miércoles, 28 de enero de 2009

GUATEMALA (III): Semuc Champey, Todos los Santos Cuchumatán


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Día 27.- A las ocho de la mañana subimos a un microbús que nos va a llevar a Cobán, y de allí hasta Lanquín.

El viaje ha durado casi nueve horas, hasta Cobán. En Lanquín, una furgoneta nos lleva por un camino de tierra, hasta la Posada Las Marías, a escasos 600 m. de la entrada del Parque Natural de Semuc Champey.


Las Marías, son diversas cabañas de madera, sencillas, enclavadas en la selva frente al río Cahabón y regentadas por una familia muy concienciada con el medio ambiente. Ellos han repoblado parte de la zona y también son propietarios de las Cuevas Kan Ba.


No hay electricidad en unos cuantos kilómetros a la redonda. La iluminación es por medio de un generador de gasoil, que conectan un par de horas al anochecer.

Ya podemos ir a dormir, pues nada se puede hacer en la oscuridad de la selva.

Día 28.- Casi no he dormido. A media noche ha caído una buena tormenta y el ruido sobre el techo ha impedido que pudiera dormir.

A pesar de que está todo muy embarrado vamos hacia el Parque Semuc Champey, pero antes visitaremos las cuevas desde el exterior.

El “paseo” de dos kilómetros por la cueva, con guía, puede resultar una buena dosis de adrenalina, pero nosotros no tenemos ganas de vivir esa experiencia.


De entrada se ha de ir en bañador y con calzado para el agua. Cada uno lleva una vela encendida. Al principio te has de sumergir y nadar con una mano, pues en la otra llevas la vela. Se va alternando la natación con caminar por lugares muy estrechos con el agua, a veces, hasta el cuello. El sonido de fondo es el de una cascada. Cuando se llega allí, se puede trepar por una cuerda o por una escalera. Y se sigue la marcha hasta que divisas luz al final del túnel. Aquí, si se quiere, te montas sobre un gran neumático que te lleva río abajo hasta la Posada Las Marías.

De este recorrido ya estábamos informados antes de salir de Barcelona y, la verdad, creo que es para gente más joven que nosotros.

Nos dirigimos a Semuc Champey. Pagamos la correspondiente entrada y al acceder al Parque tenemos diferentes rutas para hacer. Lo que más nos interesa es ver las pozas y la cascada.


Hace miles de años hubo aquí un mar. Las conchas y los huesos de los animales se convirtieron en polvo y formaron rocas calizas. Éstas cayeron sobre el río Cahabón y crearon un “puente” sobre el aquél.




La fuerza del agua del río horadó este puente formando una cueva. El lugar donde el agua entra, con una fuerza impresionante, en la cueva, se llama sumidero o “donde el río se esconde bajo la tierra” y en idioma Q'eqchí es “Semuc Champey”. El río vuelve a aparecer unos 300 metros más abajo.


Hay muchos riachuelos que descienden de la montaña. Durante cientos de años han ido desgastando poco a poco la roca formando unas bellísimas pozas de agua turquesa, donde la gente puede bañarse.

Día 29.- A las 5:15, un microbús nos recoge frente a Las Marías y nos lleva, durante tres horas, hasta Cobán. Está lloviendo. Encontramos un sitio para desayunar y... ¡oh, sorpresa: tienen magdalenas! Empezamos a estar cansados de desayunar huevos con frijoles.

Buscamos un Banco para cambiar euros. Ha de ser en el Banco UNO; de los pocos que, en Guatemala, cambian euros.

Un taxi nos lleva a las afueras donde, en una explanada, aparcan los microbuses que parten hacia diferentes destinos, entre ellos a Uspantán, donde dormiremos.

Después de varios kilómetros, el asfalto se acaba y continuamos por pista de tierra. El paisaje es indescriptible: a ambos lados hay vegetación exuberante, y una sucesión de montañas en cuyas laderas atisbamos pequeñas aldeas rodeadas de un intenso verde.

Un árbol caído nos impide continuar. Hemos de esperar a que una máquina lo retire. Las lluvias de las últimas semanas están provocando desprendimientos en toda Guatemala, según leímos en la prensa.


Tras cuatro horas de viaje, llegamos a Uspantán.

Cerca de la plazoleta donde nos ha dejado la furgoneta, hemos encontrado alojamiento en un hotel con un gran patio central: Don Gabriel (hoteldongabriel@yahoo.es). La habitación está bien, pequeña y con TV, pero el baño es compartido.

Poca cosa hemos visto del pueblo ya que, después de comer, hacemos la siesta; estamos desde las cuatro de la mañana en danza. Y, al levantarnos, el hotel y todo el pueblo están a oscuras.

Llaman a la puerta. El conserje nos trae velas. Un árbol ha caído sobre el tendido eléctrico y hasta mañana no estará reparada la avería.

Día 30.- A las siete de la mañana, una furgoneta nos lleva hasta Sacapulas, en una hora y media.

Mientras estamos desayunando se sienta junto a nosotros Osman, Ingeniero Agrónomo, y entablamos conversación. Le comentamos que vamos hacia Huehuetenango y se ofrece a llevarnos en su pick-up ya que él vive allí.

Un viaje, que hubiera durado cuatro horas en bus, lo hacemos en dos horas. Todavía nos queda subir a otro bus.

Osman, nos deja en la estación de autobuses. Nuestro próximo destino y uno de los importantes del viaje: Todos los Santos Cuchumatán. Hace dos días que estamos viajando para llegar a este pueblo. Lo tenemos marcado en “negrita” en nuestra ruta.

El paisaje que vamos viendo por la ventanilla del bus es impagable. Estamos recorriendo la Cordillera de los Cuchumatanes, la cual tiene picos de hasta 3700 m. Divisamos desde quebradas hasta pequeños valles.


Por fin llegamos a Todos los Santos. Hace un poco de frío, no en vano estamos a 2450 m. y rodeados de altas montañas. El pueblo está en fiestas. Hay muchísima gente y no tenemos alojamiento reservado. Se nos acerca una mujer mayor y nos ofrece hospedaje. No dudamos en seguirla; sabemos que hay dos o tres hoteles (por llamarlo de alguna forma) y a estas alturas están todos llenos.

Nos lleva calle arriba, casi hasta un extremo del pueblo y entramos en un edificio en construcción. Allí -cerrados en tres paredes y con una puerta- hay dos habitáculos, con sendos catres durísimos y dos mantas. Nos quedamos en el más grande. Las paredes están por enyesar, hay una bombilla colgada del techo y no hay sábanas y mucho menos toallas. Suerte que llevamos sacos de dormir y toallas!!


Saliendo del “dormitorio”, hay un cuchitril con una taza de water inmunda y algo parecido a una ducha. En la calle, frente a la puerta de entrada, un grifo servirá para lavarnos.

Hace bastante frío y empieza a bajar niebla de la cima de las montañas. Intentamos conseguir una habitación en otro alojamiento, pero es imposible.

Salimos a pasear. En la Plaza Mayor están tocando una marimba. Hay varios hombres bailando y se nota que llevan alguna copa de más.





Todos los hombres visten pantalones a rayas, verticales, rojas y blancas y camisa a rayas azules y blancas. Casi todos van con un sombrero de paja, rodeado de una cinta azul y llevan un zurrón, en tonos azules.




Ya son más de las cuatro de la tarde y compramos unas rosquillas típicas y entramos en una especie de bar-restaurante para que nos preparen un café con leche bien caliente. Ésta será nuestra comida-merienda-cena. Estamos muy cansados y no tenemos ni hambre.


Son las 17:30 y ya está anocheciendo. Vamos hacia el alojamiento para abrigarnos más y se apaga la luz de todo el pueblo. No hay visos de que la vuelvan a dar y decidimos no salir.

Según parece, cada día, a las seis de la tarde, apagan la luz para que no haya tanto gasto de electricidad en el pueblo.

Día 31.- Paseamos por el lugar y llegamos hasta el “hipódromo”, donde están preparadas las vallas para la “carrera” de mañana.


Y también entramos en la iglesia. Veo que es como la de la mayoría de los pueblos que hemos visitado: muy kitsch, con adornos poco “normales” en nuestra zona y las imágenes con rasgos indígenas.


En el balcón que hay sobre la plaza mayor ha llegado la Reina de la Fiesta y sus Damas de Honor, acompañadas del alcalde. Además de recibir los aplausos del público, reciben a los jinetes que mañana participarán en la “carrera”.






A las seis vuelven a apagar la luz –como ayer- y la encenderán a las nueve, para el baile.

Cenamos en el Hotel Casa Familiar, subiendo la calle desde la plaza, a mano izquierda.

Hace muchísimo frío, hay niebla baja, llovizna, y la entrada al baile es excesivamente cara para donde estamos, así que nos vamos a dormir.

Día 1 de Noviembre.- A las siete y media de la mañana somos de los primeros en ponernos detrás de las vallas para ver la loca “carrera”. Ésta, que no es tal, consiste en galopar sobre el caballo una distancia, aproximada, de 300 metros arriba y abajo, a lo loco y con alguna copa de más. No hay ganadores, pero sí perdedores: el que cae del caballo y ya no puede volverlo a montar.




Años atrás, cuando el jinete llegaba a uno de los extremos, bebía una cerveza o hacía un trago de aguardiente, pero eran tales las borracheras, que prohibieron la bebida. Aunque más de uno, hoy día, la lleva en el zurrón (lo estamos viendo).


Ha habido varias caídas. Una de ellas cerca de mí: varios caballos pasan sobre el jinete hasta que pueden retirarlo. Me acerco a ver si puedo ayudar. El hombre está medio inconsciente, con una piedrecilla clavada en la sien, y un buen corte en la parte de atrás de la cabeza. Pido que me ayuden a ponerlo de costado, por si le viene un vómito y ruego que llamen a un médico, ya que no recupera la conciencia. Todos los que me rodean me miran con cara estupefacta: parece que de eso, no gastan (de médico).

Cuando el tipo está más despierto del golpe, que no de la embriaguez, insiste en ponerse de pie e intento que no lo haga. Consigo retenerlo sólo unos minutos. Se incorpora tambaleando, busca su montura y vuelve a galopar alocadamente, con sangre en la camisa, herida en la cabeza y piedrecilla en la sien.

Las carreras, en grupo de 4 a 8 jinetes, se suceden ininterrumpidamente durante toda la mañana, sin tregua para los jinetes ni para los caballos, que llegan a los extremos con los orificios de la nariz dilatados y sudando, por las carreras a que son sometidos sin parar.


Es la parte central de las fiestas de Todos los Santos. A ella acuden gentes de las aldeas cercanas, con sus vistosos trajes típicos y algunos, pocos, extranjeros.


Comemos en Casa Familiar y como la niebla está casi a ras del suelo y hace mucho frío, nos quedamos toda la tarde aquí hasta la cena.

Día 2.- Antes de las siete de la mañana, ya estamos en la calle principal. Hoy también es festivo y no hay transporte, así que hemos de conseguir si algún coche nos lleva hasta Huehuetenango. Se acerca una furgoneta que va hacia allá y nos montamos en ella, junto a un francés.

Una vez en Huehue, subimos en un bus dirección La Mesilla, frontera con México. En una de las paradas sube un hombre, bien vestido y empieza a “predicar la palabra de Dios”. Habla fuertemente y, en la mano derecha, agita al aire una Biblia. Se me está haciendo largo y pesado lo que dice: se repite mucho y dice alguna incongruencia. Es usual, en Guatemala, que en los autobuses públicos suban predicadores.

Llegamos a la frontera y hacemos los trámites en inmigración de salida de Guatemala. Un taxi nos lleva hasta la frontera con México, distante unos 5 Km.


Ya estamos en el Estado de Chiapas. En nuestro periplo por aquí intentaremos entrevistarnos con los zapatistas.

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martes, 27 de enero de 2009

GUATEMALA (II): San Marcos Atitlán, Chichicastenango


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Día 23.- A las ocho de la mañana, subimos a un bus público, que nos lleva hasta Panajachel donde embarcamos en una lancha hasta San Marcos de Atitlán, uno de los poblados que hay alrededor del Lago Atitlán.

Varios pueblitos bordean el lago, todos con su embarcadero, ya que la barca es el medio de transporte más útil para ir de un poblado a otro.

Navegamos durante 40 minutos haciendo escala en distintos pueblos, en un entorno rodeado por montañas con exuberante vegetación, hoteles y lujosas casas asomadas al lago, donde las siluetas de tres volcanes: San Pedro, Tolimán y Atitlán se erigen como custodios de este maravilloso lugar.


Una vez llegados a San Marcos buscamos alojamiento. Todos los que están entre el lago y el centro del pueblo son caros. En un poste de luz, mi compañero ve la publicidad de un hostal: Panabaj, situado en la parte alta del pueblo. El precio es módico y el lugar muy, muy sencillo y básico.

San Marcos es un pueblo tranquilo y con poco o nada para ver o hacer. Anteriormente era el lugar preferido por los hippies. En la actualidad aún existe alguna comunidad de hippies, y extranjeros que ofrecen servicios de masajes, medicina alternativa, kinesiología, etc.

El poblado fue destruido por el huracán Stan, en octubre del 2005 y lo han reconstruido de forma anárquica: una casa aquí, otra allá, con techumbres de plancha y paredes sin enyesar y, mucho menos, pintar.


Vamos a comer y cae una buena tormenta durante más de dos horas, lo que hace que nos quedemos en el restaurante, a la espera de que amaine.

Luego paseamos por la orilla del lago hasta anochecer.

Día 24.- Un camino nos lleva hacia las afueras y en la parte alta de San Marcos, donde hay grandes casas construidas por extranjeros, para pasar sus vacaciones. Casi todos tienen una lancha, para desplazarse por el lago.


El aburrimiento es la nota predominante, al menos para nosotros.

Día 25.- En una lancha-taxi vamos a Panajachel.

Hace dos horas que esperamos al bus que ha de llevarnos a Chichicastenango, en el altiplano guatemalteco, perteneciente al departamento de El Quiché. No sabemos, ni estamos seguros, si llegará el bus. Hemos preguntado en una agencia de viajes y nos ofrecen un transfer además de decirnos que no hay bus directo.

Por fin llega el bus.

Durante el trayecto, por una carretera con algún tramo en reconstrucción debido a deslizamientos, contemplamos campos de maíz y verdes y profundos valles abrigados por montañas de increíble belleza.

Por fin llegamos a Chichi, como se le llama familiarmente, donde los jueves y domingos hay mercado al que acuden campesinos de toda la zona para vender sus productos.

El nombre de la ciudad significa “lugar rodeado por las zarzas”, planta conocida popularmente por chichicaste.

Chichicastenango es famosa porque es el lugar dónde se encontró el Popol Vuh , libro religioso maya que narra el origen de la humanidad. Fue traducido del original -escrito en quiché- al castellano por fray Francisco Ximénez.

El 93% de la población, utiliza como idioma materno el Q'eqchí y el 7%, restante, el español. Más del 95% se considera indígena y, de éstos, el 11% practica la espiritualidad maya.

Buscamos alojamiento, dejamos el equipaje en la habitación y salimos a recorrer la ciudad.

La Plaza Central ocupa parte de nuestra visita. Está preparándose para el mercado de mañana, domingo.

Sobre una escalinata, de escalones irregulares, está la Iglesia de Santo Tomás, que data de 1540, a la que acudiremos mañana a primera hora.




Durante la comida conocemos a dos chicas de Barcelona, con las que pasamos el resto de la tarde.

Anochece y pasamos delante de la iglesia, que se encuentra cerrada. En este momento, arriba, en el rellano de la entrada, se está realizando un rito maya, con velas e incensarios con resina de copal.

Los fieles, de rodillas, se desplazan hacia delante y atrás. Los chamanes recitan sus plegarias mientras el humo de los incensarios, que agitan continuamente, envuelve la escena, casi irreal para nuestros ojos.


En el pasado -antes de la conquista por los españoles- el lugar que ahora ocupa la iglesia había sido un templo maya. Durante la época colonial se destruyó, edificándose la actual iglesia. Sólo se dejó intacta la escalinata. Cada uno de los escalones representa los 18 meses de 20 días del calendario maya, el cual rige la vida diaria de los mayas.

Los conquistadores no pudieron despojar, completamente, a los nativos de sus creencias religiosas, por lo que muchos de sus ritos son una mezcla de las dos corrientes religiosas.

Mientras contemplamos lo que acontece frente a la puerta de la iglesia, se nos acerca Don José, guía del INGUAT y nos da una explicación de lo que estamos viendo. Explicación que consideramos de mucho interés por su contenido y que nos anima a contratar sus servicios.

Mañana a las 8 h. nos encontraremos al pie de la escalinata y nos llevará a ver un rito, en el cementerio.

Día 26.- A primera hora de la mañana apreciamos mucha actividad en el mercado.

La escalinata del templo se halla copada de mujeres, ataviadas con la ropa típica multicolor, que venden velitas de colores, pétalos de flores, frutas, y cruces de vistosos colores, que se utilizan para los ritos maya que tienen lugar en el interior de la iglesia.






En lo alto de la escalera y frente a la puerta principal, los fieles se preparan para la ceremonia maya.




Entramos -con las chicas de Barcelona y con el guía- en la iglesia por una puerta lateral, ya que en estos momentos, en el interior, se está celebrando una misa católica y ritos indígenas.

No podemos hacer fotos, está prohibido. Lástima.

Frente al altar, el sacerdote lee las peticiones de oración, que le han hecho llegar los fieles, que están situados en los bancos de la mitad de la iglesia hacia adelante. “Que mejore la economía de una familia”; “Que el trabajo de fulanito sea próspero durante su estancia en EEUU”; “Que mejore de su enfermedad la señora tal”… éstas son algunas de las oraciones que oímos.

En la otra mitad, están sentados los que van a participar en los rituales mayas: en el centro del pasillo, sobre pequeños altares de madera, hay velas y flores, que colocan los chamanes.

Según la petición de sus fieles, encienden velas de un color u otro y alrededor ponen pétalos de flores, y lo rocían con un chorro de aguardiente, del que toman un trago después.

Realmente es fascinante ver a muchos de los indígenas entrando y saliendo de la iglesia, haciendo ofrendas y orando a un dios diferente del que es adorado en el altar principal.

Ha sido un espectáculo que difícilmente olvidaremos.

Salimos de la iglesia y vamos hacia el cementerio, cruzando el mercado. Las vendedoras visten sus trajes tradicionales de gran colorido, tejidos por ellas mismas. Según el diseño indica su lugar de origen.


El mercado parece un gran caos, pero está muy bien organizado: en el centro están los comedores, cubiertos con lonas o plásticos y grandes ollas humean a la vista de todo el que pasa. Más allá están los puestos de frutas y verduras. En otro lado venden pescados secos y ahumados. En primera línea venden máscaras tradicionales de diferentes formas y colores, expuestas simétricamente.

Y, entre todo esto, cerámica, flores, cajas de madera, condimentos, plantas medicinales, velas, cerdos, machetes…


Pero lo que llama más la atención son los tejidos realizados por las mujeres guatemaltecas en telares antiguos, incluso algunos pueden ser prehispánicos.


Entramos en el cementerio. Y lo primero que nos sorprende, es el colorido en el que están pintadas las tumbas y panteones.


El guía nos explica el significado de cada uno de los colores, todos en tonos pastel: blanco, amarillo, verde, azul... según el día de la semana que ha fallecido el primero en utilizar la tumba. (He leído en algún sitio que los colores definen si está enterrado un anciano, padre, madre, hijo o hija; me creo más la información de nuestro guía ya que él es maya).


Alguna de las tumbas o panteones tienen algo pintado en negro: significa que el que está ahí enterrado ha muerto de “un mal trabajo”, tanto de brujo como de curandero.

A los pocos minutos de llegar al cementerio, vemos a un chamán acompañado de la señora que le ha pedido el “trabajo” y nos preparamos para contemplar algo nunca visto por nosotros.


En una pequeña explanada entre tumbas, ya dispuesta para estos rituales, el chamán pone un montoncito de carbón y resina de copal haciendo una montaña circular; encima coloca un puñado de velas de colores y dos limones, y se pone a recitar y gesticular (desde donde nos encontramos, no lo oímos).


Un poco más allá, hay unos pequeños altares y, en uno de ellos, la señora coloca y enciende cuatro velas blancas y, alrededor, pone unas flores amarillas. Se arrodilla allí delante y, supongo, reza.

Cuando el carbón está bien prendido, la señora se levanta de donde está y se arrodilla frente a ese fuego. El chamán sigue gesticulando y, ahora, leyendo un libro: “Vida y milagros de Maximón”. La señora escucha con gran recogimiento.


Estamos sentados en la losa de una tumba, alejados unos cuatro metros, para no molestar. El sol aprieta, pero lo que ven nuestros ojos nos tiene atónitos y no queremos movernos.


Después de un par de horas asistiendo a este rito, decidimos seguir paseando por el camposanto.

Vemos como llegan más personas. Unas, acompañadas del chamán; otras, con el bote de pintura para restaurar la tumba de su familiar: está cercano el dos de noviembre y aquí se celebra con gran alegría y colorido, música, y comidas sobre las tumbas.


En otra parte del cementerio están preparando otro ritual pero, esta vez, sobre el carbón y las velas han puesto galletas.


También vemos en otro rito, que al lado del carbón han puesto dos huevos crudos. Si al calentarse explotan y, yema y clara va hacia adentro, se cumplirá lo que se está pidiendo. Por el contrario, si explota hacia afuera, no se cumplirá.

Más de tres horas hace que estamos en el cementerio cuando el guía nos lleva al Cerro Pascual Abaj, al que llegamos después de 30 minutos de subida por un sendero bastante abrupto.

Este lugar está compuesto por pequeños altares frente a la piedra del sacrificio, consagrada a un dios maya. Si el ritual lo exige, sobre la piedra se sacrifican gallinas.

En el altar principal hay también cuatro cruces, que representan los cuatro puntos cardinales. Se colocaron aquí a raíz del terremoto que asoló Guatemala en 1976, como una representación de unión entre la Iglesia católica con las tradiciones mayas, y para pedir que Guatemala no sufra otro terremoto.


Hubiera sido un buen colofón para esta jornada matutina maya si hubiéramos asistido a un ritual en este cerro.

Ya en el pueblo, entramos en una casa-museo donde tienen un altar para venerar a Maximón.


Nuestra estancia en Chichicastenango ha sido una experiencia mágica.

Son las dos de la tarde. Estamos en la gasolinera desde donde salen los autobuses. Todos ya están ocupados o reservados. Somos unos cuantos los que no tenemos transporte. Al final llaman al propietario de un microbús que nos lleva a Antigua, durante tres horas.

En la agencia Gran Jaguar Tours compramos los billetes para ir mañana hacia Cobán.

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GUATEMALA (I): Antigua, Volcán Pacaya, San Juan del Obispo


Relato del viaje realizado, durante 66 días, a Guatemala, México (Chiapas), Honduras, Nicaragua y Perú, desde el 19 de octubre hasta el 23 de diciembre de 2008

Día 19.- Puntualmente ha salido el avión de Barcelona, a las 9:25, con destino Ciudad de Guatemala, vía san José de Costa Rica.

Después de dieciocho horas y media de viaje llegamos a nuestro destino a las 19:30 hora local. Hora española: 3:30 de la madrugada. Hace veinte horas que estamos “en danza”.

Desde Barcelona habíamos reservado hospedaje en La Casa de Don Ismael, en Antigua, a 40 km. de Ciudad de Guatemala; una furgoneta enviada por ellos nos recoge en el aeropuerto.

En un momento del trayecto -ya oscuro- el bus que va delante de nosotros, sin señal de intermitentes, gira hacia la derecha y se adentra por un camino. Inmediatamente nuestro conductor se acerca a unos hombres, que están en el arcén, y les dice que avisen a la policía, pues cree que están atracando al bus. Parece ser que, los supuestos atracadores, han desviado al bus hacia un camino sin salida y hecho apagar las luces del interior. Según nos comenta el taxista, son frecuentes los atracos a autobuses por la zona.

¡Vaya recibimiento que nos da Guatemala!

Por fin llegamos al alojamiento, dejamos el equipaje y, aunque cansados, tomamos un primer contacto con la ciudad, que nos parece bellísima.


Antigua, designada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979, fue la tercera ciudad en esplendor en la América española y competía con ciudades como México, Puebla, Lima, Quito y Potosí. Fue capital española en Centroamérica, desde México hasta Costa Rica.


Ciudad colonial, aún conserva edificios del siglo XVI en buen estado de conservación y otros son ruinas simplemente. En este primer recorrido a pie, a través de sus bonitas calles empedradas y edificios pintados en tonos pastel, nos recuerda a muchas calles de pueblos y ciudades de Castilla.


Las calles están construidas como un damero así que, partiendo de la Plaza Mayor, van de norte a sur y de este a oeste.


Entre los edificios a destacar está la tercera universidad de América: la Universidad de San Carlos Borromeo, de estilo mudéjar, con un claustro central rodeado de gruesas columnas. Actualmente es el museo de Arte Colonial, que decidimos no visitar.




En la Plaza Mayor encontramos edificios como la Catedral, de estilo renacentista; el Palacio de los Capitanes Generales, de casi 20 mil metros cuadrados, que fue residencia del Virrey durante 200 años; el Ayuntamiento y el Portal del Comercio. En el centro está la Fuente de las Sirenas, que data de 1739.


Día 20.- Hoy es festivo en Guatemala. Se celebra el aniversario de la Revolución de 1944 que acabó con el gobierno dictatorial de Jorge Ubico y comenzó la democracia en el país.

Dedicamos el día a pasear por Antigua y a visitar, especialmente, el Convento de las Capuchinas, que fue el último monasterio de mujeres instituido en la ciudad.


El claustro principal es de columnas gruesas y bajas, diseñadas para resistir los temblores. La fuente que está en el patio no es la original. En el claustro de servicio está la cocina que tiene una chimenea poligonal. En el lado derecho se encuentran los baños (de cemento) y que disponían de agua caliente.


Por un corredor estrecho se llega a la “Torre del Retiro”, en forma circular, con un patio central y dieciocho celdas a su alrededor. Éstas son pequeñas, pero contaban con un área de retiro y su propio retrete, que se comunicaba directamente con los drenajes de la ciudad por un complicado sistema de desagüe que conectaba todo el edificio.




Otra de las características interesantes, es la columna circular situada en el sótano, que sostiene todo el edificio. Cocinas, lavandería, patios, capilla y sitios de castigo se integran al complejo.

Convento único en su tipo
En la antigüedad quienes ingresaban a un convento debían entregar una dote, es decir, uno o un conjunto de bienes. Capuchinas se diferenció de los conventos de la época precisamente por esto y muchas razones más, pues permitía el ingreso a su congregación sin hacer necesaria la entrega de bien alguno. Esto no significó un crecimiento desmesurado porque su población no excedía las 28 aspirantes a monja y la madre abadesa.

La iglesia era de una sola nave y, además del altar mayor, poseía dos áreas para coros, uno en la planta baja a un lado del altar y, el otro, en la parte superior al final de la nave.

Su construcción fue aprobada en 1725 por su majestad el rey Felipe V, y se realizó de 1731 a 1736 bajo la supervisión del Arquitecto Mayor de la Ciudad, Diego de Porres.

En la actualidad es la sede del organismo estatal encargado del Patrimonio Histórico de la ciudad.

Muchas de las construcciones que dejaron los españoles, en Centroamérica, son iglesias. Hoy ha sido el día para recorrerlas casi todas, pues las más importantes están cerca una de otra

La Iglesia y Convento de la Merced es uno de los iconos que identifican la ciudad colonial de Antigua. La fachada, de un bellísimo barroco, está realizada en estuco y pintada de blanco y amarillo pastel; posee tantos detalles que se pasan los minutos, observándola, sin darse cuenta.




Los Padres Mercedarios llegaron al Continente desde España en los primeros viajes de la colonización, así que la Iglesia y el convento fueron fundados a principios del siglo XVI.

Muy cerca, encontramos el Arco de Santa Catalina. Al fondo, está la majestuosa silueta del Volcán de Agua.


A finales del siglo XVII tuvieron que ampliar el Convento de Santa Catalina -de clausura-, pues había muchas internas; al no disponer de espacio a los lados del Convento, construyeron unas dependencias enfrente. Como las religiosas no podían acceder a la calle ni tener contacto con personas ajenas a la Orden y para que pudieran pasar de unas dependencias a las otras, fue necesario construir este arco.

La Iglesia del Hospital del Hermano San Pedro, es de estilo barroco y puede competir en belleza con la Iglesia de la Merced. Este santo vivió en el siglo XVI y fundó el hospital para los pobres de la ciudad. Fue santificado en el año 2002 y es el santo más venerado en la zona. Su tumba está anexa a las ruinas de la Iglesia de san Francisco. En lo que era el crucero central de la iglesia hay unos jardines y una fuente, que recuerdan al monje franciscano.


Día 21.- El Cerro de la Cruz, desde donde se divisa toda la ciudad colonial, rodeada de los volcanes de Agua, Fuego y Acatenango, es adonde subiremos durante la mañana de hoy.

El acceso a la cima del Cerro, en la que se encuentra una enorme cruz de piedra y a la que debe su nombre, se puede hacer en coche o a pie. Subimos caminando, creyendo que será un agradable paseo. Tardamos una hora en llegar por una carretera con bastante pendiente y, aunque el esfuerzo lo hemos notado -principalmente por el día caluroso- hace merecedor el cansancio: tenemos la ciudad a nuestros pies.


Tiempo atrás hubo problemas de seguridad. Es un lugar aislado del resto de la ciudad y se habían dado casos de asaltos a turistas. Ahora generalmente la policía vigila la zona.

Después del cansancio de la subida al Cerro de la Cruz, toca el Volcán Pacaya: queremos ver el fuego rojo que escupe el volcán; la magnificencia de la lava de noche.

A las dos de la tarde subimos a una furgoneta que nos lleva, durante una hora, hasta el pequeño poblado de San Vicente de Pacaya, muy cerca del volcán.

Me comenta el guía que el ascenso es muy duro y me propone subir a caballo. Un grupo de cinco personas cabalgamos durante más de una hora por un camino muy agreste, hasta llegar al pie del volcán de 2500 m. de altitud. Mi compañero hace el trayecto a pie con el resto de visitantes. Al llegar arriba me comenta lo difícil de la ascensión y que he hecho bien de subir a caballo.


Dejamos los caballos y nos proponemos a atacar la parte final del volcán. Para ello empleamos casi una hora y media trepando por un río de lava ya petrificado y con un viento, de cara, que dificulta más aún la ascensión.


Vamos algo retrasados en tiempo y el crepúsculo se nos echa encima. Al llegar al borde del cráter contemplamos cómo se desliza por la ladera la sangre de la tierra. El suelo está muy caliente y el viento cada vez sopla con más fuerza: es casi imposible mantenerse en pie. Sujeto firmemente a mi compañero para que pueda hacer fotos, pero el viento es imparable.

No podemos quedarnos más tiempo en la cima, es peligroso. El viento hace que haya pequeños desprendimientos de piedras y corremos el riesgo de caer sobre la lava en el estrecho pasillo donde nos situamos todos.


Alumbrados por nuestras linternas, acometemos el descenso que se nos presenta, si cabe, aún más difícil que el ascenso. Lo hacemos con mucha precaución para no resbalar en las rocas volcánicas que pisamos. Y, a pesar de ello, alguna que otra vez, la arena volcánica se desliza bajo nuestras botas y nos hacen caer.


A medio camino volvemos la vista hacia el cráter y, asombrados, vemos como desde el mismo lugar donde habíamos estado hace unos minutos dos ríos de lava serpentean montaña abajo. Estamos horrorizados.

Para bajar al pueblo prescindo del caballo, lo hago a pie, y me arrepiento a los pocos minutos. Ha sido una experiencia muy dura.

Día 22.- A un par de kilómetros de Antigua está San Juan del Obispo, en la misma falda del Volcán de Agua, adonde vamos en un bus público. Una de las características principales de este pueblo, de apenas seis mil habitantes, son los nísperos –buenísimos-, que venden a todo el país durante los meses de octubre a diciembre.


El nombre del pueblo se debe a que el Obispo Francisco Marroquín, hizo construir aquí su residencia, “de veraneo”, en el s. XVI. En la actualidad se conservan estancias del Obispo, junto con el mobiliario. El resto del edificio lo habita una congregación donde residen cinco monjas de la Orden de Bethania, una de las cuales, previa propina, nos enseña el edificio.

No podemos acceder a la iglesia por estar en obras.

A parte de lo dicho anteriormente, el pueblo no tiene nada más a destacar.

Continúa: GUATEMALA (II): San Marcos Atitlán, Chichicastenango


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Menciones recibidas




Desde "con mapa y gps": El primer blog de viajes al que comenzamos a seguir. Lo descubrimos buscando información sobre el PN Corcovado en Costa Rica y nos enganchó lo completo de sus relatos, la variedad y originalidad de destinos y sobre todo y por encima de todo la amabilidad y la cercanía de Mª Mercè...

Desde "Memorias del Mundo": Es difícil hablar de Mercè y ser objetiva, pues por ella siento muchísimo cariño y admiración. Solo puedo decir que es una viajera como pocas, de aquellas que no permanece indiferente y con un corazón inmenso, que no podía faltar entre mis favoritos.

Desde "myguíadeviajes": Una de las viajeras más apasionadas que he conocido, María Mercè no para de viajar y nos los cuenta todo en su genial blog.

Desde "Mi maleta y yo": Los viajes de Mª Mercè son toda una aventura...

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