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Día 14.- A las ocho de la mañana, en el embarcadero de Livingston, subimos a una lancha que nos lleva, durante 40 minutos, hasta Puerto Barrios donde, en la estación de buses, subimos a uno que nos lleva hasta Corinto, frontera de Guatemala con Honduras.
En la aduana de Honduras esperamos durante tres horas hasta que llega el bus exprés que viene desde Ciudad de Guatemala y se dirige a San Pedro Sula. En dos horas de trayecto llegamos a la estación de buses de San Pedro Sula. En la misma estación, en las oficinas de TICA BUS, compramos los billetes para mañana a las cinco que nos llevará a León, Nicaragua.
Tenemos, desde Barcelona, el teléfono de Luis (+504 510-0335), propietario del Guesthouse Dos Molinos, y lo llamamos para que venga a recogernos en la Terminal. (Servicio gratuito, si te alojas ahí)
Día 15.- A las 3:30h nos levantamos y vamos a la estación de buses; nos lleva Luis.
En la terminal, aún no hay ninguna cafetería abierta, y el conductor del bus nos dice que pararemos durante el trayecto para desayunar.
Estamos cruzando Honduras en diagonal, y no veo nada que me llame la atención de este país.
A las 9:30 h. llegamos a Tegucigalpa, para recoger a unos pasajeros, y es el momento en el que tomamos un café con leche.
Son las dos de la tarde. Llegamos a la frontera con Nicaragua: un lugar inhóspito, sin ningún tipo de servicios. Hace un calor insoportable.
El ayudante del conductor se ha llevado todos los pasaportes para tramitarlos de una vez. Nos dan 30 minutos “para comer”.
Aparecen por doquier hombres que se ofrecen a cambiarnos dinero. Y muchos críos jugando a nuestro alrededor.
Hay mujeres que venden refrescos, en neveras sin hielo. Y otras venden bolsas de patatas fritas, plátanos fritos…
Compramos unas bolsas de patatas y dos “refrescos”, a temperatura ambiente, y nos lo tomamos bajo un árbol. Hay mucha suciedad en toda esta zona. Es “tierra de nadie” y nadie se encarga de limpiar.
Continuamos el viaje y, por fin, a las 16:15 h., llegamos a León.
Nos alojamos en el Hostal Lazy Bones, antigua casa colonial, muy bien restaurada. Tiene un patio interior con hamacas y sillones; otro, donde hay una piscina; Internet, café y té, gratis y la habitación es muy amplia.
Tomamos un primer contacto con la ciudad, sede intelectual de Nicaragua. La Universidad se fundó en 1813, siendo la última instaurada en América antes de la independencia de la Monarquía española, en 1821.
León también jugó un rol muy importante en la lucha contra el régimen dictatorial de la familia Somoza en los años 70, pues aquí hubo un movimiento sandinista muy fuerte emergido, sobre todo, de los estudiantes que, de todo el país, venían a estudiar a la Universidad. Todavía se pueden apreciar algunos museos y monumentos relacionados con este hecho revolucionario.
La barroca Catedral de la Asunción es una de las mayores de Centroamérica.
En su interior se halla la tumba de Rubén Darío, considerado Príncipe de las letras castellanas, custodiada por un León, símbolo de la ciudad, y al pie de la estatua de San Pablo.
Debido a que sus muros son muy robustos ha soportado erupciones del volcán Cerro Negro, temblores y guerras.
Día 16.- Hoy domingo, cuando vamos a salir del hostal, en recepción nos recomiendan no estar por el centro histórico, sobre el mediodía, pues posiblemente habrá una manifestación política.
Son casi las diez y decidimos seguir con nuestra ruta por la ciudad, iniciada ayer.
En una calle un nutrido grupo de personas, algunas de pie, otras sentadas en el bordillo de la acera y con banderas rojas y negras con las siglas FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) están preparadas para la manifestación. Nos acercamos. Del local de la sede, con fuerte megafonía, sale música y canciones que corean los que están en el exterior. Nos quedamos un rato. No sabemos de qué se trata y preguntamos a uno de los jóvenes que hay aquí.
El pasado día nueve de noviembre se celebraron elecciones municipales y el FSLN obtuvo casi una mayoría absoluta en todos los municipios, frente al PLC (Partido Liberal Constitucionalista). Éstos creen que las papeletas de votación estuvieron amañadas y van a venir a la ciudad, desde diferentes puntos de la provincia, para manifestarse frente al Ayuntamiento, y quemarlo, si es preciso, para que se vuelvan a repetir las elecciones y que el FSLN no acceda al poder que, sospechan, les corresponde a ellos. Los del FSLN defenderán, como sea, su victoria.
Con esta explicación nos quedamos y seguimos nuestro caminar, hasta que llegamos frente a la sede del PLC. Entramos y preguntamos a qué es debido tanta exaltación. Un señor, acompañado de dos más, nos recibe y muy exaltado nos dice que los del FSLN pusieron más papeletas en las urnas con lo que ganaron en 105 de las 146 alcaldías (las más importantes: Managua y León) y que, ellos, el PLC, sólo la obtuvieron en 37 ayuntamientos. Como veían que había habido un fraude electoral, se iban a concentrar frente a la Casa Consistorial, para reclamarla como legítima pertenencia y que venían compañeros de partido, de otros municipios, a darles soporte.
Pues ya sabemos los argumentos de ambos lados. Esperaremos hasta las dos e iremos al Ayuntamiento.
Pasamos frente a otro “cuartel” del FSLN, cuyas paredes están llenas de recortes de periódicos antiguos, fotos de Sandino, Ortega y otros militantes. Pedimos permiso para entrar, nos miran con curiosidad y acceden a que pasemos al interior. Éstos son "soldados" retirados y empiezan a explicarnos la historia del sandinismo, batallas ganadas, batallas perdidas. Mi compañero les habla de Daniel Ortega y su hermano, de la fortuna que tienen ambos, propietarios de una cadena de supermercados; de Somoza; de Edén Pastora. Los “soldados” advierten que mi compañero está enterado de la historia política de Nicaragua y hablan durante más de una hora.
Hemos de irnos. Quiero estar en “buena posición” para cuando comience la manifestación y así se lo hago saber a mi compañero, que está de acuerdo. Nos vamos hacia la Plaza Juan José Quezada, que es donde va a empezar todo.
Son casi las 12 del mediodía. Por las calles adyacentes a la Plaza empiezan a desfilar coches, carros con caballos, autobuses, camiones… cargados hasta los topes de sandinistas.
Es un hervidero de banderas bicolores con las iniciales FSLN, portadas por cientos de personas con camisetas en las que se puede leer: FSLN DEFENDEREMOS NUESTRAS VICTORIAS. Por megafonía se oyen consignas y diferentes canciones, entre ellas “La Internacional”. Se nota ambiente festivo.
Los comercios y bares, que están en las cercanías, empiezan a bajar las persianas.
Nos mezclamos entre la gente para vivir esta exaltación de victoria que desprende cada uno: hombres, mujeres y mucha juventud.
No se ven llegar a los del PLC que, en realidad, son los convocantes de la manifestación.
Mi compañero y yo nos acercamos a la sede del PLC. Sólo hay un puñado de ellos, empuñando su bandera roja. No creo que haya más de una cincuentena. Están en corro, hablando. Nos acercamos por si podemos oír de qué hablan. Se nos acerca un hombre y nos recomienda que nos alejemos de aquí, pues puede haber disturbios.
En el extremo opuesto de la calle, como a unas cinco manzanas, vemos venir a los sandinistas. De las calles laterales salen policías antidisturbios, para frenar el paso de los del FSLN.
Los ánimos se van caldeando por momentos. Algunos sandinistas retroceden e intentan acceder a los liberales por otras calles, pero hay un gran despliegue, tanto militar como de policías y lo impiden.
Esto se está poniendo feo. Mi compañero me dice que espere en una esquina y, que si veo que pasan la barrera policial, me vaya calle abajo y le espere en la otra esquina, alejada de todos; él, mientras, hará fotografías.
Un buen número de sandinistas, armados con piedras, bastones, grandes cohetes y petardos burlan a la policía y queman neumáticos mientras avanzan hacia los liberales.
Empiezo a correr calle abajo. De un autobús situado en medio de la calzada –por la que voy- bajan más de 50 antidisturbios, vestidos de negro, con cascos, escudos, escopetas y porras y avanzan hacia mí, de lado a lado de la calle, a paso firme y rápido. Me doy media vuelta y subo la calle corriendo hasta que desemboco en la que ya es casi un campo de batalla. Busco a mi compañero y me refugio a su lado.
El grupito de liberales está retrocediendo frente a los miles de sandinistas exaltados, que los atacan a pedradas. La policía no se decide a intervenir.
Hace más de cuatro horas que estamos aquí, mezclados entre los sandinistas. Decidimos buscar un lugar para comer, pues ya son más de las cuatro. Todo el barrio está tomado por la policía y los sandinistas. No hay ningún bar o restaurante abierto y nos vamos al hostal.
Son casi las seis de la tarde. Quizás haya algo abierto para comer y nos dirigimos al centro de León.
El aspecto de las calles es desolador: están cubiertas de piedras de diferentes tamaños y de cartuchos de petardos ya quemados.
Empiezan a picarnos los ojos y la garganta. Un vecino se asoma a la puerta de su casa y nos dice que nos alejemos, pues los antidisturbios han descargado gases lacrimógenos para disolver a los que aún quedan por la calle. Aceleramos el paso, para cruzar la “nube” tóxica y llegamos hasta la Plaza del Ayuntamiento donde aún quedan algunos sandinistas eufóricos, porque no han dejado pasar a los liberales.
Entramos en un establecimiento donde tomamos un batido de frutas. Tienen la televisión sandinista conectada. Dan la noticia de lo que ha pasado hoy aquí, completamente al revés, tachando de revolucionarios y provocadores a los liberales. Y parece que ha habido varios heridos, según comentan.
Posteriormente nos enteramos que ha habido tan pocos simpatizantes del PLC debido a que los sandinistas han cortado el acceso a la ciudad a los que venían de otras ciudades para apoyar a los de León. Una maniobra bastante “sucia”.
Volvemos al hostal y mi compañero decide escribir una crónica, de lo que hemos vivido, y enviarla al periódico EL PAÍS, de España, en la sección “Yo periodista”.
Día 17.- Miramos en Internet y le han publicado la noticia y dos de las cuatro fotos que mandó. Estamos muy contentos! (Solamente ha estado pocos meses el artículo).
Un bus nos lleva, a media mañana, hasta los Hervideros de San Jacinto, a 25 Km. de León.
A la entrada del recinto nos reciben una niña y un niño, ofreciéndose como guías. Con uno sólo tenemos bastante, pero los dos insisten en acompañarnos y que les paguemos “la voluntad”.
Los Hervideros, situados al pie de los volcanes Santa Clara, Telica y San Jacinto, son fuentes geotermales -posiblemente provenientes del extinto volcán San Jacinto-, que emergen del interior de la tierra, hirviendo a altas temperaturas. En toda el área se levantan fumarolas con un fuerte olor a azufre.
Nuestros “guías” nos explican que unos “extranjeros” empezaron a construir un edificio -que pretendía ser un mirador con una cafetería-, pero no saben porqué abandonaron el proyecto. Así que en este lugar no hay una infraestructura para recibir a los turistas. Parece que el gobierno no le da la importancia que merece un lugar como éste.
Comemos en un “restaurante” cercano y, a media tarde, regresamos a León.
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1 comentario:
La de vivencias que habéis tenido en este largo viaje.
Y no sólo por los diversos paisajes; habéis estado en el meollo, en el caldo del cocido.
Seguiré leyéndote!!
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