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Día 12.- Mientras estamos desayunando en el Caravanserai, se acerca Alí y nos dice que está a nuestra disposición durante el tiempo que estemos en Tamanrasset.
Al primer momento nos quedamos sorprendidos, pues nuestra relación con él sólo era para el circuito, pero ya sabemos... así son los hombres del desierto.
Como el sol se ha levantado con mucha energía, le pedimos que nos acompañe hasta la ciudad para comprar los billetes de bus hacia Adrar, situada a 1200 Km. de distancia.
Saldremos a las nueve de la noche, así que hemos de comprar algo para comer durante el trayecto, pues sólo pararemos para lo justo.
Remoloneamos -a resguardo del calor- en el Caravanserai hasta las ocho en que vuelve Alí a recogernos para llevarnos a la parada de autobús.
En el momento de despedirnos del director del alojamiento, nos entrega un documento con nuestros nombres, número de pasaporte y varios sellos, en el que certifica que hemos estado alojados aquí y que hemos hecho con la Agencia M'Zab Tours un circuito. Nos explica que es por si hubiera posibles controles de policía, para que sepan que no hemos estado "desamparados" por el país.
Subimos al coche y, además de Alí, viene con nosotros el propio director del Caravanserai. Nos despedimos cordialmente, y se van mientras nos quedamos esperando la salida del autobús.
Entre subir pasajeros, paquetes (no lleva maletero), vendedoras ambulantes, sobra gente, falta gente..., salimos a las nueve pasadas.
El viaje es aburrido. No podemos disfrutar del paisaje, pues ya hace horas que ha anochecido y la carretera parece hecha con tiralíneas.
Día 13.- Estamos dormitando y el autobús se para. Los pasajeros empiezan a bajar. Son las tres de la madrugada. Creemos que estamos en algún lugar para descansar, pero nos damos cuenta que, delante nuestro, hay una larga hilera de coches, camiones y autobuses parados con el motor apagado. Pasan los minutos y no hay señales de movimiento. Entonces decido preguntar. Estamos a las puertas de una población y un control policial no deja pasar más allá -por seguridad- me dicen. Seguridad ¿de qué? Es zona por la que se mueven terroristas y pueden asaltar a los vehículos. Estaremos aquí hasta que amanezca.

A las cinco nos ponemos, nuevamente, en marcha en un tedioso trayecto sin ver ni una señal de vida.
Cruzamos una tormenta de arena. El cielo se torna de color amarillo-anaranjado, tapando el sol violentamente y llegamos a las 9:30 h. a In Salah, parando en un cruce de caminos frente a varias cafeterías. Las calles que tenemos a nuestro alrededor están invadidas por la arena del desierto; sigue soplando el vent de sable y parece una ciudad fantasma.
La ruta sigue por Reggane y otras pequeñas poblaciones hasta que, a las 15:45 h. llegamos a Adrar, capital de la wilaya del mismo nombre, situada en un oasis de la Régión du Gourara.
Estamos muy cansados y acalorados. Decidimos no seguir hasta Timimoun y descansar lo que nos queda de tarde.
La ciudad ha cambiado mucho y no sé orientarme, a pesar de que he estado cuatro veces, y pregunto a dos señoras, que vienen de frente, dónde está el hotel Timi. Me comentan que ha cambiado el nombre y que se llama Hotel Touat (hoteltouat2002@yahoo.fr) y en vez de indicarnos, nos acompañan hasta la misma puerta, siendo dirección contraria a la que ellas iban. Está situado en uno de los costados de la plaza principal.
Después de una refrescante ducha salimos a pasear por la ciudad. La Grand Place está muy cambiada: la han reurbanizado, poniendo palmeras, las calles están asfaltadas y han puesto una amplia acera. Los edificios, siguen pintados en color rojo y blanco, tal como es tradición en los pueblos y ciudades de la zona.

Día 14.- Después de desayunar vamos a la parada de autobuses y nos dicen que desde aquí no salen los buses hacia Timimoun y, entre uno y otro, nadie nos acaba de decir exactamente dónde es.
Caminamos hacia donde nos ha indicado más de una persona y encontramos a un policía regulando el tráfico. El lugar ha de ser por aquí, pero no se ve ningún bus y le pregunto al guardia. ¡Me dirige a la parada de dónde venimos!
Estamos confusos. Tan sólo nos separan 150 Km., es la segunda ciudad, después de Adrar, y nadie sabe de dónde salen los buses y nos recomiendan que vayamos en un taxi colectivo, pero no está en nuestros planes.
Llegamos a la parada de taxi y enfrente hay una gasolinera. Me dirijo a preguntarles si saben dónde están los dichosos buses y uno de los empleados, se ofrece a llevarnos en su coche.
Durante el trayecto nos pregunta de dónde somos, y se lo digo. Y responde: “Yo tengo una amiga en Barcelona que se llama Mercè y me parece que eres tú”. Lo miro perpleja, pues no recuerdo para nada su cara. Resulta que es pariente de mis amigos y lo conocí en uno de mis anteriores viajes, pero como ha cambiado mucho, cualquiera lo reconoce! Total: saludos afectuosos, cómo está la familia, los hijos..., etc.
Llegamos a una parada y allí le dicen que el bus ya ha salido y que vaya a otra. Por lo visto hay varias compañías que hacen el trayecto, por eso a cada uno que preguntábamos nos mandaban a un sitio diferente.
Por fin encontramos uno que saldrá en tres horas. Dejamos, en la oficina, el equipaje, él regresa a su trabajo y nosotros damos un largo paseo por la ciudad.
Llegamos a Timimoun a las cuatro de la tarde y buscamos un lugar para comer. Hace mucho calor. La avenida principal me tiene desconcertada con tantos comercios, cafeterías y pizzerías y mucha, muchísima gente.


Después de comer llamo a Ahmed y en 15 minutos está frente a nosotros con Larbi, uno de sus hermanos. Nos saludamos cordialmente -estamos en un lugar público y no podemos demostrar nuestros verdaderos sentimientos al vernos después de tantos años.
Subimos a su coche y damos un largo paseo por la ciudad y pasamos frente a la vieja casa familiar, donde pasé tantas y tantas horas felices; hasta que llegamos a la nueva casa.
Estoy muy emocionada; casi temblando. Hay mucha gente o es lo que me parece. Todos sonrientes. Pero voy directa a abrazarme con Ummi Zaouia; mamá Zaouia.

El abrazo es largo, profundo y, entre sollozos, nos vamos diciendo Ana bahibbak (Te quiero). No sé cuánto tiempo hemos estado abrazadas, pero al separarme veo que todo el mundo está en silencio, observando, casi sin saber qué nos ocurre. La tomo de la mano y la acerco a Eduardo. Hace unos años Zaouia, tuvo glaucoma en los dos ojos y quedó ciega.
Y, en una esquina, veo a mi hermana Khadidja, secándose las lágrimas y acudo hacia ella para abrazarla y con un hilo de voz me dice: “Ma soeur, j'ai raté beaucoup” (Hermana mía, te he extrañado mucho). Ella misma se separa de mí para que vaya a saludar a los demás y mientras beso y abrazo, voy presentando a Eduardo.
Estamos varias horas hablando con un té entre las manos, hasta que llega la hora de la cena y vamos a casa de Ahmed. Su bella esposa y yo nos abrazamos largamente y nos hace pasar a la sala principal.
Una espigada y sonriente jovencita se acerca a saludarnos. Es su hija mayor, que ya tiene 12 años y la conocí siendo una traviesa chiquilla. Unos grandes ojos negros se esconden tras la puerta. Es la mediana -de seis años-, vergonzosa al principio, su padre la llama y entra sonriente y también nos saluda. Y por entre las piernas de su madre, viene otra señorita, que hoy cumple un añito. Fatna y Ahmed tienen tres hijas como tres soles.
Día 15.- Después del desayuno, salimos a pasear por la ciudad.
Timimoun, asentada en el corazón del Sahara y a 1300 Km. de Argel, pertenece a la región de Gourara y a la provincia de Adrar.
Desde el mismo momento de la llegada, Timimoun no deja de sentirte indiferente. La ciudad está situada en un oasis, al sureste del Gran Erg Occidental, formado por un inmenso palmeral rodeando una extensa superficie salada, la sebkha (antiguo lago salado) y, a lo lejos, un mar de dunas lleva la vista hasta el infinito.

Forma parte de la trilogía de ciudades rojas con In Salah y Adrar, pero Timimoun es, sin duda, la más atrayente de las tres. Sus edificios, en color ocre-rojo y de estilo sudanés, están levantados sobre un lugar elevado.
Hay un gran bullicio de gente y vehículos. Hemos tenido una gran suerte: es la Fête du Mawlid Ennabaoui Echarif (o Mouloud en dialecto argelino). Es la Fiesta del nacimiento del Profeta, que pude disfrutar en mi primer viaje aquí, y Timimoun es el lugar -en toda la región- donde convergen muchas de las tribus del desierto que, durante siete días, recitan el Corán, danzan al son de música sufí, o charlan bajo las estrellas y sobre una duna, y en torno a una fogata, con un delicioso té entre las manos
La ciudad está cruzada por la larga Avenue de la Independence, la cual separa dos barrios bien definidos: el construido por los franceses, con sus calles perpendiculares y muy amplias y, dominando el palmeral, el Vieux Ksar (del que hablaré cuando vayamos a visitarlo).


Nos acercamos al antiguo Hotel L'Oasis Rouge, verdadera joya, cuyas paredes interiores están totalmente esculpidas con motivos beréberes y actualmente es sede de un centro cultural donde vemos una exposición de artesanía.

Justo enfrente, y en la Place de la Independence, hay un Marabú, mausoleo donde está enterrado un santo de la ciudad y se dice que si se da siete vueltas a su alrededor regresas a la ciudad.

Entramos al mercado donde podemos ver frutas, verduras y carne, cuyos puestos están regentados sólo por hombres.

El paseo nos lleva hasta la preciosa Porte du Sudan, levantada en el año 1900, que es la que daba entrada al principal barrio de la ciudad, en tiempo de los franceses.

Regresamos pronto a casa, ya que esta tarde iremos a ver la Fête du Mawlid que, después de siete días de celebraciones, está llegando a su fin.
A las afueras, en un gran descampado, se ha concentrado un nutrido número de personas, principalmente hombres, jóvenes, y alguna mujer con sus hijos. Del fondo aparece, corriendo y gritando el nombre de “Allah”, un grupo de hombres vestidos con gandoura y cheche de un blanco impoluto, armados con escopetas que, a una señal, disparan al aire o al suelo, una bocanada de pólvora. Otros, llevan los vistosos estandartes de las diferentes cofradías sufís.


Es un espectáculo que te llena el estómago y el pecho de sensaciones difíciles de olvidar, que hoy han vuelto a renacer en mí.


Eduardo no sabe dónde colocarse para ver mejor estas danzas rítmicas, acompañadas por el embriagante sonido de las darbukas, panderos, flautas y los cantos de los hombres.

Mientras estamos los dos aquí, han ido a buscar a las mujeres de la familia.
Nos repartimos en dos coches: en uno, mujeres y niños y, en el otro, los hombres. Ellas, elegantemente vestidas, para asistir al final de la Gran Fiesta, que se celebra en una aldea, cercana, ya en el desierto.
Nosotras buscamos un sitio elevado para poder visualizar mejor lo que acontece. Hay cientos de miles de personas. De repente llegan unos jinetes sobre blancos dromedarios, acompañados por los que portan los estandartes.

Los cantos son frenéticos y las mujeres lanzan al aire su yuyu, como un “ánimo” a los hombres guerreros. Se utiliza en casi todos los actos sociales, culturales y religiosos donde se le permite asistir a la mujer.


Al final, cuando en el horizonte el sol se está ocultando, hacen una oración colectiva, dando gracias a Allah.


Día 16.- Hace mucho calor, pero como el ambiente es muy seco, es soportable.
Nos dirigimos al Vieux Ksar, la ciudad vieja, construida durante el periodo almohade en el siglo XII. Es un auténtico laberinto de callejuelas estrechas y cubiertas, que permiten una climatización natural.
Todas las paredes están pintadas de color ocre-rojo y el sol, cuando se asoma entre las callejas, da una visión casi irreal.



Las calles, la mayoría con arena del cercano desierto, están vacías y nos llevan hasta el palmeral.
Toda la felicidad que llevo en mi interior, se torna en una amarga tristeza ante lo que ven mis ojos: el desierto ha avanzado inexorablemente hacia la ciudad y la mayoría de las palmeras han muerto, están caídas al suelo, los pequeños campos de cultivo -que se refugiaban de los ardientes rayos de sol, bajo las palmeras-, se han secado. El agua, que llegaba hasta aquí a través de un sistema de regadío en forma de peine, ha desaparecido por la carencia de lluvias en el último año y por la abundancia de sal que tiene la poca que llega. El palmeral se está muriendo. Ese oasis de paz, que rodeaba a Timimoun, está agonizando.

Salimos del palmeral en silencio y abatidos ante lo que hemos visto, y regresamos a casa.
Del 17 al 21.- Días en familia con charlas, música, risas y alguna lágrima. Comiendo y cenando en casa de uno u otro de los hermanos.
Durante toda una jornada hicimos el circuito del Gourara. Se trata de un circuito circular de unos 80 Km., que pasa por varias poblaciones oasis al norte y este de Timimoun.
Una de las poblaciones visitadas fue Izgher, la cual posee un ksar en estado ruinoso, con calles muy estrechas y una gran cueva donde se refugian, en verano, para evitar el sofocante calor.
En la ruta también vimos castillos fortificados construidos entre los siglos IX y XII.

Y una de las cosas más asombrosas que hay en esta región son las foggaras: un sistema de canales subterráneos, enterrados al nivel de la capa freática para transportar el agua del subsuelo utilizando el sistema de los vasos comunicantes para hacer circular el agua. La parte visible de este curioso sistema son los puntos de salida del agua al exterior y son utilizados principalmente para suministrar agua a los oasis.

Uno de los días cenamos, con algunos amigos, en las dunas, al resguardo de una palmera. Llegamos antes de la puesta de sol. Ese Sol que, en África, se despierta y acuesta con todo su esplendor y su bellísimo matiz de colores. Y siempre, siempre, el té.



Hemos paseado una y otra vez por la ciudad disfrutando de todos sus olores, deslumbrándonos por sus colores, deambulando sin que nadie nos moleste, y volviéndola a grabar en mi corazón, por si no hubiera otra vez…
Día 22.- Ha llegado el día de la despedida. El momento que no queríamos que llegara, pero hemos de seguir ruta hacia el norte: a Ghardaia.
Mi relato, de estos momentos, ha quedado vacío de palabras.
Mohamed, antes de que salga nuestro autobús, nos acerca hasta el pie de las dunas, más allá del palmeral. Y me despedido de ellas…

Loin déjà et pourtant
si bien ancré dans le coeur,
désert, tu me manques.
Et vous,
gens de là-bas
qu'il est loin votre sourire;
un jour peut être,
dans longtemps,
nos chemins se couperont
à nouveau.
********
Lejos ya, y sin embargo
bien anclado en mi corazón,
desierto, me haces falta.
Y vosotros,
gentes de allí
qué lejos está vuestra sonrisa;
un día quizás,
en mucho tiempo,
nuestros caminos se cruzaran
nuevamente.
(Poema de Jean-Pierre Petit)
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13 comentarios:
Tout d'abord, tout d'abord je te le dis très fort!!! : Ana Bahibbak, Merche et je sais que anti aussi!!!
QUEL MERVEILLEUX CADEAU!!
Je continue ma lecture, ma promenade ma main dans la tienne et je reviens!!!Je ne pouvais continuer à lire sans me précipiter pour te dire que tu m'as rendue heureuse ..
Mille et un bisous , à tout de suite.. et plein de yuyus!!!
Shukran jazilan ﻼﻳﺰﺟ اﺮﻜﺷ , Mª Mercè!!!
Estoy emocionada ... mucho, ni te imaginas que estás haciendo mis sueños realidad.. porque contigo he pisado este suelo que tanto y por tantas razones QUIERO...
Je te le dis à nouveau, ana bahibbak!!Beaucoup!
que hermoso relato,por unos instantes me has sabido llevar al corazon del desierto..
gracias por compartirlo con nosotros
jeanette
Que lugares mas impresionantes y que experiencias tan intensas.
Saludos
Me sigue emocionando ver todos estos lugares, qué maravilla!
Con tu relato me han llegado hasta los olores, una de las cosas que más me apasionaban, todo tiene un olor característico, personal.
Me da pena la agonía del palmeral.
Las fotografías llenas de luz y color, con un encuadre perfecto
Gracias por compartir todas estas experiencias
Besos
Hola Ma.Mercé!,
Muchas gracias por compartir esta belleza. De las mejores fotos que vi en blogs.
Me hago tu seguidor.
Un abrazo desde Argentina.
Norber.
www.viajeroliterario.blogspot.com
Hola Norber...
Bienvenido y gracias por tus palabras.
He ojeado tu blog y veo que eres un apasionado de África. Ya somos dos!!
En unas semanas voy hacia allí...
Un saludo!!
Bonitas fotos e inmenso y trabajado reportaje. Mi enhorabuena.
Yo siempre digo que viajando, conociendo otros lugares y gentes, se cura el racismo y la xenofobia. Lo único que el riesgo y la incomodidad no arruinen una bonita experiencia como la que cuentas.
Un saludo.
Cayetano, sé bienvenido.
Tus palabras, viniendo de un Profesor, son un halago para mí.
Un afectuoso saludo!
Hola!!!!!!!!
Que experiencia mis viajes quedan en miniaturas, al lado de los tuyos, debes tener tantas imágenes, gustos y olores de esos lugares, seguro que esas sensaciones jamás se irán de vos y además quedaran plasmada de por vida en la Web, gracias por compartirla con nosotros.
Un abrazo de oso
Que maravilla de viaje
Bonitas fotos y bonito relato, esun placer viajar de tu mano. Un beso
Las fotografías de los hombres armados sí que dan miedo, ¿còmo hacias para pasear entre ellos sin salir corriendo?
Parece otro mundo, a veces mucho más lindo otras mucho más temerario.
Brenda Zaniuk
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