miércoles, 1 de julio de 2009

PERÚ (VI): Ollantaytambo, Aguascalientes, Machu Picchu, Pisaq, Cuzco, Lima


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Día 16 (continuación).- Regresamos a Urumaba donde subimos a un bus para ir hasta Ollantaytambo, conocida como Ollanta, situada a una altura de 2792 metros sobre el nivel del mar y rodeada de altas montañas.

El bus nos deja en la Plaza de Armas, pequeña, ajardinada y con ambiente muy animado, con niños correteando y hombres y mujeres, con trajes típicos de gran colorido, vendiendo productos de la región. No hemos de olvidar que, desde aquí, parten las excursiones al Machu Picchu.








Los alojamientos que la rodean, están completos, así que subimos por la calle Ventiderio, dirección a las ruinas, y encontramos habitación en el Hospedaje Los Andenes. Después de dejar el equipaje vamos a la estación de tren a comprar los billetes para mañana por la tarde, hacia Aguascalientes.

Ollanta mantiene la planificación urbana incaica y está dividida en dos partes por el río Patacancha. Sus calles son estrechas y empedradas y cada manzana está compuesta por un conjunto de viviendas que comparten una misma puerta que da al patio central.

Una señora se asoma a la calle y le decimos si nos deja ver el patio. No sólo accede, sino que nos invita a visitar su modesta casa.


Cuando la vista se nos acostumbra a la penumbra quedamos asombrados con lo que hay en este habitáculo: el suelo es de tierra y las paredes de grandes piedras de origen incaico; toda la estancia y enseres ennegrecidos, ya que para cocinar encienden una lumbre en el suelo donde, en este momento, hay una gran olla con algo en su interior borboteando; en un rincón, una cincuentena de cuys (animal parecido al conejillo de indias) están comiendo hierba y engordándose para comerlos, más adelante, asados.


Del techo cuelgan mazorcas de maíz amarillo y morado, y una bombilla de tenue luz. Por doquier hay aperos de labranza y en lo que parece el muro principal, hay una especie de altar con diferentes vasijas, muñecos, velas y cuencos y, frente unos jarrones con flores, hay varios cráneos de sus antepasados. Los tienen en señal de respeto.


Seguimos nuestro paseo por una ciudad, que fue construida estratégicamente para dominar el Valle Sagrado de los Incas, cuyas casas constituyen un verdadero legado histórico. Algunas de éstas, de estilo colonial, están construidas sobre gruesos muros de piedras incaicas pulidas con finura e individualmente, lo que hace que encajen perfectamente unas con otras.


Desde cualquier punto de la ciudad se ven los restos arqueológicos que hay en el pequeño cerro que rodea la ciudad. Iremos mañana por la mañana a visitarlos, pues ya está oscureciendo.


Día 17.- Algo debí comer ayer, que ha hecho que pasara la noche en el lavabo. Las piernas me flaquean y me siento muy mareada. ¿A ver si no podré subir mañana al Machu Picchu?

Habíamos de abandonar la habitación a las nueve de la mañana, ya que esta tarde vamos hacia Aguascalientes, pero no puedo dar ni un paso. Mi compañero se lo explica a la dueña y accede a que me quede en la cama hasta el mediodía.

Mientras estoy en cama, mi compañero aprovecha para visitar las ruinas y los andenes de cultivo.


Paso la mañana bebiendo agua con sal y azúcar, para recuperar todo el líquido que he perdido esta noche y tomo unos comprimidos de Fortasec.

Es mediodía, ahora sí que hemos de salir del alojamiento. Me siento algo débil, pero no he ido al WC en toda la mañana.

En un comercio cercano, compramos comida y agua para llevar a la excursión de mañana, ya que en Aguascalientes está todo mucho más caro.

Nos sentamos en un restaurante de la Plaza de Armas y me preparan una sopa de arroz hervido.

Se pone a llover con intensidad. Las montañas quedan cubiertas de una espesa niebla. Como no amaine, mañana no vamos a disfrutar en la Montaña Sagrada.

A las cinco de la tarde sale nuestro tren hacia Aguascalientes, población carente de interés, para nosotros. Desde aquí salen los autobuses que llevan al Machu Picchu. Compramos los billetes de transporte y entrada al recinto sagrado para mañana, a primera hora.

El trayecto en tren, de una hora y media, ha sido por entre altas montañas y sin perder de vista el río Urubamba, también llamado Vilcanota.

Día 18.- Todavía no ha amanecido y ya estamos en una de las filas de personas que hay -en un gran aparcamiento- para acceder a los autobuses.

En 30 minutos llegamos hasta una explanada donde hay un hotel y un gran bar-restaurante. No vemos lo que pudiera ser la entrada a la ciudadela.

Subimos una escalera de madera y ahí están las taquillas. El cielo está cubierto por grandes nubes que amenazan lluvia.

Estoy muy emocionada, por fin podré realizar uno de mis sueños juveniles. Respiro profundamente, y accedemos a la ciudadela por un estrecho sendero y ahí, frente a nuestros ojos, se abre la visión soñada: las ruinas del Machu Picchu.


Las nubes empiezan a deshilacharse y, formando una neblina no muy espesa, van paseándose por entre las piedras creando un ambiente casi mágico.






Durante cuatro largas horas recorremos toda la zona, siempre acompañados de las nubes que, de vez en cuando, dejan pasar algún rayo de sol en el cielo azul.




Empieza a llover con bastante intensidad. Las nubes lo cubren ya todo y nos refugiamos en la llamada “casa de los guardianes”, cerca de la salida, que nos resistimos a traspasar. Estamos más de una hora y como no hay visos de que amaine, decidimos salir.


Un autobús nos lleva otra vez a Aguascalientes, donde subimos al tren hasta Ollanta, volviendo al mismo alojamiento.

Día 19.- Muy pronto, por la mañana, subimos a un bus que nos ha llevado a Urubamba y de allí otro hasta Pisaq. En la misma Plaza de la Constitución encontramos alojamiento en el hostal Samana Wasi, muy básico.

Todavía queda algún puesto del mercado artesanal, situado en esta plaza bajo árboles centenarios, donde se ofrecen variadas muestras de artesanía; la más importante es la textil y la cerámica, donde son curiosos los juegos de ajedrez en los que unas piezas representan a los conquistadores españoles y las otras, a los guerreros incas.

Lástima que no hayamos venido en domingo, día que se celebra la misa en quechua y que asisten los alcaldes indígenas de la zona, con sus trajes tradicionales.

Pisaq no escapa de las famosas leyendas incas: Se dice que el cacique Huayllapuma tenía una hija -llamada Inquill- a la que quería casar con el hombre que pudiese construir, en sólo una noche, un puente sobre el río Vilacmayo. Un apuesto príncipe, Asto Rímaq, aceptó el reto pese a la dura tarea, y pedir la mano de la princesa. Ésta debía subir a un cerro y esperar a que el puente estuviera terminado, pero sin darse la vuelta para mirar, porque de lo contrario ella se convertiría en piedra. Casi al amanecer, el príncipe había culminado su obra, pero Inquill, no pudiendo soportar más, se dio la vuelta quedando convertida en piedra hasta el día de hoy.


No visitaremos la ciudadela inca de Intihuatana. Sinceramente, estamos un poco cansados de tanta piedra (hace ya dos meses que vemos monumentos), y queremos conservar en nuestra retina el espectacular Machu Picchu.

Día 20.- Nadie, de los que preguntamos, sabe a qué hora llega el autobús que va hacia Cuzco; parece que no tiene un horario fijo. Está lloviendo y nos dirigimos a la zona donde ha de parar en la carretera, y nos refugiamos en un soportal. Por suerte no tarda en llegar y volvemos a Cuzco, distante 32 Km.

Volvemos al mismo alojamiento, Casa Grande. El resto del día aprovechamos para hacer una última vista a esta bellísima ciudad y comprar alguna cosilla de recuerdo.

Día 21.- A las 9:30 h., ha salido el avión con dirección a Lima, donde ha llegado a las 10:50 h.

Regresamos al hostal Kusillus -en el Barrio Miraflores-, el mismo del primer día en Perú.

Faltan dos días para regresar a casa. Por un lado -ya con ganas-, pues han sido más de dos meses de viaje, pero por otro, con pena de irnos de un país que nos ha dado muy buenos momentos y experiencias.

Día 22.- Nos dirigimos al centro de Lima, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988.

En 1532, un grupo de conquistadores españoles mandados por Francisco Pizarro derrotaron al inca Atahualpa y conquistaron su imperio, en 1535.

En agosto de 1536, la flamante ciudad fue sitiada por las tropas de Manqo Inca; sin embargo, los españoles y sus aliados indígenas derrotaron a los “incas rebeldes” (el entrecomillado es mío).

Como Lima era el centro y orgullo de España en América, sus habitantes se encargaron de su embellecimiento con grandes casonas, catedrales y plazas. La ciudad también fue conocida como la "ciudad jardín" debido a la gran cantidad de parques que poseía, especialmente a principios del siglo XX. Hoy en día intenta recuperar el verdor que la caracterizaba en aquella época. Hermosos parques, fuentes ornamentales y arboladas avenidas se aprecian en múltiples barrios.

El Rey Carlos I de España dictó en 1523 las "Ordenanzas para la fundación de ciudades en el nuevo mundo". En ellas se señalaba que, luego de trazado el plano de la ciudad a fundarse, éste debía ser repartido a cordel y regla en forma de cuadrícula desde la locación de la Plaza Mayor de tal forma que la ciudad siempre pueda expandirse.

Al primer lugar donde nos dirigimos es a la Plaza Mayor, lugar fundacional de la ciudad, y como estamos cerca de las fiestas navideñas, está decorada con mucho gusto.


Pizarro, conforme a la práctica señalada, plantó en el centro del solar destinado a ser Plaza Mayor, el rollo o picota (madero alto que servía como columna para el ajusticiamiento de los condenados). También hacía las veces de mercado y plaza de toros.

A su alrededor se encuentran los edificios del Palacio de Gobierno -construido a principios del siglo XX-, el Palacio Arzobispal y Palacio Municipal, cuyo diseño actual es del siglo XX, y la Catedral que es del siglo XVII.




En el centro hay una hermosa fuente inaugurada en 1651.


Ya en 1940 se dispuso la uniformidad –en la plaza- del estilo neocolonial mediante la construcción de los Portales de Escribanos y los Portales de Botoneros, en la parte sur de la plaza, y sus edificios con balcones de madera.


Desde el centro de la ciudad se ve el Cerro San Cristóbal, que forma parte de los cerros aislados del sistema montañoso de la cordillera de los Andes. Está ubicado a 400 msnm., y en lo alto tiene una gran cruz de 20 m. de altura.


No queremos dejar de visitar el Barrio Chino, situado en la calle Capón, que nació como resultado de la gran afluencia de población china, ya desde mediados del siglo XIX.

Primeramente vinieron para trabajar en las haciendas azucareras del norte del país, donde hacían falta trabajadores debido a la liberación de los esclavos negros. En los años siguientes llegaron muchos más y trabajaron en la construcción del ferrocarril, en la extracción de guano y, en menor medida, como servidumbre. La mayoría provenían de la provincia china de Cantón.

Esta parte de la ciudad, de arquitectura colonial y republicana, es una de las más tradicionales de los años 50 del pasado siglo, donde solían acudir bohemios, compositores e intelectuales a sus conocidos salones de té, pastelerías y restaurantes de comida china cantonesa acriollada que hoy forma parte de la gastronomía del Perú, que se llama chifa.

Seguimos la visita de esta bella ciudad y llegamos hasta las Murallas de Lima, que se construyeron alrededor de la ciudad para protegerla de los piratas, corsarios y ataques de los enemigos de la corona española en el siglo XVII.

Actualmente quedan restos visibles en el margen izquierdo del río Rímac, en la zona posterior de la Iglesia de San Francisco, muy cerca del Palacio del Gobierno y forman un espacio público llamado Parque de la Muralla, donde se encuentra una inmensa estatua ecuestre, en bronce, de Francisco Pizarro.


Y, tal como hemos ido haciendo durante todo este viaje, visitamos la Iglesia de la Merced, llamada realmente Basílica Menor y Convento de Nuestra Señora de la Merced.

El primer templo levantado, en 1535, por los Padres Mercedarios fue una rústica capilla de madera; la actual es la segunda, hecha de adobe y ladrillo. La fachada barroca fue labrada a finales del siglo XVI. Esta portada, tan fina artísticamente tallada en tres cuerpos, se construyó utilizando piedras de color gris y rosadas, formando una combinación que no se encuentra en otros templos limeños.


Anochece y es el momento de ir a la Plaza de Armas para ver la iluminación navideña. Limeños y turistas pasean admirando la explosión de luz y color que hay en la Plaza. Y la imponente cruz, iluminada, en lo alto del Cerro San Cristóbal, custodia a los limeños desde hace 71 años.




Día 23.- Último día de nuestra estancia en Perú. Paseamos por el Barrio Miraflores aprovechando para comprar las últimas cositas para llevar a casa.

El avión, dirección Madrid, ha salido puntual a las 9 de la noche.



5 comentarios:

Vagamundos dijo...

Hola amiga Merce. Sempre com relatos encantadores. Adoramos viajar pelas tuas palavras. Machu Picchu nos encanta!
Besos

Los Lugares Hablan dijo...

País mágico. Gracis por la historia.

Común dijo...

Hola!!!!

Te descubrí en el concurso, me gusta tu estilo, me podrías dar algún consejo para mi humilde blog…..Es el sueño de mi vida poder estar en el MACH uPICHU…..

Te deje 5 estrellitas y mis buenos deseos.

Un besote y abrazo de oso.

Aventurer@ dijo...

Hola Mercè!

Jo també vaig fer el recorregut dese Ayanta a A.C.i Macchu Picchu per finalitzar a Cuzco i Lima. Tenim el mateix esperit viatger!
Sort que et vas recuperar finalment. Un petonàs!

MIGUEL NONAY dijo...

Hola Mercé:
Ya tengo de nuevo adsl y ya he podido ojear tu blog.Impresionante¡ ahora me estoy centrando en leer lo de Costa Rica, que me va a venir de lujo para mi viaje.
Acabo de hacerme también seguidor tuyo,así que estamos en contacto.
Gracias por este pedazo de blog.
miguel

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