martes, 3 de marzo de 2009

NICARAGUA (II): Matagalpa, Granada


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Día 18.- Acabamos de llegar a Matagalpa. Estamos alojados en el Hotel Alvarado (Telf. +505 772-2830), céntrico, pequeño, muy limpio, y regentado por un matrimonio -médicos retirados los dos-, que también tienen una farmacia justo al lado.

El trayecto hasta aquí ha sido largo y tedioso, pero recompensado por las magníficas vistas de esta región montañosa, con espesos bosques y plantaciones cafetaleras.

De buena mañana hemos subido a un autobús, en León, que nos ha llevado hasta San Isidro. Y de ahí otro que nos ha traído a Matagalpa, pasando por Sébaco, población famosa por sus cebollas dulces, que venden por todo el país.

Este último recorrido ha sido el más pesado pues, además de la infinidad de paradas para subir y bajar pasajeros y vendedoras de diferentes productos, ha subido un predicador que ha estado hablando mucho rato, con voz muy desagradable y chillona, y diciendo un montón de contradicciones, que hacían que me revolviera en mi asiento.

Matagalpa, es una de las ciudades más grandes de Nicaragua con algo más de 100 mil habitantes. Está rodeada por verdes y altas montañas. Uno de los picos más importantes de la Cordillera Apente es el Cerro Buena Vista, que alcanza los 1442 m.

La Catedral de San Pedro, es la tercera más grande de Nicaragua. De estilo neoclásico, fue construida en 1874 por los jesuitas.


Día 19.- Un bus, desde Matagalpa, nos lleva a Jinotega, distante unos 30 Km., pero debido al mal estado de la carretera con grandes socavones, hemos tardado un poco más de una hora.

La población está situada en un valle rodeado de espectaculares montañas. Es la región de mayor altitud de Nicaragua, con clima subtropical húmedo -de mucha nubosidad- y bellísimos paisajes.

Ya había sido habitada durante la época precolombina por diferentes grupos indígenas. Los españoles llegaron a principios del siglo XVII y pronto tomaron el control de la región.


Paseamos -bajo un sol de justicia- buscando dónde comprar café, ya que es el más bueno y famoso de la región, por eso se la llama “Capital del Café”. Lo hemos comprado, buenísimo, previa cata, en la misma Cooperativa del Café.


Día 20.- Muchos de los buses en los que hemos subido, durante este viaje por Centroamérica, son los llamados Chicken Bus: viejos y destartalados autobuses escolares de USA, pintados en vivos colores y decorados de mil maneras diferentes.

A uno de estos hemos subido a primera hora de la mañana, en Matagalpa, que nos ha llevado hasta Tipitapa y ahí un microbús nos ha traído hasta Granada, pasando por Masaya.

Estamos alojados en el Hostal Oasis, “hermano” del Lazy Bones de León. Es una gran casa colonial, muy cercana al Parque Central, con una pequeña piscina, una zona de descanso con hamacas y sillones; Internet, café y té gratis.

Después de una ducha fresca salimos a tomar un primer contacto con esta ciudad colonial, fundada por los españoles en 1524, también conocida como La Gran Sultana, por su apariencia morisca y andaluza, a diferencia de León, su ciudad hermana y rival histórica, la cual tiene tendencias más castellanas.


La mayoría de las calles de Granada son muy estrechas, debido a la distribución de la ciudad antes de la llegada de los vehículos motorizados. En alguna de ellas, todavía se conserva el nombre puesto por los españoles.


La Gran Sultana posee una arquitectura colonial y neoclásica exquisita y muy bien conservada.

Como en muchas de las otras ciudades que hemos visitado, en el centro de la ciudad se encuentra el Parque Colón, antigua plaza de armas, rodeado de los edificios de mayor importancia, como la Alcaldía y la imponente y bella Catedral, de estilo neoclásico, pintada en blanco y amarillo pastel y con altas columnas blancas, que aguantan el balcón que hay en la fachada principal. Fue destruida dos veces por el fuego.



Desde su construcción hasta la fecha, ha sufrido grandes remodelaciones, pero la primera referencia que se tiene data del período fundacional de Granada, en 1525. En noviembre de 1856 fue incendiada, junto a otras iglesias, por orden del filibustero William Walter, quien además saqueó sus tesoros. En su lugar se construyó un nuevo templo, pero de una sola nave.

La que vemos actualmente es reciente, pues se colocó la primera piedra el 8 de diciembre de 1888 y su construcción se vio afectada por muchas interrupciones, debido a la falta de presupuesto.


Su interior posee tres naves, separadas por cinco pares de columnas adornadas con arcos. Al final de cada nave se encuentran los altares (o capillas), donde se albergan las imágenes de los Santos. En total son cuatro: La Inmaculada Concepción, Virgen del Perpetuo Socorro, Santísimo Sacramento y Sagrado Corazón.

En la puerta de acceso nos llama la atención un cartel que dice:

VEN EL SEÑOR TE LLAMA
GRAN JORNADA DE SANACIÓN Y LIBERACIÓN
CON EL PADRE JOSELITO,
QUIEN HA SIDO BENDECIDO POR EL SEÑOR
CON EL DON DE SANACIÓN ESPIRITUAL Y CORPORAL.

ESTE VIERNES, 21 DE NOVIEMBRE
A PARTIR DE LAS 5 PM
EN LA PARROQUIA ESPÍRITU SANTO - VILLA SANDINO

TE INVITA EL PADRE GUILLERMO TRINIDAD, CURA PÁRROCO
.

Creemos que estamos viendo visiones. ¿En la misma Catedral invitan a una jornada de sanación espiritual y corporal? ¿Cuándo es 21 de noviembre? ¡Mañana! No podemos perdernos un posible espectáculo.

Junto a la catedral empieza la calle La Calzada, restaurada recientemente por la Agencia de Española de Cooperación Internacional, con sus característicos y bellos edificios coloniales en los que, a través de sus puertas abiertas, podemos contemplar unos cuidados y floridos patios centrales.




Al final de la calle se encuentra el Lago Cocibolca o Lago Nicaragua, con su malecón también recién restaurado. Este lago es el segundo de América Latina, después del lago Titicaca. Tienen una extensión muy similar.

Los nicaragüenses le llaman Mar Dulce, pues tiene todas las características de un mar: olas, tormentas, mareas, archipiélagos de islas y los únicos tiburones de agua dulce que existen en el mundo.


Está conectado al Mar Caribe por el río San Juan y ésta fue la puerta de entrada de los conquistadores españoles y de los filibusteros que más tarde atacaron la ciudad, repetidamente, como Morgan y Walker.

Pero no nos conformamos viendo sólo el lago y el nuevo malecón. Salimos del camino marcado y encontramos a la verdadera Granada; la Granada desconocida por los turistas; la Granada, que sus gobernantes, ni siquiera miran. Éstas son las imágenes.




Día 21.- El día amanece nublado y hay mucha humedad en la ciudad. Seguimos la visita de esta villa y llegamos hasta el Museo Fortaleza La Pólvora, en un extremo de la calle Real Xalteva.



En 1748 se inició la construcción de esta fortaleza, y fue oficialmente concluida el 16 de Enero de 1749.

Primeramente fue usada como almacén para guardar la pólvora. Más adelante como centro de acuartelamiento y cárcel de la ciudad de Granada, donde tuvieron lugar algunos episodios de luchas internas.


El edificio -de estilo medieval español- tiene características de fortaleza por sus altos torreones, troneras y por sus gruesos muros de adobe. Durante la dictadura de Somoza, fue cárcel y cuartel de la Guardia Nacional. Después, con los sandinistas, fue ocupado como comando de la Policía. En la actualidad es un museo.



Retomamos la calle Real Xalteva, dirección al Parque Central, o Colón, y entramos en el Parque Xalteva, construido en 1892 y situado frente a la iglesia del mismo nombre. Todavía queda en pie la fuente, en el centro, y algunas ruinas de edificios. Durante unos años aquí se ubicó el mercado municipal.




La Iglesia Xalteva -sita en frente- construida primeramente como fortaleza militar, en 1678, y luego fue capilla para los soldados. Este edificio es de estilo renacentista. Fue una de las iglesias incendiadas y saqueadas por William Walker, quien también destruyó los archivos de los natalicios de los indios xalteva, originarios pobladores. Fue reconstruida en 1856.

Aún queda en pie un trozo de pared que amurallaba el asentamiento indio, levantada entre 1745 y 1746. Parece que lo construyeron los españoles, para defenderse de las acometidas de los indígenas.


Seguimos por la misma calle y encontramos la Iglesia de la Merced, edificada en madera y techo de paja, en 1534. Pero el pirata Morgan la saqueó e incendió en 1670 y una vez más se reconstruye en 1853. De nuevo quemada, esta vez por William Walker en 1856, se reconstruye, definitivamente, en 1862 con fachada barroca e interior neoclásico.


Es bellísimo el retablo del altar mayor. Previo pago de una pequeña cantidad, subimos a lo alto del campanario para disfrutar de la bella ciudad: divisamos los tejados de las casas, a dos aguas, con tejas rojas y patios centrales y, a lo lejos, el Lago Nicaragua.




Pasamos frente la Fábrica de cigarros Doña Elba y pedimos permiso para entrar y ver como hacen los cigarros puros: completamente artesanal.


Por la calle Atravesada nos dirigimos a la antigua Estación del Ferrocarril del Pacífico, construida en 1888 de estilo neoclásico, imperante en esa época en Europa. Está ubicada en el límite norte del centro histórico de la ciudad, y al costado Este del Parque General Sandino.


A partir del 12 de Octubre de 1995 se convierte en la sede de la Escuela Taller Granada, proyecto financiado por la Cooperación Española, donde los alumnos restauran vagones, locomotoras y antiguos muebles de las diferentes estaciones de los cien años de historia de este ferrocarril, además de aprender diferentes oficios.


Vamos yendo dirección al Parque Colón, disfrutando de las bonitas casas y de la belleza de las mujeres nicaragüenses, y llegamos frente a la Casa de los Leones o, como se llama actualmente, Casa de los Tres Mundos donde, durante unos años, fue el Teatro de la ciudad.


Bajamos, como ayer, por la calle La Calzada, hasta el malecón, no sin antes ver el exterior de la Iglesia de Guadalupe, construida en 1626.

Descansamos junto al lago de la ajetreada mañana y un taxi nos lleva al Barrio Villa Sandino, a la Iglesia del Espíritu Santo.

Nada más bajar del taxi, se nos acerca un chico y nos indica que aquí no es, hemos de ir al edificio contiguo.

En un solar hay una gran nave, de planta rectangular, aún por finalizar, llena de sillas blancas de plástico y con un altar adornado con cortinas de raso en color rojo y amarillo; una Virgen sobre un pedestal, rodeado de ramos de flores y dos ángeles -de cartón- custodian el altar.


Faltan aún 20 minutos para las cinco y ya empieza a llenarse.

Nos ponemos en un lateral, en las primeras filas. La gente va entrando y nos mira con cara de interrogación. Se nota a la legua que no somos “nativos”.

Poco después de las cinco entra, con una sotana blanca, el Padre Guillermo, párroco de esta iglesia. Todos lo reciben en pie y con aplausos.


Después de una larga charla, en la que participan los feligreses con aplausos, gesticulando brazos y manos, y varios “Amén”, se inicia una Misa.

De verdad, no sé si estamos en un oficio católico o protestante. O en una mezcla de los dos.


Antes de llegar a la Consagración, el padre Guillermo interrumpe la Misa y nos comunica que ha regresado, otra vez a la parroquia, el padre Joselito, de la República Dominicana.

Todos en pie aplauden efusivamente y reciben al padre Joselito, un hombre joven, negro, con sotana marrón. Se entonan cánticos y después empieza a hablar de Jesús, de política, de Dios, de pobres y ricos; todo aliñado con ostentosas cadencias en la voz y gesticulando entre los fieles, que le corean algún final de frase.

De pronto empieza a agradecer a su madre haberle parido (sí, sí; tal como suena) y, allí, cerca de él, se levanta una señora de pelo canoso, con guantes blancos que bracea para que todos sepamos dónde está. Y la gente la aplaude.

Y nos habla de su hermano y de su sobrino, que han seguido los pasos de Dios -pero en otra Fe-, viven en EEUU y están hoy aquí para acompañarle.

Del fondo de la iglesia se oye un saxo y, padre e hijo adolescente caminan ceremonialmente por el pasillo central, hacia el altar. Todos nos ponemos en pie. Cuando acaba la música, los dos hermanos se funden en un abrazo, momento en el que los feligreses aplauden. El hermano dice unas palabras, durante unos 15 minutos, y deja que el padre Joselito continúe.


Llevamos aquí más de una hora y media y, por habernos sentado en las primeras filas, ahora no sabemos cómo hacer para salir, así que hemos de aguantar un rato más.

El padre Joselito llama a la persona que se “curó”, la vez anterior, con la imposición de sus manos, pero la señora no aparece. O no está o no se “curó”. Entonces el párroco le toma el relevo y continúa con la Misa.

Aprovechando el movimiento que hay para ir a comulgar, decidimos irnos. Son casi las ocho. Al salir, nos damos cuenta que la iglesia está llena a rebosar y que, en el patio de la entrada, hay mucha más gente siguiendo el oficio.

Estamos alucinados con lo que hemos visto y oído. No podemos clasificarlo. Sólo decir que hay mucha fe entre esta gente.

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Día 14.- A las ocho de la mañana, en el embarcadero de Livingston, subimos a una lancha que nos lleva, durante 40 minutos, hasta Puerto Barrios donde, en la estación de buses, subimos a uno que nos lleva hasta Corinto, frontera de Guatemala con Honduras.


En la aduana de Honduras esperamos durante tres horas hasta que llega el bus exprés que viene desde Ciudad de Guatemala y se dirige a San Pedro Sula. En dos horas de trayecto llegamos a la estación de buses de San Pedro Sula. En la misma estación, en las oficinas de TICA BUS, compramos los billetes para mañana a las cinco que nos llevará a León, Nicaragua.

Tenemos, desde Barcelona, el teléfono de Luis (+504 510-0335), propietario del Guesthouse Dos Molinos, y lo llamamos para que venga a recogernos en la Terminal. (Servicio gratuito, si te alojas ahí)

Día 15.- A las 3:30h nos levantamos y vamos a la estación de buses; nos lleva Luis.

En la terminal, aún no hay ninguna cafetería abierta, y el conductor del bus nos dice que pararemos durante el trayecto para desayunar.

Estamos cruzando Honduras en diagonal, y no veo nada que me llame la atención de este país.

A las 9:30 h. llegamos a Tegucigalpa, para recoger a unos pasajeros, y es el momento en el que tomamos un café con leche.

Son las dos de la tarde. Llegamos a la frontera con Nicaragua: un lugar inhóspito, sin ningún tipo de servicios. Hace un calor insoportable.

El ayudante del conductor se ha llevado todos los pasaportes para tramitarlos de una vez. Nos dan 30 minutos “para comer”.

Aparecen por doquier hombres que se ofrecen a cambiarnos dinero. Y muchos críos jugando a nuestro alrededor.

Hay mujeres que venden refrescos, en neveras sin hielo. Y otras venden bolsas de patatas fritas, plátanos fritos…

Compramos unas bolsas de patatas y dos “refrescos”, a temperatura ambiente, y nos lo tomamos bajo un árbol. Hay mucha suciedad en toda esta zona. Es “tierra de nadie” y nadie se encarga de limpiar.

Continuamos el viaje y, por fin, a las 16:15 h., llegamos a León.

Nos alojamos en el Hostal Lazy Bones, antigua casa colonial, muy bien restaurada. Tiene un patio interior con hamacas y sillones; otro, donde hay una piscina; Internet, café y té, gratis y la habitación es muy amplia.


Tomamos un primer contacto con la ciudad, sede intelectual de Nicaragua. La Universidad se fundó en 1813, siendo la última instaurada en América antes de la independencia de la Monarquía española, en 1821.


León también jugó un rol muy importante en la lucha contra el régimen dictatorial de la familia Somoza en los años 70, pues aquí hubo un movimiento sandinista muy fuerte emergido, sobre todo, de los estudiantes que, de todo el país, venían a estudiar a la Universidad. Todavía se pueden apreciar algunos museos y monumentos relacionados con este hecho revolucionario.

La barroca Catedral de la Asunción es una de las mayores de Centroamérica.


En su interior se halla la tumba de Rubén Darío, considerado Príncipe de las letras castellanas, custodiada por un León, símbolo de la ciudad, y al pie de la estatua de San Pablo.




Debido a que sus muros son muy robustos ha soportado erupciones del volcán Cerro Negro, temblores y guerras.

Día 16.- Hoy domingo, cuando vamos a salir del hostal, en recepción nos recomiendan no estar por el centro histórico, sobre el mediodía, pues posiblemente habrá una manifestación política.

Son casi las diez y decidimos seguir con nuestra ruta por la ciudad, iniciada ayer.

En una calle un nutrido grupo de personas, algunas de pie, otras sentadas en el bordillo de la acera y con banderas rojas y negras con las siglas FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) están preparadas para la manifestación. Nos acercamos. Del local de la sede, con fuerte megafonía, sale música y canciones que corean los que están en el exterior. Nos quedamos un rato. No sabemos de qué se trata y preguntamos a uno de los jóvenes que hay aquí.


El pasado día nueve de noviembre se celebraron elecciones municipales y el FSLN obtuvo casi una mayoría absoluta en todos los municipios, frente al PLC (Partido Liberal Constitucionalista). Éstos creen que las papeletas de votación estuvieron amañadas y van a venir a la ciudad, desde diferentes puntos de la provincia, para manifestarse frente al Ayuntamiento, y quemarlo, si es preciso, para que se vuelvan a repetir las elecciones y que el FSLN no acceda al poder que, sospechan, les corresponde a ellos. Los del FSLN defenderán, como sea, su victoria.

Con esta explicación nos quedamos y seguimos nuestro caminar, hasta que llegamos frente a la sede del PLC. Entramos y preguntamos a qué es debido tanta exaltación. Un señor, acompañado de dos más, nos recibe y muy exaltado nos dice que los del FSLN pusieron más papeletas en las urnas con lo que ganaron en 105 de las 146 alcaldías (las más importantes: Managua y León) y que, ellos, el PLC, sólo la obtuvieron en 37 ayuntamientos. Como veían que había habido un fraude electoral, se iban a concentrar frente a la Casa Consistorial, para reclamarla como legítima pertenencia y que venían compañeros de partido, de otros municipios, a darles soporte.

Pues ya sabemos los argumentos de ambos lados. Esperaremos hasta las dos e iremos al Ayuntamiento.

Pasamos frente a otro “cuartel” del FSLN, cuyas paredes están llenas de recortes de periódicos antiguos, fotos de Sandino, Ortega y otros militantes. Pedimos permiso para entrar, nos miran con curiosidad y acceden a que pasemos al interior. Éstos son "soldados" retirados y empiezan a explicarnos la historia del sandinismo, batallas ganadas, batallas perdidas. Mi compañero les habla de Daniel Ortega y su hermano, de la fortuna que tienen ambos, propietarios de una cadena de supermercados; de Somoza; de Edén Pastora. Los “soldados” advierten que mi compañero está enterado de la historia política de Nicaragua y hablan durante más de una hora.




Hemos de irnos. Quiero estar en “buena posición” para cuando comience la manifestación y así se lo hago saber a mi compañero, que está de acuerdo. Nos vamos hacia la Plaza Juan José Quezada, que es donde va a empezar todo.

Son casi las 12 del mediodía. Por las calles adyacentes a la Plaza empiezan a desfilar coches, carros con caballos, autobuses, camiones… cargados hasta los topes de sandinistas.




Es un hervidero de banderas bicolores con las iniciales FSLN, portadas por cientos de personas con camisetas en las que se puede leer: FSLN DEFENDEREMOS NUESTRAS VICTORIAS. Por megafonía se oyen consignas y diferentes canciones, entre ellas “La Internacional”. Se nota ambiente festivo.


Los comercios y bares, que están en las cercanías, empiezan a bajar las persianas.

Nos mezclamos entre la gente para vivir esta exaltación de victoria que desprende cada uno: hombres, mujeres y mucha juventud.

No se ven llegar a los del PLC que, en realidad, son los convocantes de la manifestación.

Mi compañero y yo nos acercamos a la sede del PLC. Sólo hay un puñado de ellos, empuñando su bandera roja. No creo que haya más de una cincuentena. Están en corro, hablando. Nos acercamos por si podemos oír de qué hablan. Se nos acerca un hombre y nos recomienda que nos alejemos de aquí, pues puede haber disturbios.


En el extremo opuesto de la calle, como a unas cinco manzanas, vemos venir a los sandinistas. De las calles laterales salen policías antidisturbios, para frenar el paso de los del FSLN.

Los ánimos se van caldeando por momentos. Algunos sandinistas retroceden e intentan acceder a los liberales por otras calles, pero hay un gran despliegue, tanto militar como de policías y lo impiden.


Esto se está poniendo feo. Mi compañero me dice que espere en una esquina y, que si veo que pasan la barrera policial, me vaya calle abajo y le espere en la otra esquina, alejada de todos; él, mientras, hará fotografías.

Un buen número de sandinistas, armados con piedras, bastones, grandes cohetes y petardos burlan a la policía y queman neumáticos mientras avanzan hacia los liberales.


Empiezo a correr calle abajo. De un autobús situado en medio de la calzada –por la que voy- bajan más de 50 antidisturbios, vestidos de negro, con cascos, escudos, escopetas y porras y avanzan hacia mí, de lado a lado de la calle, a paso firme y rápido. Me doy media vuelta y subo la calle corriendo hasta que desemboco en la que ya es casi un campo de batalla. Busco a mi compañero y me refugio a su lado.

El grupito de liberales está retrocediendo frente a los miles de sandinistas exaltados, que los atacan a pedradas. La policía no se decide a intervenir.




Hace más de cuatro horas que estamos aquí, mezclados entre los sandinistas. Decidimos buscar un lugar para comer, pues ya son más de las cuatro. Todo el barrio está tomado por la policía y los sandinistas. No hay ningún bar o restaurante abierto y nos vamos al hostal.

Son casi las seis de la tarde. Quizás haya algo abierto para comer y nos dirigimos al centro de León.

El aspecto de las calles es desolador: están cubiertas de piedras de diferentes tamaños y de cartuchos de petardos ya quemados.


Empiezan a picarnos los ojos y la garganta. Un vecino se asoma a la puerta de su casa y nos dice que nos alejemos, pues los antidisturbios han descargado gases lacrimógenos para disolver a los que aún quedan por la calle. Aceleramos el paso, para cruzar la “nube” tóxica y llegamos hasta la Plaza del Ayuntamiento donde aún quedan algunos sandinistas eufóricos, porque no han dejado pasar a los liberales.

Entramos en un establecimiento donde tomamos un batido de frutas. Tienen la televisión sandinista conectada. Dan la noticia de lo que ha pasado hoy aquí, completamente al revés, tachando de revolucionarios y provocadores a los liberales. Y parece que ha habido varios heridos, según comentan.

Posteriormente nos enteramos que ha habido tan pocos simpatizantes del PLC debido a que los sandinistas han cortado el acceso a la ciudad a los que venían de otras ciudades para apoyar a los de León. Una maniobra bastante “sucia”.

Volvemos al hostal y mi compañero decide escribir una crónica, de lo que hemos vivido, y enviarla al periódico EL PAÍS, de España, en la sección “Yo periodista”.

Día 17.- Miramos en Internet y le han publicado la noticia y dos de las cuatro fotos que mandó. Estamos muy contentos! (Solamente ha estado pocos meses el artículo).

Un bus nos lleva, a media mañana, hasta los Hervideros de San Jacinto, a 25 Km. de León.

A la entrada del recinto nos reciben una niña y un niño, ofreciéndose como guías. Con uno sólo tenemos bastante, pero los dos insisten en acompañarnos y que les paguemos “la voluntad”.


Los Hervideros, situados al pie de los volcanes Santa Clara, Telica y San Jacinto, son fuentes geotermales -posiblemente provenientes del extinto volcán San Jacinto-, que emergen del interior de la tierra, hirviendo a altas temperaturas. En toda el área se levantan fumarolas con un fuerte olor a azufre.






Nuestros “guías” nos explican que unos “extranjeros” empezaron a construir un edificio -que pretendía ser un mirador con una cafetería-, pero no saben porqué abandonaron el proyecto. Así que en este lugar no hay una infraestructura para recibir a los turistas. Parece que el gobierno no le da la importancia que merece un lugar como éste.


Comemos en un “restaurante” cercano y, a media tarde, regresamos a León.

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