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Día 18.- Acabamos de llegar a Matagalpa. Estamos alojados en el Hotel Alvarado (Telf. +505 772-2830), céntrico, pequeño, muy limpio, y regentado por un matrimonio -médicos retirados los dos-, que también tienen una farmacia justo al lado.
El trayecto hasta aquí ha sido largo y tedioso, pero recompensado por las magníficas vistas de esta región montañosa, con espesos bosques y plantaciones cafetaleras.
De buena mañana hemos subido a un autobús, en León, que nos ha llevado hasta San Isidro. Y de ahí otro que nos ha traído a Matagalpa, pasando por Sébaco, población famosa por sus cebollas dulces, que venden por todo el país.
Este último recorrido ha sido el más pesado pues, además de la infinidad de paradas para subir y bajar pasajeros y vendedoras de diferentes productos, ha subido un predicador que ha estado hablando mucho rato, con voz muy desagradable y chillona, y diciendo un montón de contradicciones, que hacían que me revolviera en mi asiento.
Matagalpa, es una de las ciudades más grandes de Nicaragua con algo más de 100 mil habitantes. Está rodeada por verdes y altas montañas. Uno de los picos más importantes de la Cordillera Apente es el Cerro Buena Vista, que alcanza los 1442 m.
La Catedral de San Pedro, es la tercera más grande de Nicaragua. De estilo neoclásico, fue construida en 1874 por los jesuitas.
Día 19.- Un bus, desde Matagalpa, nos lleva a Jinotega, distante unos 30 Km., pero debido al mal estado de la carretera con grandes socavones, hemos tardado un poco más de una hora.
La población está situada en un valle rodeado de espectaculares montañas. Es la región de mayor altitud de Nicaragua, con clima subtropical húmedo -de mucha nubosidad- y bellísimos paisajes.
Ya había sido habitada durante la época precolombina por diferentes grupos indígenas. Los españoles llegaron a principios del siglo XVII y pronto tomaron el control de la región.
Paseamos -bajo un sol de justicia- buscando dónde comprar café, ya que es el más bueno y famoso de la región, por eso se la llama “Capital del Café”. Lo hemos comprado, buenísimo, previa cata, en la misma Cooperativa del Café.
Día 20.- Muchos de los buses en los que hemos subido, durante este viaje por Centroamérica, son los llamados Chicken Bus: viejos y destartalados autobuses escolares de USA, pintados en vivos colores y decorados de mil maneras diferentes.
A uno de estos hemos subido a primera hora de la mañana, en Matagalpa, que nos ha llevado hasta Tipitapa y ahí un microbús nos ha traído hasta Granada, pasando por Masaya.
Estamos alojados en el Hostal Oasis, “hermano” del Lazy Bones de León. Es una gran casa colonial, muy cercana al Parque Central, con una pequeña piscina, una zona de descanso con hamacas y sillones; Internet, café y té gratis.
Después de una ducha fresca salimos a tomar un primer contacto con esta ciudad colonial, fundada por los españoles en 1524, también conocida como La Gran Sultana, por su apariencia morisca y andaluza, a diferencia de León, su ciudad hermana y rival histórica, la cual tiene tendencias más castellanas.
La mayoría de las calles de Granada son muy estrechas, debido a la distribución de la ciudad antes de la llegada de los vehículos motorizados. En alguna de ellas, todavía se conserva el nombre puesto por los españoles.
La Gran Sultana posee una arquitectura colonial y neoclásica exquisita y muy bien conservada.
Como en muchas de las otras ciudades que hemos visitado, en el centro de la ciudad se encuentra el Parque Colón, antigua plaza de armas, rodeado de los edificios de mayor importancia, como la Alcaldía y la imponente y bella Catedral, de estilo neoclásico, pintada en blanco y amarillo pastel y con altas columnas blancas, que aguantan el balcón que hay en la fachada principal. Fue destruida dos veces por el fuego.
Desde su construcción hasta la fecha, ha sufrido grandes remodelaciones, pero la primera referencia que se tiene data del período fundacional de Granada, en 1525. En noviembre de 1856 fue incendiada, junto a otras iglesias, por orden del filibustero William Walter, quien además saqueó sus tesoros. En su lugar se construyó un nuevo templo, pero de una sola nave.
La que vemos actualmente es reciente, pues se colocó la primera piedra el 8 de diciembre de 1888 y su construcción se vio afectada por muchas interrupciones, debido a la falta de presupuesto.
Su interior posee tres naves, separadas por cinco pares de columnas adornadas con arcos. Al final de cada nave se encuentran los altares (o capillas), donde se albergan las imágenes de los Santos. En total son cuatro: La Inmaculada Concepción, Virgen del Perpetuo Socorro, Santísimo Sacramento y Sagrado Corazón.
En la puerta de acceso nos llama la atención un cartel que dice:
VEN EL SEÑOR TE LLAMA
GRAN JORNADA DE SANACIÓN Y LIBERACIÓN
CON EL PADRE JOSELITO,
QUIEN HA SIDO BENDECIDO POR EL SEÑOR
CON EL DON DE SANACIÓN ESPIRITUAL Y CORPORAL.
ESTE VIERNES, 21 DE NOVIEMBRE
A PARTIR DE LAS 5 PM
EN LA PARROQUIA ESPÍRITU SANTO - VILLA SANDINO
TE INVITA EL PADRE GUILLERMO TRINIDAD, CURA PÁRROCO.
Creemos que estamos viendo visiones. ¿En la misma Catedral invitan a una jornada de sanación espiritual y corporal? ¿Cuándo es 21 de noviembre? ¡Mañana! No podemos perdernos un posible espectáculo.
Junto a la catedral empieza la calle La Calzada, restaurada recientemente por la Agencia de Española de Cooperación Internacional, con sus característicos y bellos edificios coloniales en los que, a través de sus puertas abiertas, podemos contemplar unos cuidados y floridos patios centrales.
Al final de la calle se encuentra el Lago Cocibolca o Lago Nicaragua, con su malecón también recién restaurado. Este lago es el segundo de América Latina, después del lago Titicaca. Tienen una extensión muy similar.
Los nicaragüenses le llaman Mar Dulce, pues tiene todas las características de un mar: olas, tormentas, mareas, archipiélagos de islas y los únicos tiburones de agua dulce que existen en el mundo.
Está conectado al Mar Caribe por el río San Juan y ésta fue la puerta de entrada de los conquistadores españoles y de los filibusteros que más tarde atacaron la ciudad, repetidamente, como Morgan y Walker.
Pero no nos conformamos viendo sólo el lago y el nuevo malecón. Salimos del camino marcado y encontramos a la verdadera Granada; la Granada desconocida por los turistas; la Granada, que sus gobernantes, ni siquiera miran. Éstas son las imágenes.
Día 21.- El día amanece nublado y hay mucha humedad en la ciudad. Seguimos la visita de esta villa y llegamos hasta el Museo Fortaleza La Pólvora, en un extremo de la calle Real Xalteva.
En 1748 se inició la construcción de esta fortaleza, y fue oficialmente concluida el 16 de Enero de 1749.
Primeramente fue usada como almacén para guardar la pólvora. Más adelante como centro de acuartelamiento y cárcel de la ciudad de Granada, donde tuvieron lugar algunos episodios de luchas internas.
El edificio -de estilo medieval español- tiene características de fortaleza por sus altos torreones, troneras y por sus gruesos muros de adobe. Durante la dictadura de Somoza, fue cárcel y cuartel de la Guardia Nacional. Después, con los sandinistas, fue ocupado como comando de la Policía. En la actualidad es un museo.
Retomamos la calle Real Xalteva, dirección al Parque Central, o Colón, y entramos en el Parque Xalteva, construido en 1892 y situado frente a la iglesia del mismo nombre. Todavía queda en pie la fuente, en el centro, y algunas ruinas de edificios. Durante unos años aquí se ubicó el mercado municipal.
La Iglesia Xalteva -sita en frente- construida primeramente como fortaleza militar, en 1678, y luego fue capilla para los soldados. Este edificio es de estilo renacentista. Fue una de las iglesias incendiadas y saqueadas por William Walker, quien también destruyó los archivos de los natalicios de los indios xalteva, originarios pobladores. Fue reconstruida en 1856.
Aún queda en pie un trozo de pared que amurallaba el asentamiento indio, levantada entre 1745 y 1746. Parece que lo construyeron los españoles, para defenderse de las acometidas de los indígenas.
Seguimos por la misma calle y encontramos la Iglesia de la Merced, edificada en madera y techo de paja, en 1534. Pero el pirata Morgan la saqueó e incendió en 1670 y una vez más se reconstruye en 1853. De nuevo quemada, esta vez por William Walker en 1856, se reconstruye, definitivamente, en 1862 con fachada barroca e interior neoclásico.
Es bellísimo el retablo del altar mayor. Previo pago de una pequeña cantidad, subimos a lo alto del campanario para disfrutar de la bella ciudad: divisamos los tejados de las casas, a dos aguas, con tejas rojas y patios centrales y, a lo lejos, el Lago Nicaragua.

Pasamos frente la Fábrica de cigarros Doña Elba y pedimos permiso para entrar y ver como hacen los cigarros puros: completamente artesanal.
Por la calle Atravesada nos dirigimos a la antigua Estación del Ferrocarril del Pacífico, construida en 1888 de estilo neoclásico, imperante en esa época en Europa. Está ubicada en el límite norte del centro histórico de la ciudad, y al costado Este del Parque General Sandino.
A partir del 12 de Octubre de 1995 se convierte en la sede de la Escuela Taller Granada, proyecto financiado por la Cooperación Española, donde los alumnos restauran vagones, locomotoras y antiguos muebles de las diferentes estaciones de los cien años de historia de este ferrocarril, además de aprender diferentes oficios.
Vamos yendo dirección al Parque Colón, disfrutando de las bonitas casas y de la belleza de las mujeres nicaragüenses, y llegamos frente a la Casa de los Leones o, como se llama actualmente, Casa de los Tres Mundos donde, durante unos años, fue el Teatro de la ciudad.
Bajamos, como ayer, por la calle La Calzada, hasta el malecón, no sin antes ver el exterior de la Iglesia de Guadalupe, construida en 1626.
Descansamos junto al lago de la ajetreada mañana y un taxi nos lleva al Barrio Villa Sandino, a la Iglesia del Espíritu Santo.
Nada más bajar del taxi, se nos acerca un chico y nos indica que aquí no es, hemos de ir al edificio contiguo.
En un solar hay una gran nave, de planta rectangular, aún por finalizar, llena de sillas blancas de plástico y con un altar adornado con cortinas de raso en color rojo y amarillo; una Virgen sobre un pedestal, rodeado de ramos de flores y dos ángeles -de cartón- custodian el altar.
Faltan aún 20 minutos para las cinco y ya empieza a llenarse.
Nos ponemos en un lateral, en las primeras filas. La gente va entrando y nos mira con cara de interrogación. Se nota a la legua que no somos “nativos”.
Poco después de las cinco entra, con una sotana blanca, el Padre Guillermo, párroco de esta iglesia. Todos lo reciben en pie y con aplausos.
Después de una larga charla, en la que participan los feligreses con aplausos, gesticulando brazos y manos, y varios “Amén”, se inicia una Misa.
De verdad, no sé si estamos en un oficio católico o protestante. O en una mezcla de los dos.
Antes de llegar a la Consagración, el padre Guillermo interrumpe la Misa y nos comunica que ha regresado, otra vez a la parroquia, el padre Joselito, de la República Dominicana.
Todos en pie aplauden efusivamente y reciben al padre Joselito, un hombre joven, negro, con sotana marrón. Se entonan cánticos y después empieza a hablar de Jesús, de política, de Dios, de pobres y ricos; todo aliñado con ostentosas cadencias en la voz y gesticulando entre los fieles, que le corean algún final de frase.
De pronto empieza a agradecer a su madre haberle parido (sí, sí; tal como suena) y, allí, cerca de él, se levanta una señora de pelo canoso, con guantes blancos que bracea para que todos sepamos dónde está. Y la gente la aplaude.
Y nos habla de su hermano y de su sobrino, que han seguido los pasos de Dios -pero en otra Fe-, viven en EEUU y están hoy aquí para acompañarle.
Del fondo de la iglesia se oye un saxo y, padre e hijo adolescente caminan ceremonialmente por el pasillo central, hacia el altar. Todos nos ponemos en pie. Cuando acaba la música, los dos hermanos se funden en un abrazo, momento en el que los feligreses aplauden. El hermano dice unas palabras, durante unos 15 minutos, y deja que el padre Joselito continúe.
Llevamos aquí más de una hora y media y, por habernos sentado en las primeras filas, ahora no sabemos cómo hacer para salir, así que hemos de aguantar un rato más.
El padre Joselito llama a la persona que se “curó”, la vez anterior, con la imposición de sus manos, pero la señora no aparece. O no está o no se “curó”. Entonces el párroco le toma el relevo y continúa con la Misa.
Aprovechando el movimiento que hay para ir a comulgar, decidimos irnos. Son casi las ocho. Al salir, nos damos cuenta que la iglesia está llena a rebosar y que, en el patio de la entrada, hay mucha más gente siguiendo el oficio.
Estamos alucinados con lo que hemos visto y oído. No podemos clasificarlo. Sólo decir que hay mucha fe entre esta gente.
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