Anterior: KENIA (I): Nairobi y alrededores, Safari Reserva Nacional Maasai Mara
Día 8.- A las 7 de la mañana nos ponemos en ruta, para llegar hasta el río Mara.
Durante el trayecto, cruzando la Reserva, vemos algunos de los animales que vimos ayer por vez primera: jirafas, ñus, cebras, gacelas...
Una pareja de leones –macho y hembra- cruza delante de nuestro vehículo sin molestarse en mirarnos. Al otro lado del camino, el macho se tumba al suelo y nos muestra su bella estampa.
Con pena, observo como una mamá elefante intenta sacar algo de jugo de un arbusto para dárselo a su pequeñín sediento. No lo consigue. Examina otros ramajes, buscando y rebuscando algún fruto. No lo consigue. Se la ve cansada. Con la piel agrietada y seca. Los colmillos no tienen el color del marfil. Se unen al resto de la manada y siguen su camino en medio de una sabana sin vida.
Joseph detiene el coche. Está muy contento porque, hasta ahora, hemos visto animales que son difíciles de localizar; y nos señala un árbol. No logramos distinguir qué es lo que quiere que veamos. Acerca el coche un poco más. Y ahí, subido al árbol y medio oculto entre el ramaje, vemos la estética figura de un guepardo descansando.
Por fin, hacia la una del mediodía llegamos al Río Mara. Aquí es donde, en mejores tiempos, se produce la “gran migración” y sólo encontramos una pequeña familia de hipopótamos medio sumergidos en las chocolateadas aguas del río. No hay casi caudal. Y de tierra al agua hay más de dos metros de altura. No; ni ñus ni cebras pueden salvar esta distancia sin partirse el cuello. Y la temporada de lluvias sigue sin llegar.
De vuelta al campamento, un par de leonas descansa a la sombra de unos arbustos. Más adelante, unos búfalos pacen soportando a unos pajarillos, que los están despiojando hasta dentro del orificio de la nariz.
Día 9.- A las 6:30 de la mañana entramos otra vez en la Reserva. El sol hace media hora que se ha despertado e inunda con sus dorados rayos la sabana. El paisaje se torna diferente al de los días anteriores.
Justo al mismo borde de la pista, dos leonas acaban de despertar y buscan, a derecha e izquierda, su desayuno. En otro lugar, un hermoso león levanta su hocico: parece que ha olido comida. Y, pausadamente, se levanta y aleja.
Y de nuevo, durante la ruta, se cruza ante nosotros la manada de elefantes que, con la luz del sol naciente, me parecen más delgados.
Son casi las nueve de la mañana cuando, regresando al campamento para desayunar, vemos en la entrada de la reserva a varios pastores maasai con sus rebaños en busca de pastos frescos.
Desde hace cuatro años una severa sequía azota a los Hombres de la Tierra y a su ganado, que buscan -entre la reseca sabana- unas briznas de hierbas verdes que los alimenten. Tienen sus cuerpos secos y la mirada perdida. Y los árboles alzan sus desnudas ramas, hacia el cielo, clamando justicia.
Después de un escaso desayuno dejamos el Maasai Mara y, tras varias horas de viaje, a las cuatro de la tarde llegamos a Nakuru.
El paisaje hasta aquí es completamente diferente al visto en el Maasai Mara: grandes extensiones de plantaciones de té, de un verde intenso, se pierden en el horizonte.
Día 10.- A las siete de la mañana nos dirigimos al Parque Nacional Lago Nakuru, situado a 157 Km. de Nairobi y en el Gran Valle del Rift. Dentro de su perímetro se encuentra el Lago Nakuru, refugio de aves migratorias, particularmente de flamencos, donde se agrupan casi dos millones de ellos confiriendo el más grande espectáculo del mundo, pues toda su extensión -188 Km2- se cubre de color rosa, debido a un alga que hay en el lago con la que se alimentan.
Tras dejar las áridas tierras del Maasai Mara, este Parque se me antoja el paraíso para los animales que aquí habitan.
Babuinos, y otros monos, trepan a los árboles a nuestro paso. Graciosas gacelas, mueven nerviosamente su pequeña cola espantando a los molestos insectos.
No han pasado ni dos horas, desde que estamos aquí, cuando aparece frente a nosotros el último “de los cinco” que nos faltaba ver: el rinoceronte blanco. Rodeados de cebras, bisontes de agua, jirafas, facoqueros y otros rinocerontes, una inmensa mamá de varias toneladas de peso, con su pequeñín, pace tranquilamente. Y de fondo, un frondoso bosquecillo de acacias amarillas completa el espectáculo.
De repente, Joseph da un volantazo, cambia de dirección -no sé cómo este hombre, puede estar mirando en todas direcciones mientras conduce- y detiene el coche a una prudente distancia de una leona que está “guardando” el cadáver destripado de un búfalo, que le ha servido de desayuno.
Un grupo de buitres, hienas y chacales esperan que la leona se aleje para dar buena cuenta de los restos del cadáver. Unas decenas de metros más allá, bajo la sombra de una acacia, tres leonas y un cachorro hacen la digestión del “tentempié”.
Subimos a lo alto de una pequeña colina donde hay un “área de descanso”, con un mirador que da al Lago Nakuru. Aquí podemos bajar de la furgoneta para estirar las piernas. Los animales salvajes no llegan hasta aquí.
Mientras con tristeza miro al lago, mi compañero se aleja unos metros para hacer algunas fotos cuando, entre unos arbustos, se encuentra cara a cara con un búfalo. Los dos detienen en seco su marcha. Se miran. Sólo les separan unos 20 metros. Mi compañero tiene la suficiente sangre fría como para hacer una foto a la enorme bestia. Ninguno de los dos se mueve. Pasan unos eternos tres minutos hasta que el búfalo da media vuelta y se va.
Cuando regresa, explica su experiencia y Joseph y Peter muestran su preocupación: el búfalo es un animal muy peligroso que ataca sin motivo alguno.
Frente a nosotros se extiende un espectáculo desolador: el lago se está secando y ha formado una “playa” de más de 300 metros. Y de los miles de flamencos, sólo queda un pequeño grupúsculo que apenas se distingue desde el lugar en que nos encontramos. Todo es tristeza.
Nos acercamos hasta el lago. Si no llueve en los próximos días morirán muchos animales.
Después de comer, nos despedimos de Peter y Joseph. Estamos en la estación de autobuses. Esta noche salimos hacia Jinja, Uganda.
Siguiente: UGANDA (I): Jinja, Kampala, Fort Portal, Kasindi





























No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada