Día 21.- A las 11:30 h., puntualmente, ha salido el avión de Ryanair dirección al aeropuerto de Trapani, en la parte occidental Sicilia. Dos horas después de salir de España estamos frente a una oficina de alquiler de coches, en el mismo aeropuerto siciliano. Hacemos los trámites pertinentes y enfilamos dirección Erice, situada a tan sólo 12 Km.
La carretera hasta aquí es zigzagueante e interminable, pero compensa las espectaculares vistas del mar, que parece estar al alcance de la mano.
No se puede acceder al casco urbano en automóvil. Hay un gran aparcamiento para dejar el coche en Porta Trapani, de origen normando, y entrada natural a la ciudad.
La ciudad se alza sobre el Monte San Giuliano, a 751 m. de altura. Fue sede del culto a Venus, la diosa de la fertilidad, cuyo templo ocupaba el lugar sobre el que hoy se alza el Castello di Venere, detrás de los jardines de Villa Balio, con un escudo del emperador Carlos V presidiendo su puerta.
El marcado perfil de Erice, recortado sobre el Mediterráneo, era la primera referencia que tenían los navegantes cuando se acercaban a la costa oeste de Sicilia, que revive aquí su pasado medieval. Sus calles empedradas llevan la historia marcada en las piedras de sus empinadas cuestas.
Cuenta la historia que fue fundada por los exiliados troyanos, que aquí desembarcaron después de la huída de Troya mezclándose con la población local, los Sicanos. Posteriormente, fue administrada, durante varios siglos por los cartagineses. Del período romano se sabe muy poco, así como del bizantino.
Erice volvió a florecer en la historia con la llegada de los árabes que conquistaron la fortaleza en el año 831, y promovieron el desarrollo económico del burgo. Los normandos bajo el mando de Ruggero d’Altavilla la asediaron y conquistaron en el siglo XII dándole el nombre de Monte San Giuliano y es cuando adquiere el dibujo urbano de callejuelas sobre el que posteriormente se fueron edificando palacios, murallas e iglesias.
Hoy Erice es un punto de veraneo de algunos sicilianos y extranjeros, con segundas residencias, pero sobre todo es un tesoro arquitectónico perfectamente conservado.
Por la calle Vittorio Emanuelle II ascendemos hasta la Piazza Umberto, que aglutina la vida social de Erice.
A la izquierda, antes de la plaza, una callejuela nos abre a la explanada de la Chiesa Madre, construida en 1314 bajo el reinado de Federico III de Aragón. Su particular campanario, separado de la iglesia, es en realidad una torre de vigilancia de la Corona de Aragón de 1315.
Paseamos por sus empinadas calles hasta llegar al Castello di Venere, en estado ruinoso, pero que sugiere tiempos de gloria cuando, allá por el siglo XII, se construyó sobre el templo de Venus (Venere).
Llegamos a Palermo, que ya ha anochecido, y nos dirigimos al Hotel del Centro, en Via Roma, en el cual tenemos reservada una habitación desde Barcelona, con desayuno incluído.
Día 22.- Temprano y con el plano de la ciudad en la mano, salimos a recorrer la capital de Sicilia, unas de las ciudades más pobladas y ricas, culturalmente, del Mediterráneo Antiguo. Palermo ha conservado el testimonio de la cultura de todos sus conquistadores: fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos, árabes, normandos, catalano-aragoneses, españoles y austríacos; todos dejaron su huella en la ciudad.
Los itinerarios o rutas se pueden plantear por épocas y estilos. Como casi siempre, lo más sugerente será callejear y descubrir Palermo a través de las sorpresas que depara cada esquina que se abre a importantes tesoros.
Lo cierto, es que los vestigios de los diferentes conquistadores de la ciudad son tan variados que permiten coexistir la Mezquita arabo-normanda de San Giovanni degli Eremiti, con la genial Catedral, o la Piazza dei Quattro Canti donde convergen las dos vías principales de la ciudad: Corso Vittorio Emmanuele y Via Maqueda, situada justo en la parte posterior del hotel donde nos alojamos.
Observamos que las calles principales no son tan amplias como en algunas otras ciudades que hemos estado, aunque el tráfico de vehículos y personas es continuo.
Lo primero que visitamos es la Piazza dei Quattro Canti, situada en el mismo centro histórico. Fue proyectada a principios del siglo XVII por Giulio Lasso, quién estructuró las cuatro fachadas cóncavas de los palacios barrocos que dan a la plaza, en tres estilos: dórico, jónico y corintio en las tres plantas de los edificios.
En la parte inferior posee cuatro fuentes que representan las cuatro estaciones; el primer piso contiene las estatuas de los reyes españoles Carlos V, Felipe II, Felipe III y Felipe IV. Y sobre ellos, en el último piso, están las estatuas de las cuatro santas de Palermo: Oliva, Ágata, Ninfa y Cristina.
Una calle estrecha nos lleva hasta la Piazza Pretoria, custodiada por el Palazzo Senatorio, actual Ayuntamiento y por la Chiesa di Santa Caterina. En el centro se encuentra la Fontana Pretoria, a la que rodean numerosas esculturas.
A escasos 100 m. encontramos la Piazza Bellini, donde está La Martorana, seguramente la iglesia medieval más conocida de la ciudad. Levantada en 1143 y donada ese mismo año a la orden de monjas benedictinas, cuyo convento fundado por Eloísa Martorana, era contiguo a la iglesia.
A través del elegante campanario-pórtico de cuatro plantas con ventanas bellísimamente decoradas y delicadas columnas ornamentadas del siglo XII, accedemos al interior, dividido claramente en dos partes, la principal, con los techos decorados de mosaicos bizantinos (anteriores a los de la Capilla Palatina y más ricos), y otra con dos naves, añadidas en el XVII, con frescos muy bien conservados.
Actualmente la iglesia se utiliza como centro de culto del rito ortodoxo griego.


Retomamos el Corso Vittorio Emanuele hasta llegar a la Catedral, que por haber vivido muchas civilizaciones en la ciudad, este edificio ha sufrido continuas restauraciones, la última de ellas en el siglo XVIII.
Fue templo paleocristiano; iglesia bizantina; y mezquita, después de la conquista de los árabes en el siglo IX. Actualmente se pueden contemplar varios estilos: gótico, gótico-catalán y neoclásico y alguna columna de cuando fue mezquita. De la fachada principal, arrancan dos arcos ogivales que se rematan sobre el Palacio Arzobispal.

Y justo al lado está el Palazzo dei Normanni. Nuestro interés es ver la Capella Palatina, decorada con mosaicos bizantinos de la época árabo-normanda de la ciudad, pero para acceder a ella se ha de pagar la entrada a todo el recinto y el precio es de 8,5€, que hemos encontrado muy abusivo.Detrás del Palazzo dei Normanni, encontramos la Via dei Benedettini, donde se encuentra la Chiesa di San Giovanni degli Eremiti, buen ejemplo de la mezcla de estilos árabe y normando.
Callejeamos hasta llegar a la Piazza G. Verdi, para contemplar el Teatro Maximo de líneas neoclásicas, presidido por una fachada en la que se muestran seis grandes columnas corintias. Es considerado unos de los más afamados teatros líricos de Italia. Los cinéfilos no olvidarán las últimas escenas de El Padrino III grabadas en la escalinata y el teatro.
Por la Via Ruggero Settimo llegamos a la Piazza Castelnuovo para admirar el Teatro Politeama, construido entre 1867 y 1874 siguiendo un curioso estilo pompeyano. El frontal representa un altorrelieve en bronce: la Cuadriga dell’Apollo.
Al otro extremo de la plaza se halla, en medio de palmeras, un hermoso Pabellón de Música de mármol.Todas las callejuelas de Palermo nos recuerdan al Barrio Gótico de Barcelona o al Barrio de la Barceloneta: edificios con dos plantas, balcones con barandillas en hierro forjado, ropa en los tendederos a la vista de los transeúntes y niños correteando.
Día 23.- Antes de salir de la ciudad y con el coche, nos llegamos hasta las Catacombe dei Capuccini, situadas bajo el homónimo convento en Via Cappuccini, es una de las visitas turísticas más dispar y morbosa, que hayamos podido contemplar.Desde el siglo XVII los frailes comenzaron a enterrar a los palermitanos que podían costearse el costoso proceso de momificación que descubrieron los monjes.
Básicamente los pasos que llevan a la conservación de los cadáveres pasan por mantener el cadáver en una cueva de ambiente muy seco para que el cuerpo “sude” la humedad durante ochos meses, para posteriormente exponerlo al sol tras un baño de vinagre en una terraza hasta que la piel se acartone, dotando a los gestos de la cara muecas grotescas y desencajadas.
Inicialmente todos los cuerpos tenían ojos de cristal que los soldados estadounidenses saquearon tras el desembarco, en Sicilia, durante la II Guerra Mundial. La mayoría de las momias expuestas en las catacumbas -unas 8.000- datan del siglo XIX. Ataviadas con sus mejores galas, las momias están colocadas en hileras, de pié, tumbadas o colgadas, y ordenadas por sexo, edad y condición social.
Son especialmente macabras las momias de los niños, en especial la de una niña de dos años embalsamada en 1920 y cuyo cuerpo se conserva casi intacto.
Menos mal que hemos estado solos durante el recorrido, pues hubiera visto movimientos donde no podía haberlos.
Con estas imágenes en la retina nos dirigimos hacia Cefalú, a 70 Km. de Palermo y erigida a los pies de un promontorio.
Las murallas, aún visibles frente al mar, son del período helenístico-romano. Como en el resto de Sicilia, los árabes la gobernaron hasta el inicio del siglo XI, que los normandos la reconquistaron, dejando tantos signos, que la llaman la “ciudadela normanda”.
Dejamos el coche a las afueras de la ciudad y a los pies de La Rocca, donde subimos por una empinada cuesta, hasta los 270 msnm. En lo alto están los restos del Templo de Diana, desde donde contemplamos, a nuestros pies, la ciudad con el Mar Tirreno bañando su costa.
Un mito griego cuenta del amor y desventura de un bello pastor llamado Dafnis, hijo de Mercurio y una ninfa, que fue cegado por la diosa Hera, cuya hija él había traicionado y lo transformó en el colosal peñasco que domina Cefalú y que da nombre al lugar, pues los antiguos habitantes griegos, la veían como una gran cabeza.
El Corso Ruggero, la calle principal del casco viejo, marcaba los límites de la ciudad durante la Edad Media. Hoy se alinean iglesias barrocas y palacios nobles a ambos lados de la calle, donde también se pueden ver las tiendas más exquisitas de la ciudad.
Es aquí donde se ubica el Osterio Magno, que fue la residencia del rey normando Roger II. Éste, durante una peligrosa travesía llegando a Sicilia, hizo la promesa de construir una iglesia en el mismo lugar donde desembarcara si sus naves no zozobraban y por eso mandó construir la Catedral, a la que se accede por una escalinata, que fue consagrada en el año 1131, en cuyo interior albergaría el panteón de los reyes normandos de Sicilia, pero sus sucesores decidieron que fuera en la catedral de Palermo.
Se dice que tiene la fachada más hermosa de Sicilia. El pórtico, que tiene tres arcos, aparece flanqueado por dos torres de esbeltas proporciones. Sinceramente la encuentro muy bonita.
El interior, en cruz latina, tiene tres naves separadas por 16 columnas de granito y base de mármol. El techo es de madera con las vigas policromadas y de dos aguas, lo que denota una gran influencia árabe.
El ábside, la bóveda de crucería y las paredes inferiores a ellos están decorados con mosaicos, encargados expresamente por el rey Rogelio II. Son de temas bizantinos y el más importante es el Cristo Pantocrátor, en el ábside, con alguna modificación de los Pantocrátor auténticos. Éste tiene unas mechas rubias como los normandos, en la frente; las cejas y barba oscuras como los árabes y la nariz fina y recta al estilo griego.
En la Piazza del Duomo (Catedral) se encuentran el antiguo Monasterio di Santa Caterina, actual ayuntamiento y el Palacio Episcopal.
Por una calle empedrada, como toda la ciudad, bajamos hasta la playa, que tiene forma de concha. Lo que más me ha llamado la atención son las balconadas de las casas que dan a la misma playa y configuran una postal difícil de olvidar.
Subimos al coche y enfilamos dirección a Taormina, situada a poco más de 200 Km. de distancia.
Está lleno de coches y autocares y continuamos con el coche Monte arriba y, ya a las afueras de la ciudad, en una “urbanización” encontramos un cartel que reza: Taormina’s Odyssey Youth Hostel . Aparcamos y nos dicen que tienen habitación (algo cara teniendo en cuenta que no hay desayuno incluido, que es un hostal y está alejado del centro).
Dejamos el equipaje y, aprovechando las pocas horas de luz que nos quedan, vamos a la ciudad situada en la cima del Monte Tauros a 200 msnm., en una espléndida terraza natural sobre el mar, enfrente del volcán Etna. Cuna de los descansos de algunos de los escritores más importantes del siglo XX como Truman Capote, Tenessee Williams, Thomas Mann y de artistas como Greta Garbo, Cary Grant, Dalí, Orson Welles o Rita Hayworth, es uno de los ejes turísticos más importantes de Sicilia.
La ciudad fue fundada por los griegos en el 736 a.C., con el nombre de Naxos.
La leyenda cuenta que los marinos griegos que pasaban por la costa oriental de Sicilia olvidaron realizar sacrificios en honor a Poseidón, y él, encolerizado, les hizo naufragar. El único superviviente volvió a Grecia para contar las maravillas de Sicilia, convenciendo a sus compatriotas para instalarse en la isla.
Por Corso Humberto I llegamos hasta la Piazza San Antonio, donde está la Porta Catania, con un escudo de la Corona de Aragón del año 1440, y el balcón sobre la Bahía de Naxos. Al fondo está el volcán Etna, pero el cielo está cubierto de nubes amenazantes de lluvia y lo cubren.





























13 comentarios:
¡Lo que he disfrutado haciendo este viaje en tu compañia, Mª Mercè!
Si tengo la suerte de ir allí, imprimiré todos tus apuntes, no necesitaré guía alguna.. la tuya es soberbia..
Mille bisous, ma chérie!
Déu n'hi do el teu viatget a Sicília. M'ha impressionat aquesta catacumba i les seves mòmies a les afores de Palerm. M'agrada com exposes el viatge en forma de diari. Molt ben documentat i molt amè. Aniré passant pel teu blog. És força interessant per a tots aquells a qui ens agrada viatjar. Salut i fins una altra entrada.
Gràcies per fer-te seguidora del meu blog. Espero que t'agradi!!!
Hola amiga Merce. Depois de vermos as tuas fotografias ficamos com uma imensa vontade de regressar a Italia e explorar a Sicilia.
Besos
M'agradat molt aquest viatge a Sicilia, en quina temporada has viatjat? ha sigut aquest any oi? Saps si val la pena també fer les illes Eolias?
Ua abraçada!
Josep, apunta't Sicília entre els teus viatges pendents.
Val la pena!
Salutacions!
Hola Aventurer@:
El viatge el vaig fer el passat febrer.
Crec que les illes Eolias és un lloc per a visitar. No hi varem anar per manca de temps, però sabem que haurem de tornar.
Abraçades!
Buscando en Internet pueblos siciliano (mi deseo es ir a Sicilia alguna vez) encontré este diario... Bellísimo. Gracias.
Hola cristina, bienvenida!!
Cuando vayas a Sicilia, si te gusta la Historia, vas a disfrutar muchísimo. Cada calle, cada esquina, cada plaza tiene su lugar en la Historia.
Un abrazo!
¡Que ganas tengo de ir!
Ya falta menos.
Besos.
Gracias Ma Merce!!estoy viajando a Sicilia en mayo y todo lo que has compartido es excelente!, desde Argentina, te saludo!
Hola, rutie...
Muchas gracias a ti por dejarme este valioso comentario, pues veo que mis relatos sirven para alguien.
Un cordial saludo!
Que bonito todo Mercè!!! Pero que repelus las momias jejeje.
Un abrazo
Tnsi...
Por las momias ni te preocupes. No hacen nada!! ;-))
Saludos!
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