miércoles, 27 de agosto de 2008

SIRIA: Hama, Aleppo, Palmira, Damasco - LÍBANO: Beirut - SIRIA: Damasco



Día 24.- A las 8:30 de la mañana el bus, que ha de llevarnos a Amman, para delante de nuestro hotel. Una vez en Amman cogemos un taxi indicándole al taxista que nos lleve a la estación de buses para Damasco. Nos deja en una que no es. Un montón de taxistas nos ofrecen sus servicios diciéndonos que hoy no hay buses. Como no lo creemos seguimos investigando. Al final, mi compañero, recuerda haber leído que JETT viaja a Damasco, un taxista lo entiende y nos lleva a las oficinas. Efectivamente, ellos si van.

Llegamos a Damasco al atardecer y en vez de quedarnos en la ciudad decidimos, sobre la marcha, continuar viaje a Homs, ciudad que pensamos utilizar como “parada técnica”. Compramos billete hasta allí. Llegamos de noche. Como queremos estar dos días en Hama, y no estamos cansados, en la misma estación de Homs decidimos seguir hasta Hama. En total hemos estado 12 horas viajando en diversos buses.

Día 25.- Temprano salimos a ver las norias y es nuestra mayor desilusión: están paradas, pues no hay agua. El río que pasa por allí, el Orontes, huele mal y tiene poco cauce. El mayor atractivo de Hama nos defrauda.

En la calle, mapa en mano, paramos un taxi para que nos lleve al Crac des Chevaliers (Castillo de los Caballeros). No hay manera de entenderse: sólo hablan árabe. Uno de los taxistas parece que nos entiende y dice que sí, que nos lleva y nosotros insistiendo que si sabe adonde queremos ir. Da a entender que sí. Iniciamos la ruta y pregunta, por primera vez, a alguien, cuál es el camino para ir. Le indican una ruta que no es la mejor. Llega a preguntar hasta 40 veces y como va muy perdido conduce a marcha lenta. No obstante, esta ruta por el interior no ha estado de más ya que hemos podido ir viendo pueblitos de la Siria profunda por donde íbamos pasando y que contrastaban por las chicas que iban vestidas muy occidentales comparadas con las de la capital, Damasco. Solamente hemos estado una hora para visitar la fortaleza, debido a la lentitud del taxista.

El Crac des Chevaliers, es una gran fortaleza templaria, construida a principios del S.XII, para albergar a los cristianos, unos cuatro mil, que luchaban contra los árabes en los 200 años que duraron las Cruzadas. La iglesia, comedores, estancias, salones, letrinas, silos, la fosa... conformaban un nido de águila muy bien equipado. Desde uno de sus torreones es posible divisar las tierras del Líbano.

Cuando lo visité en 1988 ya me impresionó el buen estado de conservación que tiene. Ahora, volví a rememorar la posible vida que, entre sus muros, habían llevado los cristianos. Parecía que en sus salones podías ver las largas mesas dispuestas con sus manjares, sus comensales y los músicos y que en cualquier rincón de los patios, podías oír el griterío de los niños jugando a canicas. Y entonces nos surgió la emoción o quizás la tristeza al recordar las dramáticas batallas que allí se sucedieron.

Durante el regreso a Hamma, mi compañero le dice, en inglés, que nos lleve a la estación de buses para ir a Aleppo (Halab, en árabe). El taxista no entiende nada. Cree que queremos que nos lleve allí. Al final nombra una estación de buses, que reconocemos el nombre y le digo: Na’am (sí, en árabe).

Cogemos el bus y llegamos a Aleppo ya de noche. Situada a 360 Km. al norte de Damasco es la segunda ciudad más importante en Siria y una de las más antiguas en el mundo. Se encuentra acomodada en un gran oasis.

Como siempre, en las estaciones de buses esperan los taxistas que intentan abusar de los turistas. En este caso no le preguntamos el precio que nos cobraría. Le decimos que nos lleve al Hotel Baron (hotelbaron@mail.sy); queremos conocerlo a pesar de algunos comentarios en contra. Al final ha querido cobrarnos no por servicio sino por cada pasajero y por la maleta.

La entrada en el hotel ha sido fascinante, más aún cuando sabemos quienes han estado aquí alojados: T.E. Lawrence of Arabia, Kemal Ataturk, Charles Lindberg, Agatha Cristie y su marido en diversos periodos a lo largo de 11 años. Incluso algunas de las páginas de su célebre novela "Asesinato en el Oriente Exprés" fueron creciendo tras los postigos verdes de sus balcones… y Valentina Tereshkova, entre otros.

Una vez dejada la maleta, en la habitación, bajamos y nos aborda un “personaje” muy trajeado presentándose y diciendo que trabaja aquí desde hace 40 años. Entendemos que es algo así como el “relaciones públicas” del hotel. Nos pasa al bar, nos invita a sentarnos y enseguida… nos ofrece sus servicios de guía por Siria a lo que amablemente decimos que no lo necesitamos.

El ambiente del hotel, con sus empleados y decoración más este personaje enseguida nos lleva a estar metidos en una película de la posguerra donde por los hoteles pululaban periodistas, espías y gente vividora.

Días 26 y 27.- Por la mañana hemos visitado la Ciudadela, (Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986), obra maestra de arquitectura militar, donde aún se conservan varios edificios antiguos en buen estado y desde dónde se contempla una bella vista de la ciudad.

Por la tarde, callejeamos por una preciosa ciudad, más bien conservada que Damasco, en la que podemos comprobar que hay bellos jardines con fuentes y sus surtidores y los edificios bien restaurados.

Al día siguiente visitamos su espléndido souq (zoco): calles y calles con los más diversos productos. En total: 14 kilómetros de túneles, donde compramos varias pastillas del famoso jabón de Aleppo, para nosotros y para regalar. Y, también hemos visitado, la Gran Mezquita Omeya, construída en el s. VIII.

Quedamos fascinados con Aleppo, es una ciudad que recomendamos visitar en vuestra ruta por Siria.

Día 28.- Hoy pensamos ir a Deir ez Zor, así que nos montamos en un bus que sólo nos lleva hasta Raqqa. En la misma estación, con la ayuda de un local que habla inglés nos soluciona el problema de meternos en una “van” hasta Deir ez Zor y nos da una dirección de hotel.

Una vez llegados, cogemos un taxi hasta el hotel pero… está abandonado. Mientras mi compañero busca alojamiento, me quedo guardando la maleta. No hay nada mínimamente decente y con la visión de las calles sucias y ruidosas… tomamos la decisión de no quedarnos allí e irnos a Palmira.

La idea de ir a Deir ez Zor fue motivada por el recuerdo que tenía cuando hace 20 años viajé por la zona y los valles fértiles del Éufrates venían a mi mente. Ahora no he visto nada de eso.

Un taxi nos lleva a la estación de buses hacia Palmira, a la que llegamos de noche.

Día 29.- Por la mañana, antes de que apriete el sol, nos dirigimos a ver las ruinas romanas más esplendorosas y mejor conservadas de oriente, situadas en medio del desierto sirio junto a un oasis de grandes palmeras.

Su importancia histórica se debe a la excelente situación estratégica entre el Mediterráneo y el Éufrates, por lo que fue centro de una activa ruta caravanera con Oriente: la ruta de la seda.

Uno de los motivos por los que me gusta viajar es para contemplar una sonrisa, una mirada, un árbol, una flor y los lugares que tienen historia. Eso es lo que me pasa con Palmira. Sus piedras hablan de historia. Hablan de la grandeza del Imperio romano y de la vanidad y ambición de su autoproclamada reina Zenobia.


Os cuento:

El emperador Séptimo Severo, padre del emperador Caracalla, confiere a la ciudad de Palmira el estatus de “colonia romana”, obteniendo así los mismos derechos que Roma.

Los sasánidas (dinastía persa), ocupan la desembocadura de los ríos Tigris y Éufrates y pretenden dominar Palmira.

Odeinato es nombrado gobernador de la provincia romana de Siria, derrota a los Persas y es nombrado “Dux Romanorum”, o sea general en jefe de las fuerzas armadas de Oriente. Él mismo se proclama “Rey de Reyes”. En el año 266, en Homs, es asesinado junto a su hijo mayor. Se sospecha que fue inducido por su esposa Zenobia. Ella, toma el poder en nombre de su hijo pequeño, Vabalato, mientras éste sea menor de edad y establece, en Palmira, la capital de su reino nabateo, durante los años 266 al 272.

En Roma, Aureliano es nombrado Augusto.

La reina Zenobia envía a las tropas de Palmira a Egipto y toma Alejandría. Ordena festejos públicos, para celebrar sus victorias y acuña monedas con su efigie, manifestando así su independencia con Roma.

Proclama a su hijo “Augusto” y se da para ella el título de “Augusta”. Título que sólo pueden tener los emperadores romanos.

Aureliano se entera y decide atacar Palmira. Triunfa. Hace prisionera a Zenobia, la cual entra en Roma encadenada y humillada.

Esto es, muy brevemente, lo que cuentan las ruinas de Palmira.

El hotel donde nos alojamos, Al Faris, situado a la entrada del pueblo, organiza excursiones y, por la tarde, hemos ido a lo alto del castillo árabe para contemplar desde allí los colores que toman las piedras de las ruinas, en el momento de la puesta del sol.

Día 30.- A primera hora de la mañana pasa el autobús que ha de llevarnos a Damasco. Mientras estamos desayunando comentamos que aún nos quedan 5 días para volver a España debido a que en algunos sitios hemos estado menos tiempo del previsto. Como Damasco ya lo hemos visto bien los primeros días, mi compañero me propone ir a Beirut. La decisión está tomada: nuestro próximo destino, Beirut, pero aún no sabemos si será posible entrar en Líbano pues no tenemos visado y tampoco sabemos cuáles son las condiciones de seguridad allí.

Llegamos a una estación de buses en Damasco, donde cogemos un taxi para que nos lleve a la de Baramke. El taxista se entera adónde queremos ir y utiliza la picardía de todos los taxistas de este viaje: nos dice que hoy no hay buses hacia Beirut. Que él nos lleva. Le decimos que no, que vamos en bus, tanto si hay como si no, y se enfada al ver nuestra firmeza. Lástima que se ha escapado rápidamente al llegar a la estación, porque le hubiera dicho lo liante que era, cuando, efectivamente, salen buses hacia Beirut.

En Baramke compramos los billetes para Beirut. Al llegar a la frontera, tramitamos un visado de 48 horas, que es gratuito.

Ya en Beirut, nos subimos a un taxi y el taxista nos recomienda un hotel, Le Marly (
lemarlyh@hotmail.com) en Hamra Street, situado en la parte cristiana de la ciudad: Hamra, una de las zonas más comerciales y bonitas de la ciudad. El precio por habitación con baño más desayuno, nos cuesta la mitad de lo que marca en el tablón de tarifas. Nos enteramos de que no hay turistas.

Salimos a pasear y tomamos un primer contacto con la ciudad. Aquí si que hay (o había) dinero: tiendas con ropa de marca, buenos coches, edificios en buen estado de conservación.

Día 31.- Tras preguntar en el hotel, nos montamos en un taxi para que nos lleve a 15 kilómetros de donde estamos: a la zona bombardeada entre Julio-Agosto del 2006, dentro de los límites de la ciudad.

El taxista nos deja en un determinado lugar, caminando nos adentramos en la zona y empezamos a apreciar que los edificios y la gente son bastante diferentes del barrio donde nos hospedamos: un nivel de vida muy inferior y, sobretodo, el sentimiento de rabia e impotencia que se respira en el ambiente, más aún cuando miras la expresión de las caras de las personas.

De pronto nos encontramos un edificio medio derrumbado, paramos a hacer fotos y continuamos nuestro caminar, pero conforme nos adentramos aparece otro y otro… aquello es un sinfín de enormes solares, rodeados por una valla de cemento, donde habían habido edificios. Vemos también muchos calcinados.

Después de siete meses, las consecuencias de los bombardeos aún son muy evidentes. Personas encaramándose, por los escombros, con el riesgo de desprendimientos. Otras, quitando escombros a base de pico y pala: no vemos ni una máquina. Nos dá la sensación de que esto es un mundo aparte dentro de Beirut y, realmente, tanto políticamente como económicamente así es.

La zona donde estamos es feudo de Hezbolá. Fotografías de su líder por todas partes. Vemos enormes vallas de hierro que, en su momento, protegían el acceso a determinados conjuntos de edificios, pero manteniéndose en pie sin utilidad alguna. Hasta tal punto fue la virulencia de los bombardeos que algunas de estas vallas están retorcidas. Coches calcinados o simplemente reventados.

Cuando hemos sacado unas tres fotos, dos individuos, uno de ellos algo alterado, nos abordan por detrás. Parece que pregunta si somos árabes y digo “no”. Y con gestos y, en mi "medio" árabe, le digo que somos españoles. Después supongo que dicen algo como “qué hacemos allí”. No nos entendemos. Mi compañero, en inglés, les dice que estamos haciendo fotos sólo a los edificios, no a la gente. El hombre, todavía alterado, hace ademán de querer ver las fotos que hemos hecho. Mi compañero le enseña la del último edificio. El segundo hombre apacigua al primero y nos dejan estar, pero con la consigna de “no fotos”. Les digo que sí: “no fotos”. Ha sido un momento de mucha tensión, más aún cuando somos los únicos occidentales que estamos en la zona, y no estamos muy seguros que les pueda dar por retenernos y vaya Dios a saber cómo hubiera acabado la cosa.

A partir de este momento vamos con sumo cuidado al hacer fotografías, a veces escondiéndome detrás de los coches o en algún edificio, pero preocupados por si nos ve alguien. Las miradas hacia nosotros han sido constantes. En algún momento hemos visto a un miliciano con una metralleta en mano y a otros con walkie-talkie. No hay ningún policía que nos pueda dar algo de tranquilidad, no obstante, seguimos.

Durante el paseo, una señora vestida de negro nos increpa enérgicamente por nuestra estancia aquí. No entendemos nada, pero suponemos que dice algo así como: “qué hacéis aquí con lo que habéis/han hecho”. Éste ha sido otro momento de tensión ya que no sabemos si puede ser motivo de que nos veamos rodeados.

Como la situación nos parece demasiado tensa, decidimos irnos. No sabemos en qué punto estamos así que subimos por una calle donde circulan muchos coches. Al llegar al final, vemos un hospital de 12 pisos. Nada en particular si no fuera porque unas instalaciones anexas al mismo se vieron afectadas por las bombas. Las mismas bombas que tiraron abajo un edificio donde ahora hay un solar y que está sólo a unos 30 metros del hospital!!.

Lo que más nos ha impresionado ha sido la visión de un secador de pelo colgando a través de los escombros de un balcón: creo que es ésta la imagen de todo lo que ha ocurrido allí, lo demás son escombros y fachadas destrozadas.

Día 1 de Abril.- Todavía tenemos en la retina las imágenes de ayer y el estrés pasado.

Hemos encontrado a Beirut muy militarizada. Tanquetas protegiendo lugares estratégicos y controlando el acceso a una zona de mercado lejos de la zona bombardeada, pero que por los símbolos externos deducimos que es, también, área de influencia de Hezbolá. En general, en los edificios públicos y domicilios de personalidades, así como en puentes bombardeados, hemos visto presencia militar.

También hemos visto algún que otro coche de lujo como Ferrari y descapotables en la zona cristiana lo cual choca con la pobreza de los barrios musulmanes. En el perfil costero permanecen las estructuras de enormes rascacielos, quizás hoteles, cuya construcción ha sido parada. Restaurantes abandonados o en decadencia. Y ningún turista en una ciudad que recibía dos millones cada año.

Después de haber andado, ayer, unos 25 kilómetros, nos hicimos una buena idea de la ciudad y, por lo tanto, decidimos que ya no hay nada más a ver y vamos a la estación de autobuses para volver a Damasco. Como es domingo y parece que en Líbano es festivo, no hay autobuses. Durante el trayecto a la estación de buses hemos podido ver, en la zona cristiana, al ejército protegiendo los accesos a las iglesias. En la estación, valoramos la posibilidad de quedarnos hasta el día siguiente o coger un taxi a Damasco. Decidimos subir a un taxi que compartimos con una señora y un señor.

Ningún problema en el paso fronterizo. Pero cuando llegamos a Damasco, el taxista nos “invita”, no amablemente, a abandonar el taxi. Le decimos que nos habría de dejar en la estación de autobuses Baramke, que es la misma de salida hacia Beirut y él nos replica que ése el final del trayecto.

Ahí que nos quedamos los dos y la maleta, en medio de una autovía, que no sabemos si estamos cerca o lejos de nuestro destino. Y otra vez los taxis. Los taxistas que no saben inglés, los taxistas que no saben interpretar el plano de su ciudad cuando les señalamos el hotel, la estación de buses y la antigua y bonita Estación de tren Hijaz. Después de tres o cuatro tentativas, encontramos a uno que nos lleva hasta el Hotel Sultan, el mismo de cuando llegamos.

Día 2.- Por la mañana, sin prisas, vamos a visitar la tumba y Mezquita de Ibn Arabí, maestro sufí nacido en Murcia a mediados del S. XII, que falleció en Damasco.

Como la mezquita está a los pies del monte Quasium -donde la leyenda dice que Caín mató a Abel-, decidimos subir a él por las interminables escaleras que se suceden a través de las casas adosadas a la ladera. Al final se acaban las escaleras y no podemos seguir adelante. Tenemos dos opciones: bajar y coger un taxi para que nos lleve, o continuar escalando el trozo de montaña que queda a pesar de que no llevamos calzado adecuado. Decidimos seguir adelante. Continuamente vamos resbalando por la enorme pendiente que hay. Pero ya está: hemos abierto una nueva vía para los turistas!

Desde la cima del monte contemplamos el atardecer y anochecer sobre Damasco y, como pintada en el cielo, aparece una hermosa luna llena que quiere despedirse de nosotros y de nuestra estancia en Oriente Medio.

Aviso para los lectores: los precios en los restaurantes, en el monte, son abusivos o más que eso: son un atraco.

Día 3.- Lo hemos dedicado a dar el último paseo por el casco antiguo y comprar los regalitos que nos faltaban.

Día 4.- Avión de Air France hacia Barcelona, vía Paris. Al llegar a Barcelona hemos hecho una denuncia-reclamación por el problema de la maleta. Nos han dicho que en quince días nos darán una respuesta.


CONCLUSIONES:

Jordania: nos ha parecido un país que lo único que tiene que ofrecer es Petra, muy recomendable. Como ya hemos dicho, el ir al Monte Nebo, Betania y el Mar Muerto ha sido un fiasco, todo muy turístico. Los precios son en dólares jordanos, JD, cuyo valor es superior al euro. Todo muy caro. Y, sorpresivamente, hemos visto muchos controles de policía; en Siria ninguno, a lo largo de las rutas que hemos hecho.

Siria: es más auténtica. Cada paso que das es una escena para fotografiar. Damasco es increíble si se camina y te pierdes por las innumerables callejuelas que tiene. El Crac des Chevaliers es un castillo que vale la pena visitar, está en un excelente estado de conservación y casi se puede sentir la vida que hubo en sus tiempos. Aleppo es preciosa, su zoco nos gustó mucho más que el de Damasco y la Ciudadela es impresionante. Y, por último, Palmira, unas ruinas donde las piedras te hablan, a cada paso que das, sobre la vida y costumbres de los habitantes que tuvo.

Líbano: es contraste respecto a Jordania y Siria en que casi todo es desierto. Sólo pasar la frontera con Siria, aparece la tierra cubierta de verde, edificios de nivel occidental y un nivel de vida superior al de sus vecinos. Beirut es una ciudad muy cosmopolita. Todos los bancos árabes están allí. Enormes y lujosos hoteles, tiendas caras y, dependiendo de la zona, edificios que denotan un nivel de vida alto. Sin embargo, adentrándose por la zona musulmana, la cosa cambia. El nivel de vida baja radicalmente y las costumbres también. Las causas hay que buscarlas en la historia y en la política.

Con los taxistas:

Hay que tener cuidado con los que abordan a los turistas en las paradas de los buses. Preguntar antes de subirse cuánto cobrarán. Normalmente contestan “no problem, no problem”. Pero, no, pedid el precio. De lo contrario al final piden lo que les da la gana y puede ser motivo de conflicto.

Si hay que hacer una ruta, pedid siempre el precio y no paguéis hasta el final del trayecto. De lo contrario os pueden dejar donde les apetezca.

Es bueno saber, más o menos, el precio del servicio que vais a contratar. Esto se hace preguntando en el hotel o a alguien de confianza. Si no lo sabéis, no aceptar nunca ningún precio sin haber regateado previamente. El resto es sentido común.

Si os dicen que no hay buses, cercioraros de que es verdad, generalmente intentan engañar para que sean ellos quienes os lleven.

También hay taxistas honrados, lo podemos decir porque los hemos tenido.

4 comentarios:

Ines_tables dijo...

Me he leído tu post de pe a pa. Me ha gustado mucho: muy bien redactado, documentado,explicado... Me servirá para uno de mis próximos viajes Siria-Líbano (Jordania no me da tiempo).
Un saludo!!

Mª Mercè dijo...

Inés, me alegro que mi relato pueda servirte de ayuda para tu próximo viaje.

Cualquier cosa que necesites, mi email está en el perfil.

Buen viaje!!

Anónimo dijo...

Hola, buen día
Tengo una duda he leido por ahi que si se tiene visado para visitar Siria no se puede acceder a Israel, sabes algo a respecto?
Saludos

Mª Mercè dijo...

Hola:

En realidad sí se puede visitar Israel si tienes un visado de Siria. Pero no deja de ser una loteria entrar en Israel en tal circunstancia: en la frontera, los israelíes te someterán a interrogatorio durante varias horas, si lo creen conveniente; y también, si lo creen conveniente, no te dejarán pasar. Su actuación es impredecible.

Todo lo que te he comentado son informaciones de otros viajeros. En nuestro caso, el pasaporte era nuevo y no tenía ningún visado de Siria, pero sí de Argelia, y no tuvimos ningún problema salvo las clásicas preguntas capciosas cuando ven algo que no les gusta, ya sea tu apariencia o los países que has visitado anteriormente.

Lo recomendable, tal como están las cosas y para mayor seguridad, es que evites entrar en Israel habiendo visitado previamente Siria durante el mismo viaje.

Un saludo

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