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PARAGUAY: Días del 7 al 23.- Por la mañana cogemos un taxi que nos lleva al aeropuerto ya que nuestro próximo destino es Paraguay. El avión nos lleva desde Sucre hasta Santa Cruz y desde allí otro avión nos deja en Asunción, capital de Paraguay, después de tres horas de vuelo.
En el aeropuerto de Asunción nos esperaban mis primos e hijas, que nos llevan a su casa donde nos alojaremos durante los días que estemos en este país.
Asunción –en general- no tiene mucho que ver y está algo descuidada; y para acentuarlo, el país está inmerso en una fuerte crisis económica y la pobreza y decadencia se palpan en cada esquina.
Cabe destacar el Palacio del Gobierno de estilo neoclásico, sede del Presidente de la República del Paraguay.
La ciudad se encuentra junto a la Bahía de Asunción, en la orilla izquierda del río Paraguay y, en su ribera, saboreamos un delicioso pescado a la brasa en uno de los numerosos chiringuitos que hay.
De ahí nos acercamos a una reserva indígena, en la que casi no hay habitantes y está medio destruida.
A tan sólo 47 Km. de Asunción, se encuentra San Bernardino, donde pasamos un par de días en una casa que nos prestaron. Y todo junto al agua azul del Lago de Ypacaraí, tal como dice la letra de la famosa canción.
Es uno de los parajes naturales más hermosos del Paraguay y ha convertido la zona en el referente turístico del país. Aquí poseen casa de verano (algunas son auténticas mansiones) las familias acomodadas de Asunción. Además, los 60 km2 del lago permite la práctica de deportes acuáticos con embarcaciones de pequeño calado.
Visitamos -en la población de Tobatí- la tienda-taller de Zenón Paéz, renombrado tallista de madera, que tuvo el honor de recibir una visita de la Reina de España.
Una visita interesante fue a Areguá, también a orillas del lago Ypacarai y a 28 kilómetros de Asunción, que fue en su día el lugar preferido de descanso de las familias adineradas de Asunción: una antigua villa veraniega donde, aún hoy, se pueden ver -en la avenida del lago- algunas de sus magníficas casonas.
Otro día, fuimos en autobús a Yataity del Guairá, a 164 kilómetros de Asunción, donde asistimos al proceso de fabricación del bordado de Ao Po’í –palabra guaraní, que significa “tela fina”, exquisito trabajo en auténtico algodón nativo que se aprecia en camisas, vestidos, blusas, manteles, toallas y otras prendas.
A partir de una bola de algodón, las hábiles manos de una mujer obtienen tiras que va deshilachando hasta conseguir el hilo fino. Una vez colocado el hilo en canillas lo colocará en un telar de madera para crear el tejido. Después, sobre el tejido todo el bordado se hace a mano.
A 15 kilómetros de Asunción se encuentra Luque, población fundada en 1636 que posee hermosas construcciones coloniales. Aquí el oro y la plata juegan un papel relevante en las manos de decenas de artesanos que lo trabajan, creando delicadísimas filigranas típicas de la tradición paraguaya. Asimismo, esta población es el centro de la fabricación artesanal de instrumentos musicales como arpas y guitarras.
Los días han pasado rápidamente –entre asado y asado- y en familia, que hacía años no veía. No sé cuándo será la próxima vez que podamos estar otra vez juntos…
Días 24 - 25 y 26.- La estancia en Paraguay acabó en Ciudad del Este, a 327 kilómetros de Asunción, adonde llegamos después de 5 horas de viaje en autobús - a última hora de la tarde-.
A esta ciudad se la conoce como “La triple Frontera”, pues además de Paraguay, los otros dos países fronterizos son Brasil y Argentina.
Ya de noche un autobús nos llevó a la misma frontera con Brasil. Eran las 11 y estaba lloviendo a raudales. Pasamos andando, cargados con el equipaje, los 552 metros del Puente de la Amistad.
Ya en el lado brasileño no sabíamos de qué manera podíamos salir de allí a esas horas y más aún lloviendo. En ese momento paró una van con turistas. Mi compañero habló con el guía y tras consultar con los pasajeros –chilenos- aceptaron sacarnos de allí y llevarnos a un hotel de Foz do Iguaçú
Un bus nos llevó hacia las cataratas. Se detuvo en una explanada muy cerca de la entrada y, justo al lado, está el Parque das Aves, donde pudimos ver multitud de especies oriundas de Sudamérica. Esta visita fue muy interesante y es recomendable.
Entramos en el recinto del Parque Nacional do Iguaçú, Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO en 1986. Con la entrada está incluido el trayecto hasta los miradores, en autobús.
Antes de llegar a los miradores el bus hizo una parada al borde de la carretera, en la oficina de la agencia Macuco Safari.
Y aunque no era barato, con ellos disfrutas de las cataratas desde abajo, desde el agua; además de la navegación, el precio del billete incluye un paseo por el interior del parque de tres kilómetros -en vehículo eléctrico-, las explicaciones de un guía y la caminata de 600 metros a pie hasta llegar al embarcadero.
Allí pudimos ver, oír y sentir la inmensidad de los saltos que conforman las cataratas más aún, -habiendo llovido los días previos, y el de la excursión- el agua venía con una fuerza impresionante –en esas fechas alcanzaba los 30 millones de litros por segundo.
Subimos a la barca, que nos llevaría -a través del río Iguaçú- hasta la Garganta del Diablo el punto más cercano, que por seguridad se podía aproximar, y donde el agua caía con toda su fuerza. Oír el estruendo del agua y ver como caía es algo inenarrable.
El paseo por el parque fue guiado por un naturalista que nos explicó cosas interesantes tal como los tipos de árboles que había y los beneficios que se obtenían de los mismos.
Al día siguiente de nuevo, desde Foz do Iguaçú cogimos un bus que nos llevaría a la frontera y de ahí hasta la ciudad de Puerto Iguazú, en Argentina. Otro autobús nos dejó a las puertas de la entrada al parque. En un trencito, que recorría una parte del parque, llegamos hasta las pasarelas sobre las cataratas.
Afortunadamente tuvimos un excelente día y pudimos disfrutar de nuevo de las cataratas, pero las vistas desde esta zona no son tan espectaculares aunque hay algunos saltos en los que las pasarelas están al lado cosa que no ocurre en la parte brasileña.
BRASIL: Días 27 y 28.- Desde Foz do Iguaçú cogimos un bus que nos llevó hastaCuritiba, cruzando todo el Estado de Paraná, adonde llegamos de noche y nos alojamos cerca de la misma estación de autobuses.
Al día siguiente, continuamos el viaje hasta Florianápolis, en el Estado Santa Caterina, alojándonos en el casco antiguo.
Personalmente no le encontré ningún atractivo. Pensaba continuamente en mi familia de Paraguay: en lo bien que lo habíamos pasado y que no sabía cuándo volveríamos a vernos.
Según el plan de viaje, nos quedaba por ir a Uruguay, pero en esos momentos no me apetecía ir. Pasé frente a una agencia de viajes y compré un billete de avión para Paraguay. Llamé a mi primo para comunicarle la hora en qué llegaría. Me despedí de mi compañero hasta el día 11 de Junio, en Buenos Aires. Él continuó el viaje solo.





























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