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Día 2: Continuación.- En el lado mexicano de la frontera entre México y Guatemala subimos a un bus hasta Comitán, donde enlazamos con otro hasta San Cristóbal de las Casas. Nos alojamos en Posada Jovel, lugar muy bonito, limpio, tranquilo y relativamente cercano al centro.
Enclavada en una hermosa zona de la meseta conocida como San Cristóbal, a 2200 m. de altitud y que forma parte de las montañas del norte de Chiapas, se encuentra San Cristóbal de las Casas.
La primera visión que tenemos, aunque es de noche, no puede ser mejor: una preciosa ciudad, que ha sabido conservar muy bien sus edificios coloniales.
Capital de la Provincia de Chiapas, a principios del siglo XVI, fue fundada por Diego de Mazariegos, quien atacó a los indígenas en la batalla de Tepechtía, en la que los chiapanecos prefirieron arrojarse al Cañón del Sumidero antes de sucumbir ante los españoles. Pasó a denominarse Villa Real de Chiapa.
En julio de 1536 se le otorgó la categoría de ciudad, denominándose Ciudad Real de Chiapa.
En 1543 el fraile y sacerdote dominico Fray Bartolomé de las Casas se convierte en el primer obispo de Chiapa y se traslada a vivir a Ciudad Real.
Más de 400 años debieron transcurrir para que aquel antiguo asentamiento cambiara su nombre por el de San Cristóbal de las Casas, en honor de Fray Bartolomé de las Casas por su extraordinaria labor en defensa de los indígenas.
Ya en nuestros días, el 1 de enero de 1994 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional tomó las instalaciones del Palacio Municipal de San Cristóbal y, por asalto, tomó edificios públicos del gobierno federal y estatal y atacó el cuartel general de la XXXI Zona Militar con sede en Rancho Nuevo. En este mismo año el municipio fue sede de las primeras conversaciones de paz del llamado movimiento neozapatista.
Día 3.- Hoy lo vamos a dedicar a visitar la ciudad y los sitios más emblemáticos. Dicen de ella que es una de las más bellas de México; sus plazuelas, calles empedradas y casas pintadas de colores y con tejas rojas es la arquitectura del centro urbano.
Por sus calles, muy limpias, vemos indígenas llegados de otras poblaciones, a vender su artesanía. Las tiendas conservan un aire del pasado y están decoradas con mucha elegancia.
Su bella Catedral, de estilo barroco, situada en un extremo de la Plaza 31 de Marzo, actualmente está pintada de amarillo y blanco, y fue construida hacia la segunda mitad del siglo XVII. En su interior destaca el púlpito y dos bellos retablos, también barrocos.
No quiero dejar de mencionar la Iglesia de San Nicolás -contigua a la Catedral-, que está dentro de la categoría de “iglesia de pueblo de indios”, construcción de adobe del siglo XVII, y la última en levantarse de estilo mudéjar. Es el monumento completo más antiguo que se conserva sin mutilaciones ni añadiduras.
Se le conocía con el nombre de “iglesia de pueblo de indios”, porque era la iglesia para negros y mulatos y, contra lo acostumbrado, ésta se erigió en el centro de la ciudad.
Otro de los conjuntos que constituyen parte fundamental de la historia arquitectónica de San Cristóbal, es el Templo y Convento de Santo Domingo, ubicado en el antiguo Barrio del Cerrito.
Se empezó a construir a mediados del siglo XVI, por Fray Pedro de la Cruz y fue reacondicionado en el siglo XVII, destacando principalmente su fachada de estilo barroco colonial. Su interior es de los más ricos de la ciudad, pues se encuentra ornamentado con retablos de muy buena factura y un bellísimo púlpito tallado sobre madera.
Adosado a sus muros, está el Mercado de Artesanías, donde se reúnen miembros de las comunidades indígenas para vender su artesanía, o cocer al carbón, mazorcas de maíz.
Seguimos disfrutando de la calidez de las personas que habitan aquí y de sus monumentos, principalmente iglesias.
Algunos inmuebles más del siglo XVII son la Iglesia y Convento de San Francisco, con sus sobrias y sencillas proporciones y el Templo y Convento de la Merced, que fue el primero en establecerse en San Cristóbal aunque su edificio actual no corresponde a la construcción original. De la antigua construcción quedan hoy en día -en su forma original- el arco y la columna localizada en el interior de la sacristía, decorada en estuco de vistosos colores, con motivos florales, vegetales y guirnaldas. Al pie de la columna se localizan dos leones como símbolo del dominio español.
Inevitablemente pasamos bajo el Arco del Carmen, erigido en 1680 en el más puro estilo mudéjar. En la época colonial éste perteneció al adjunto convento de la Encarnación. Antiguamente servía como puerta de entrada a la Ciudad Real, y en la actualidad ha sido adoptado como símbolo de identidad de la misma.
Ya del siglo XIX, es el bello y estilizado Templo de Santa Lucía, pintado en blanco y azul pastel, de estilo neoclásico, cuyo interior tiene elementos neogóticos. Detrás del altar tiene un hermosísimo retablo gótico.
Ha sido una jornada un poco “religiosa” pero, sinceramente, ha valido la pena.
Día 4.- Subimos a un bus público para ir hasta San Juan Chamula, a 10 Km. de San Cristóbal, población conocida por conservar costumbres prehispánicas. Paseamos por sus calles y, en conjunto, no nos atrae.
En la Plaza queda aún algún puesto del mercado; la mañana está avanzada y ya están recogiendo.
En un extremo está su peculiar iglesia, dedicada a San Juan Bautista. Digo “peculiar” porque, según habíamos leído antes de salir de viaje, por dentro está decorada con motivos indígenas e imágenes católicas; no hay bancos para sentarse y el suelo está cubierto de agujas de pino, árbol muy apreciado por los habitantes de esta población. Hay velas encendidas –de diferentes tamaños y colores- por doquier, y las imágenes de los santos tienen colgados espejos, debido a la creencia de que sirven para reflejar la maldad. No se celebran misas católicas y está prohibido hacer fotos: roban el alma de los indígenas, nos dicen. Hay dos guardianes que están pendientes del turista o extranjero que quiere sólo curiosear o hacer fotos. Se ha de pagar entrada.
Desde el porche de la iglesia vemos, justo en el lado opuesto de la plaza, a un grupo de hombres. Nos acercamos hasta ellos. Los que están situados en la parte alta de una pequeña escalinata, van vestidos a la manera tradicional: sobre la camisa blanca llevan una zamarra de lana gruesa de borrego; unos, blanca y otros, negra. Todos van con sombrero de palma y, algunos, sujetan en la mano el bastón de mando de madera. Son los gobernadores de la ciudad. Es una asamblea. Están hablando en tzotzil, perteneciente a la familia de las lenguas mayas.
Frente a ellos, un nutrido grupo de hombres –el pueblo-, escuchan y algunas veces manifiestan su disconformidad ante lo que les dicen sus dirigentes.
Detrás de los hombres, mujeres con sus niños atienden las explicaciones y por sus expresiones, tampoco están de acuerdo en lo que se dice. Ellas también van vestidas tradicionalmente: utilizan un blusón llamado huipil, bordado en muchos colores y las faldas son como las zamarras de los hombres, de color negro, y la mayoría van descalzas.
Al finalizar la asamblea, cuando ya estaban desalojando el lugar, mi compañero ha querido hacerles una foto, ya que durante la reunión nos lo han impedido y, furiosos, han vociferado insultos que no puedo reproducir.
Son casi las dos de la tarde y subimos a un bus para volver a San Cristóbal. Pasamos la tarde tranquilos en la Posada.
Estamos esperando el resultado de las elecciones en EEUU. Ya es la una de la madrugada: ha ganado Obama.
Día 5.- A las nueve de la mañana, salimos del alojamiento dirección a Oventik -territorio autónomo zapatista-, situado a unos 40 Km. de San Cristóbal de las Casas.
Unos metros antes de llegar a la comunidad, un cartel reza: “Está usted en territorio zapatista, donde el pueblo manda y el gobierno obedece”.
Cruzamos la valla que rodea al campamento y un hombre, que custodia la entrada -cubierto con pasamontañas-, nos pregunta a qué venimos. Le decimos que queremos hablar con alguno de los responsables del campamento y nos acompaña hasta un pequeño habitáculo, con un rótulo sobre la puerta: “Comisión de Vigilancia”, donde dos hombres -también cubiertos con pasamontañas- están sentados tras una simple mesa de madera. Nos piden los datos personales y los anotan en una libreta y volvemos a explicar el motivo de nuestra visita.
El campamento está dividido en dos por una calle ancha y a ambos lados hay viviendas de madera casi todas pintadas con murales donde puede verse a Emiliano Zapata y al “Ché” Guevara.
Los de la “Comisión de Vigilancia” nos dirigen al edificio de la “Junta del Buen Gobierno Zapatista”, que es el órgano de gobierno autónomo regional. Esperamos un rato frente a la puerta hasta que nos hacen pasar. Aquí nos reciben un hombre y una mujer, también con la cara cubierta. Están sentados tras una mesa. Al otro lado, en un banco de madera, nosotros dos.
Mis ojos se pasean por la estancia: en las paredes hay diversos carteles reivindicativos de marchas o manifestaciones de años anteriores, tanto locales como de otros países. Preside la sala un gran cuadro de Emiliano Zapata. Intento componer la situación mentalmente: estamos frente a dos dirigentes zapatistas.
Antes de que empecemos a preguntar, quieren saber el motivo que nos ha traído hasta aquí. Cuando saben que sólo tenemos curiosidad por conocer el proyecto zapatista, la finalidad de su “lucha”, cómo educan a los niños, la salud, la igualdad de género…, atienden a nuestras preguntas.
“Nuestra organización no sólo es la respuesta al mal gobierno mexicano, sino también al modelo neoliberal y a la política imperialista que se aplica a nuestro pueblo”, nos dice el hombre.
Señala, también, que la situación en Latinoamérica es similar, producto de las imposiciones que hace Estados Unidos y otros países
En el campamento, denominado “Resistencia y rebeldía por la humanidad”, todos trabajan por igual porque se consideran iguales: las mujeres en limpieza y artesanía y los hombres en la construcción de viviendas, comercios o escuelas.
Aquí los alumnos estudian hasta secundaria. Los profesores, además de las materias comunes de los otros colegios, les inculcan los valores zapatistas.
Una clínica y una ambulancia, cubren las necesidades de los seis campamentos que hay cercanos.
Estamos casi una hora hablando con ellos. Comentamos la posibilidad de pasar un par de meses en el campamento, en un futuro, cada uno aportando su granito de arena: en el colegio y en el hospital, y nos invitan a ello.
Nos autorizan a pasear por el campamento y a hacer fotos, pero no a las personas con la cara descubierta.
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) nació en el Estado mexicano de Chiapas, bajo el liderazgo de Emiliano Zapata que creó el Ejército Libertador del Sur, en la Revolución de 1910, y está compuesto en su mayoría por población indígena, en defensa de reivindicaciones sociales y de una mayor justicia para las clases más desfavorecidas.
Están emparentados con la izquierda revolucionaria, pero sin ser marxistas, en contra del neoliberalismo, por medio de una lucha nacional, que no pretende llegar al poder, sino forjar un camino, que no se debe detener con la consecución del mando, que no es un fin en sí mismo.
Resurgió como movimiento armado, el 1 de enero de 1994, bajo el mando del subcomandante Marcos, admirador del Che Guevara, quien cubre su rostro para no ser identificado, expresando sus reclamos en las denominadas Declaraciones de la Selva Lacandona. En esa fecha bajo el lema: “democracia, libertad y justicia”, se apoderaron de seis municipios en Chiapas.
En la Primera Declaración de la Selva Lacandona, lugar donde se encuentra la base del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ubicado en las montañas del sudeste mexicano, donde viven en la clandestinidad, propiciaron el derrocamiento del presidente Carlos Salinas a quien acusaron de llegar al poder mediante fraude electoral.
Desde Oventik, nos dirigimos a la población de San Andrés. En este lugar se firmaron, el 16 de febrero de 1996 después de más de diez meses de difíciles negociaciones, los Acuerdos sobre Derechos y Cultura Indígena entre el gobierno de México y el EZLN, por el cual las autoridades mexicanas, tomaban el compromiso de reconocer derechos y autonomía a los Pueblos Indígenas de México, a través de una reforma constitucional.
Aquellos acuerdos supusieron un hito histórico en la lucha de los pueblos indígenas, no sólo de Chiapas sino de todo México, ya que suponían el reconocimiento de éstos como sujetos políticos con derechos propios. Sin embargo el acuerdo no se cumplió, por parte del Gobierno mexicano.
Día 6.- Vamos a Palenque en bus público. El viaje es horroroso, hay muchas curvas pronunciadas y la carretera está en muy mal estado. Llegamos después de seis horas de trayecto.
No hemos venido a ver las ruinas, es sólo una escala para ir a nuestro próximo destino: la Selva Lacandona.
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4 comentarios:
Impresionante tu experiencia en el campamento zapatista!!, es como que al contarlo vos en primera persona se hace más real que las noticias que podemos tener por la tele. Te cuento que no solo yo leo tus entradas con interés, mi marido también está enganchado porque le encantan estas experiencias de viajes internacionales. Un beso!
Hola Valeria:
Sí, fue una experiencia que creo no olvidaremos en nuestra vida. Yo lo comparaba con los católicos, cuando van al Vaticano y ven al Papa (que no se ofendan los católicos!).
El día anterior, Edu y yo íbamos repasando las preguntas que les queríamos hacer para que no nos olvidáramos de nada.
Gracias por tus visitas y las de tu marido también.
Besos!!
¡¡Qué cantidad de experiencias más interesantes!!.
Me ha encantado la frase de el pueblo manda y el gobierno obedece.
En realidad debería de ser así ¿no?
Se me llenan los ojos del colorido de las ciudades y la mente de sueños imposibles.
yo estuve en enero de este year ahi y la primera ves que viaje por ese camino de sancristobal a palenque fue de noche y se me hizo algo irreal porque solo miraba fogatas, y tambien en san cristobal como algo estilo disneylandia ahi en el centro donde caminapuro europeo, y despues la cruda realidad mas hacia adentro pasando el mercado con su gente empobrecida y los jovens al mas puro estilo de las gangas americanas en este lugar tan lejos de las metropolis me hizo sentir muy triste...
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