trueque.
Nos dirigimos hacia las afueras del pueblo donde se conserva una gran extensión de andenes, alguno de los cuales está en proceso de restauración.
El sistema de evacuación de aguas de lluvia y residuales alcanzó un alto nivel. La perfección en el trazado, así como la solidez y estudiada pendiente de sus canales, da cuenta de los elevados conocimientos de los arquitectos y urbanistas a los que Tupaq Yupanqui encomendó la tarea de construir su residencia de reposo.
Varias mujeres están hilando y tejiendo lana: son las nietas de las princesas incas, que ya lo hacían para los hijos del Sol.
Muchos de los habitantes de Chinchero visten a la usanza de sus antepasados. No sólo durante la feria dominical, para llamar la atención de los turistas, sino de manera cotidiana, preservando celosamente su tradición.
La mujer conserva orgullosa su tradicional vestimenta. Se viste con llicllas (especie de mantas oscuras decoradas con filigranas rojas y verdes, y un prendedor a la altura del pecho), chalecos y faldas de bayeta de color negro, sujetadas al cuerpo con fajas o chumpis. En sus cabezas, decoradas por finas trenzas, usan coloridas monteras o sombreros de paño negro.
A primera hora de la tarde un autobús nos lleva hasta Urubamba ubicada en el corazón del valle del río Urubamba, rodeada de campiñas y bellos paisajes montañosos destacando el nevado Chicón.
Encontramos alojamiento en un pequeño hotel y recorremos la ciudad, visitando su mercado y la Plaza Mayor, donde nos refugiamos bajo unos soportales, pues ha empezado a llover.
Hace mucho calor y con la lluvia sube la humedad; por los altavoces de la plaza cantan villancicos y tengo una rara sensación ya que los villancicos, en España, se cantan en invierno.
Cuando para de llover buscamos un lugar para cenar. Encontramos una pequeña cafetería, limpia y muy bien cuidada, donde nos preparan unos bocadillos y probamos una riquísima mazamorra morada.
Día 16.- En la carretera, frente a una gasolinera, hay una parada de taxis. Buscamos uno que nos lleve a hacer la siguiente ruta: Moray y Maras y vuelta a Urubamba.
Hemos venido hasta Moray, porque hay un complejo arqueológico único en su género. Se trata de hoyos gigantescos, formados por andenes agrícolas con sus respectivos canales de irrigación, donde se conseguía un microclima específico y así podían cultivar diferentes vegetales.
Llama la atención que la temperatura media anual, entre la parte superior y la del fondo, llega a ser de 15º de diferencia.
El hoyo mayor tiene una profundidad de 45 metros y el promedio de altura de los andenes es de 1,80 metros, entre ellos. El fondo está sobre una formación rocosa natural muy porosa, lo que facilita la filtración del agua y, en época de lluvias, no queda encharcada.
Estas estructuras son típicamente incas aunque ciertos historiadores sugieren que algunas pueden ser anteriores.
Rodeando Maras está la cadena de montañas nevadas del Valle Sagrado de los Incas.
Lo que nos ha traído aquí son las salineras, a 4 Km. de la población, explotadas desde el periodo incaico, como medio de intercambio económico.
Bajando por un camino pedregoso en forma de escalera nos encontramos con las salineras: más de cuatro mil pozas de agua que, cuando se evapora, queda transformada en sal. Esta agua proviene de un riachuelo del interior de la montaña y se va distribuyendo a las pozas, esculpidas en forma de terrazas.
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