martes, 27 de enero de 2009

GUATEMALA (I): Antigua, Volcán Pacaya, San Juan del Obispo


Relato del viaje realizado, durante 66 días, a Guatemala, México (Chiapas), Honduras, Nicaragua y Perú, desde el 19 de octubre hasta el 23 de diciembre de 2008

Día 19.- Puntualmente ha salido el avión de Barcelona, a las 9:25, con destino Ciudad de Guatemala, vía san José de Costa Rica.

Después de dieciocho horas y media de viaje llegamos a nuestro destino a las 19:30 hora local. Hora española: 3:30 de la madrugada. Hace veinte horas que estamos “en danza”.

Desde Barcelona habíamos reservado hospedaje en La Casa de Don Ismael, en Antigua, a 40 km. de Ciudad de Guatemala; una furgoneta enviada por ellos nos recoge en el aeropuerto.

En un momento del trayecto -ya oscuro- el bus que va delante de nosotros, sin señal de intermitentes, gira hacia la derecha y se adentra por un camino. Inmediatamente nuestro conductor se acerca a unos hombres, que están en el arcén, y les dice que avisen a la policía, pues cree que están atracando al bus. Parece ser que, los supuestos atracadores, han desviado al bus hacia un camino sin salida y hecho apagar las luces del interior. Según nos comenta el taxista, son frecuentes los atracos a autobuses por la zona.

¡Vaya recibimiento que nos da Guatemala!

Por fin llegamos al alojamiento, dejamos el equipaje y, aunque cansados, tomamos un primer contacto con la ciudad, que nos parece bellísima.


Antigua, designada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979, fue la tercera ciudad en esplendor en la América española y competía con ciudades como México, Puebla, Lima, Quito y Potosí. Fue capital española en Centroamérica, desde México hasta Costa Rica.


Ciudad colonial, aún conserva edificios del siglo XVI en buen estado de conservación y otros son ruinas simplemente. En este primer recorrido a pie, a través de sus bonitas calles empedradas y edificios pintados en tonos pastel, nos recuerda a muchas calles de pueblos y ciudades de Castilla.


Las calles están construidas como un damero así que, partiendo de la Plaza Mayor, van de norte a sur y de este a oeste.


Entre los edificios a destacar está la tercera universidad de América: la Universidad de San Carlos Borromeo, de estilo mudéjar, con un claustro central rodeado de gruesas columnas. Actualmente es el museo de Arte Colonial, que decidimos no visitar.




En la Plaza Mayor encontramos edificios como la Catedral, de estilo renacentista; el Palacio de los Capitanes Generales, de casi 20 mil metros cuadrados, que fue residencia del Virrey durante 200 años; el Ayuntamiento y el Portal del Comercio. En el centro está la Fuente de las Sirenas, que data de 1739.


Día 20.- Hoy es festivo en Guatemala. Se celebra el aniversario de la Revolución de 1944 que acabó con el gobierno dictatorial de Jorge Ubico y comenzó la democracia en el país.

Dedicamos el día a pasear por Antigua y a visitar, especialmente, el Convento de las Capuchinas, que fue el último monasterio de mujeres instituido en la ciudad.


El claustro principal es de columnas gruesas y bajas, diseñadas para resistir los temblores. La fuente que está en el patio no es la original. En el claustro de servicio está la cocina que tiene una chimenea poligonal. En el lado derecho se encuentran los baños (de cemento) y que disponían de agua caliente.


Por un corredor estrecho se llega a la “Torre del Retiro”, en forma circular, con un patio central y dieciocho celdas a su alrededor. Éstas son pequeñas, pero contaban con un área de retiro y su propio retrete, que se comunicaba directamente con los drenajes de la ciudad por un complicado sistema de desagüe que conectaba todo el edificio.




Otra de las características interesantes, es la columna circular situada en el sótano, que sostiene todo el edificio. Cocinas, lavandería, patios, capilla y sitios de castigo se integran al complejo.

Convento único en su tipo
En la antigüedad quienes ingresaban a un convento debían entregar una dote, es decir, uno o un conjunto de bienes. Capuchinas se diferenció de los conventos de la época precisamente por esto y muchas razones más, pues permitía el ingreso a su congregación sin hacer necesaria la entrega de bien alguno. Esto no significó un crecimiento desmesurado porque su población no excedía las 28 aspirantes a monja y la madre abadesa.

La iglesia era de una sola nave y, además del altar mayor, poseía dos áreas para coros, uno en la planta baja a un lado del altar y, el otro, en la parte superior al final de la nave.

Su construcción fue aprobada en 1725 por su majestad el rey Felipe V, y se realizó de 1731 a 1736 bajo la supervisión del Arquitecto Mayor de la Ciudad, Diego de Porres.

En la actualidad es la sede del organismo estatal encargado del Patrimonio Histórico de la ciudad.

Muchas de las construcciones que dejaron los españoles, en Centroamérica, son iglesias. Hoy ha sido el día para recorrerlas casi todas, pues las más importantes están cerca una de otra

La Iglesia y Convento de la Merced es uno de los iconos que identifican la ciudad colonial de Antigua. La fachada, de un bellísimo barroco, está realizada en estuco y pintada de blanco y amarillo pastel; posee tantos detalles que se pasan los minutos, observándola, sin darse cuenta.




Los Padres Mercedarios llegaron al Continente desde España en los primeros viajes de la colonización, así que la Iglesia y el convento fueron fundados a principios del siglo XVI.

Muy cerca, encontramos el Arco de Santa Catalina. Al fondo, está la majestuosa silueta del Volcán de Agua.


A finales del siglo XVII tuvieron que ampliar el Convento de Santa Catalina -de clausura-, pues había muchas internas; al no disponer de espacio a los lados del Convento, construyeron unas dependencias enfrente. Como las religiosas no podían acceder a la calle ni tener contacto con personas ajenas a la Orden y para que pudieran pasar de unas dependencias a las otras, fue necesario construir este arco.

La Iglesia del Hospital del Hermano San Pedro, es de estilo barroco y puede competir en belleza con la Iglesia de la Merced. Este santo vivió en el siglo XVI y fundó el hospital para los pobres de la ciudad. Fue santificado en el año 2002 y es el santo más venerado en la zona. Su tumba está anexa a las ruinas de la Iglesia de san Francisco. En lo que era el crucero central de la iglesia hay unos jardines y una fuente, que recuerdan al monje franciscano.


Día 21.- El Cerro de la Cruz, desde donde se divisa toda la ciudad colonial, rodeada de los volcanes de Agua, Fuego y Acatenango, es adonde subiremos durante la mañana de hoy.

El acceso a la cima del Cerro, en la que se encuentra una enorme cruz de piedra y a la que debe su nombre, se puede hacer en coche o a pie. Subimos caminando, creyendo que será un agradable paseo. Tardamos una hora en llegar por una carretera con bastante pendiente y, aunque el esfuerzo lo hemos notado -principalmente por el día caluroso- hace merecedor el cansancio: tenemos la ciudad a nuestros pies.


Tiempo atrás hubo problemas de seguridad. Es un lugar aislado del resto de la ciudad y se habían dado casos de asaltos a turistas. Ahora generalmente la policía vigila la zona.

Después del cansancio de la subida al Cerro de la Cruz, toca el Volcán Pacaya: queremos ver el fuego rojo que escupe el volcán; la magnificencia de la lava de noche.

A las dos de la tarde subimos a una furgoneta que nos lleva, durante una hora, hasta el pequeño poblado de San Vicente de Pacaya, muy cerca del volcán.

Me comenta el guía que el ascenso es muy duro y me propone subir a caballo. Un grupo de cinco personas cabalgamos durante más de una hora por un camino muy agreste, hasta llegar al pie del volcán de 2500 m. de altitud. Mi compañero hace el trayecto a pie con el resto de visitantes. Al llegar arriba me comenta lo difícil de la ascensión y que he hecho bien de subir a caballo.


Dejamos los caballos y nos proponemos a atacar la parte final del volcán. Para ello empleamos casi una hora y media trepando por un río de lava ya petrificado y con un viento, de cara, que dificulta más aún la ascensión.


Vamos algo retrasados en tiempo y el crepúsculo se nos echa encima. Al llegar al borde del cráter contemplamos cómo se desliza por la ladera la sangre de la tierra. El suelo está muy caliente y el viento cada vez sopla con más fuerza: es casi imposible mantenerse en pie. Sujeto firmemente a mi compañero para que pueda hacer fotos, pero el viento es imparable.

No podemos quedarnos más tiempo en la cima, es peligroso. El viento hace que haya pequeños desprendimientos de piedras y corremos el riesgo de caer sobre la lava en el estrecho pasillo donde nos situamos todos.


Alumbrados por nuestras linternas, acometemos el descenso que se nos presenta, si cabe, aún más difícil que el ascenso. Lo hacemos con mucha precaución para no resbalar en las rocas volcánicas que pisamos. Y, a pesar de ello, alguna que otra vez, la arena volcánica se desliza bajo nuestras botas y nos hacen caer.


A medio camino volvemos la vista hacia el cráter y, asombrados, vemos como desde el mismo lugar donde habíamos estado hace unos minutos dos ríos de lava serpentean montaña abajo. Estamos horrorizados.

Para bajar al pueblo prescindo del caballo, lo hago a pie, y me arrepiento a los pocos minutos. Ha sido una experiencia muy dura.

Día 22.- A un par de kilómetros de Antigua está San Juan del Obispo, en la misma falda del Volcán de Agua, adonde vamos en un bus público. Una de las características principales de este pueblo, de apenas seis mil habitantes, son los nísperos –buenísimos-, que venden a todo el país durante los meses de octubre a diciembre.


El nombre del pueblo se debe a que el Obispo Francisco Marroquín, hizo construir aquí su residencia, “de veraneo”, en el s. XVI. En la actualidad se conservan estancias del Obispo, junto con el mobiliario. El resto del edificio lo habita una congregación donde residen cinco monjas de la Orden de Bethania, una de las cuales, previa propina, nos enseña el edificio.

No podemos acceder a la iglesia por estar en obras.

A parte de lo dicho anteriormente, el pueblo no tiene nada más a destacar.

Continúa: GUATEMALA (II): San Marcos Atitlán, Chichicastenango


4 comentarios:

Valeria dijo...

Qué bellos lugares!! Guatemala debe ser un país bellísimo, me gusta saber un poco más acerca de su geografía y peculiaridades. Hace poco vino a la Argentina una mujer divina, muy simpática y amable, una buena amiga que conocí por Spaces, y si toda la gente de esos pagos es como ella, debe ser muy agradable la estadía. Por lo demás, lo tuyo siempre a full, jajaja, no le tenés miedo a nada!! eso del volcán, por dios, seguro que es impresionante, pero también una aventura algo arriesgada ... Muy muy lindo todo, me alegro por vos, una de las cosas más lindas que hay es viajar y ya llevás recorrido medio mundo (estuve viendo el mapa de abajo), y estoy segura que hasta que no recorras la otra mitad no parás ... adiviné?. Un abrazo!!

Choni dijo...

Que conste que me das una cochina envidia que pa qué!! He visto en el mapa los países que has visitado. Yo el charco no lo he cruzado (ni creo que lo haga a estas alturas...) Reservo para mi jubilación el visitar Europa occidental, que ya estaré más achacosa y me podrán atender mejor.

He leído esta primera parte de tu reportaje. Me llama la atención el colorido de las iglesias tan "irreverente", acostumbrada como estoy a ver la piedra desnuda (aunque sé que en un pasado las imágenes de las arquivoltas estaban policromadas)

Aunque cansada, como terminaste, de tu descenso del volcán, creo que ahora no lo cambiarías por el caballo. Cada experiencia es única e irrepetible. ¡Y lo bien que dormiste esa noche!

Volveré a visitarte para leer las otras 2 entregas que has publicado.

Abrazos, Mª Mercè

Mª Mercè dijo...

Choni, bienvenida a mi blog.

¿Nos conocemos? He querido acceder a tu blog, pero parece que lo tienes restringido. Lástima..., quería saludarte. Ya lo hago por aquí.

Abrazos para tí.

albatros dijo...

“Viajando” por la red estoy empezando a conocer Guatemala. Y está claro que Guatemala es un paraíso desconocido. Un lugar que saben disfrutar sus gentes y los pocos turistas que saben lo que hay.
Y vaya recibimiento…. . ¿Serian familiares de Curro Jimenez? Sl2

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