Las horas pasan lentamente. En silencio, sentados en la oscuridad, estamos atentos al mínimo ruido procedente de la playa; mientras, los rangers, linterna en mano, pasean por la playa.
No sabemos, porque no hay hora fija, cuando llegarán hasta que, sobre las diez y media de la noche, dan el aviso de que hay una tortuga en la arena. El ruido que hacen con las aletas, para hacer un hoyo donde desovar, es impresionante, sencillamente impresionante.
En silencio y conducidos por un ranger vamos al encuentro de la tortuga. La pobre hace tremendos esfuerzos al poner los huevos del tamaño y textura de una pelota de ping pong, mientras nosotros, a su alrededor, intentamos hacer fotos alumbrados sólo por la tenue luz roja de una linterna. Un ranger los va cogiendo y los deposita en un cubo. Una vez finalizada la puesta, obligatoriamente, hemos de salir de allí y dejarla tranquila.
Acto seguido nos dirigimos al hatchering (criadero) en el cual en un agujero en el suelo, con arena nueva, limpia, libre de bacterias, el ranger, cuidadosamente, deposita los huevos, los cubre con la arena y, a modo de protección contra depredadores, lo rodea con una tela metálica.
En el hatchering vemos decenas de nidos con huevos en periodo de incubación. En un lateral, cubierto por una techumbre, hay muchos más. El motivo por el que algunos están a la sombra es que al tener menor calor la cría será macho. Y a pleno sol, será hembra.
Lo último que vemos es la liberación de las crías cuyo huevo ha eclosionado ese día: su bautizo de mar. Vamos a la orilla de la playa. Mientras un ranger alumbra con luz roja, otro vuelca un recipiente donde están decenas de crías pequeñas. Rápidamente, instintivamente, mueven sus pequeñas aletas e intentan llegar hasta el mar; a otras, desorientadas, el ranger las ayuda a alcanzar el agua.
Las que sobrevivan a las duras condiciones del mar y a los depredadores, cuando sean adultas, volverán a la misma playa que las vio nacer, para continuar el ciclo.
Esta noche han visitado la playa 16 tortugas de las cuales algunas habrán desovado y otras no. La que hemos visto ha puesto 90 huevos. Y 70 han sido las crías que hemos visto liberar.
La experiencia vivida, desde la espera a que arriben las tortugas, pasando por la puesta, enterramiento de los huevos y liberación de las crías, ha sido todo un conjunto de emociones difícil de olvidar.
Día 5.- A las nueve de la mañana está a las puertas de nuestro alojamiento, en Sandakan, la furgoneta de la agencia, North Borneo Safari, con la cual hemos contratado la excursión del día.
A 100 km. de Sandakan las Cuevas de Gomantong, situadas en colinas de caliza alrededor del bajo Kinabatangan, se han hecho famosas por la cantidad de nidos comestibles, hechos con la saliva de los pájaros que allí albergan. Estos nidos son conocidos por sus propiedades medicinales entre la comunidad china local y se recolectan con instrumentos de ratán y bambú, disponiéndolos en escaleras que cuelgan más de 30 m. por encima del suelo de la cueva. Después de la recolección -entre Febrero y Abril, y entre Julio y Septiembre-, los nidos se sumergen en agua para quitarles el barro y las plumas, dejándolos limpios. Luego se venden a la comunidad china local o se exportan a muchos lugares del mundo: hasta 2000 dólares por kilo se han llegado a pagar. La recolección está rígidamente controlada por un sistema de licencias.
Tras pagar las correspondientes entradas, que son caras por cierto, entramos en el recinto. Antes de adentrarnos en una cueva vemos unas cabañas donde viven los recolectores, los hombres que se encaraman hasta el techo, para coger los nidos.
La cueva está a oscuras por lo que tenemos que alumbrar el camino, una plataforma de madera, con una linterna. Mientras caminamos por ella y oímos el ir y venir de pájaros y murciélagos, nos fijamos en el suelo que, resbaladizo, se hace peligroso y donde decenas de cucarachas andan a su aire. El entorno se hace repugnante, más aún cuando el hedor que desprende el guano es tan intenso que se nos remueve el estómago.
Ahora nos dirigimos a Sukau. Hemos visto orangutanes en Sepilok, pero queremos ver animales en un entorno de libertad, en la selva. Embarcamos y navegamos por el río Kinabatangan durante tres horas, no vemos nada. La barca se adentra por un meandro y, finalmente, tenemos la oportunidad de ver, encaramados a los árboles, algunos monos prosbocis y otras especies.
Nos habían dicho que en Sukau es donde más animales en libertad hay. Nuestra experiencia no es esa. La sorpresa es encontrarnos, a las mismas puertas de la selva, plantaciones de palmeras de aceite que confinan a la fauna y a los simios de la ribera del Kinabatangan en una estrecha franja selvática a lo largo del río. Desgraciadamente esto no tiene vuelta atrás, el daño está hecho, hasta tal punto que el hábitat de los elefantes de Borneo ha desaparecido, y con ello que los ejemplares que aún quedan estén en peligro de extinción.





























8 comentarios:
Es sensacional todas las experiencias que has vivido en Borneo y sus alrededores, me gustaría viajar tanto como tu, ya te dije que algún día lo haría, te mando abrazos querida amiga.
Que pena que no os dejaran ver como la tortuga tapa el agujero donde ha depositado lo huevos. De todos modos genial si os dejaron hacer fotos. Suerte en tu viaje.
Salu2
Nosotros tuvimos la oportunidad de ver como ponía huevos una tortuga en Fernando de Noronha, Brasil. Solo dejaban ir un grupo de 4 personas con el biólogo que se ocupa de medirlas y marcarlas... en ese caso, dejan los huevos dónde la tortuga los ha puesto... y nacen allí mismo... espectacular! Una de las mejores experiencias de mi vida... todavia recuerdo como exhausta volvía al mar... las lágrimas se me saltaban.
En febrero iremos al kinabatangan... creo que nos alojaremos con uncle tan, tienes alguna referencia de ellos? por gente que conocieras o algo?
laura.
Laura, benvinguda! no nomès a un blog de viatges, sino a un blog d'una enamorada d'Àfrica, com pots comprobar en els meus dos blogs.
T'envio un mail, per parlar de Uncle Tam.
Les amigues de la Fátima, són les meves amigues!
Un petó molt gros!!
Veure la posta d'ous de les tortugues ha de ser una experiència única i més en l'entorn natural en el que et trobaves... Prenc nota!! Una abraçada!
Sí que ho va ser, Kiana, però vaig trobar a faltar que ens deixèssin acabar de veure tot el procès.
Hi tornaría ara mateix!
Una altre abraçada per a tu!
M ª Mercè
Extraordinària experiència tan bé relatada, em trasporto a aquests llocs amb els teus ulls i la teva paraula.
¡És tan interessant aquest blog
Sempre la mà de l'home destrossant allà on va el medi ambient, elefants i altres animals en perill d'extinció, és una pena.
m'encanta conèixer i veure el compromesa que estàs amb aquests temes dels més desprotegits.
Molts petons
Anna J.R.
Estimada Anna...
No saps com i quan m'agrada veure't per aquí!
Gràcies per les teves paraules.
Molts i molts petons!!
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