29 abr. 2016

Viajeras y aventureras de todos los tiempos: Florence Baker, de esclava a exploradora


No solo los hombres han sido viajeros aguerridos y aventureros. Hay un número sorprendente de mujeres que, por unas razones u otras, emprendieron grandes y largos viajes por tierras desconocidas, asombrando a la sociedad de su época, aunque la inmensa mayoría han sido silenciadas y olvidadas por una historia escrita por los hombres, -nos dice Cristina Morató.

Mujeres que se enamoraron de la selva, del aire, del desierto. Persiguieron su sueño sin complejos, arriesgando la propia vida, dejando muchas cosas atrás. La historia de estas mujeres nos enseña que es posible hacer más de lo que imaginamos, y que la felicidad puede estar en una noche estrellada africana o en una cabalgata entre las dunas.

Lord George Curzon, presidente de la Royal Geographical Society de Londres dijo, en 1913, acerca de las mujeres exploradoras: "Su sexo y su formación las hacen ineptas para la exploración, y este tipo de trotamundos femeninos, al que América recientemente nos ha acostumbrado, es uno de los mayores horrores de ese fin del siglo XlX".

Nuestra protagonista, Florence Baker, no era precisamente una inepta ni una ‘trotamundos’. En las dos expediciones que realizó a África, se enfrentó a motines, enfermedades varias, falta de comida y medicamentos, nativos hostiles, reyes sanguinarios y un clima malsano.


Nacida en Transilvania (hoy, Rumanía) el 6 de agosto de 1841, en la localidad de Nagyenyed (hoy, Aiud), recibió el nombre de Florence Barbara Maria von Szász. Durante la revolución europea de 1848, Florence pierde a toda su familia y con tan solo siete años, va a parar a manos de mercaderes turcos de esclavos.

Florence crece en un harén del Imperio Otomano hasta que, en 1858, con tan sólo 17 años, la llevan al mercado de esclavos de Vidin (Bulgaria) para ser vendida.

Quiso el destino que, ese mismo día, el británico Samuel White Baker (1821-1893) -de viaje por Europa con su joven amigo, el maharajá del Punjab, Duleep Singh- asistiera al momento en que el pachá local pujaba por una joven blanca de cabello rubio y porte elegante. Baker, llevado de su deseo de evitar que aquella joven continuara siendo una esclava, pujó en la subasta y la adquirió por 7 libras. En este momento sus biografías confluyen y ya no volverán a separarse.

En Rumanía, Florence consigue un pasaporte de manos del cónsul británico y navegan hasta Inglaterra. Con 18 años, habla rumano, magyar, alemán y turco. Pronto aprenderá inglés, el árabe de Egipto y el kiswahili.

Cuando, en 1859, Samuel Baker lee la noticia de que regresan a Inglaterra los exploradores Richard Francis Burton y John Hanning Speke, que durante tres años habían permanecido en África buscando las Fuentes del Nilo, siente nacer un deseo de viajar a aquel continente y seguir los pasos de los expedicionarios.

Cristina Morató recupera esta carta dirigida a su hermana en Escocia, donde la escribe:

Querida hermana, en el fondo de mi ser late un espíritu aventurero que se impone a todo lo demás. Ya vendrá el día en que disfrutaré de las ciudades; pero, por el momento, las aborrezco. Mi aguja magnética me dirige hacia el África central.

Por supuesto, Florence iba a acompañarle y, en 1861, emprenden su expedición a África con destino a Sudán para rastrear, en primer lugar, los afluentes orientales del Nilo que descendían desde las montañas de la lejana Abisinia y, posteriormente, la región de los Grandes Lagos.


Foto de la Wikipedia, en dominio público

Las expediciones de Burton, Speke y tantos otros exploradores británicos del siglo XIX estaban patrocinadas por la prestigiosa Royal Geographical Society, que establecía los objetivos a conseguir, pero Baker no tenía que someterse a ninguna directriz ya que, gracias a su fortuna personal, podía pagar de su propio bolsillo los gastos que acarreaba la organización de una expedición de estas características y no se privaba incluso de ciertos lujos. Viajar sí, pero con un confort.

Así nos lo describe Cristina Morató:

"Para su gran viaje africano no olvidó llevar sus deliciosas golosinas y chocolates, un impecable equipo de safari, dos catres de metal y una enorme bañera de estaño, una colección de escopetas y botas de caza fabricadas en Londres a su medida, y lo último en instrumentos científicos".

Florence y Samuel exploraron, entre 1861 y 1865, la zona que comprende el lago Victoria y Gondokoro; descubriendo el lago Alberto y las cataratas Murchinson (nombre puesto en honor al presidente de la Royal Geographical Society).

Después de remontar las aguas del Nilo durante todo un mes, desembarcaron en Asuan y se dispusieron a adentrarse en el Desierto de Nubia, una extensión de 50.000 kilómetros cuadrados al norte de Sudán, separando el curso del Nilo del Mar Rojo.

Florence soporta con valor los rigores de aquella travesía, a pesar de enfermar de malaria que casi le cuesta la vida. La pareja siguió el cauce del río Atbara, que nace en tierras etíopes y, después de 805 kilómetros, desemboca en el Nilo convirtiéndose en el último gran afluente de este mítico río antes de su desembocadura.

Durante cinco meses, en los que aprovecharon para estudiar árabe y cazar, establecieron un campamento junto a las ruinas de la antigua población de Sofi. Con las pieles de la caza, se fabricaron ropa y calzado.


En junio de 1861 emprenden de nuevo la marcha hacia Jartum, alojándose en la residencia del cónsul británico. Éste, junto a su esposa, había abandonado la ciudad dirigiéndose hacia Gondokoro, situada a 1500 kilómetros de Jartum, en busca de Speke y Burton de los que no se tenían noticias.

Meses más tarde, la Royal Geographical Society contacta con Samuel Baker para que busque a todos los desaparecidos (entre ellos al cónsul británico y esposa) de los que, en el caso de Speke y Burton, hacía más de un año que no se sabía nada. Pero organizar una expedición con garantías de éxito no era un objetivo sencillo y Baker tardaría medio año en tenerlo todo dispuesto. Por fin, Florence y Samuel dejaron Jartum el 18 de diciembre de 1862, remontando las aguas del Nilo rumbo a la lejana Gondokoro.

Habían transcurrido dos semanas desde su llegada a Gondokoro cuando aparecieron dos hombres exhaustos que llevaban dos años perdidos por los caminos de África. Eran Speke y Grant que fueron acogidos por Samuel y Florence.


En este dibujo se representa el encuentro en Gondokoro (1863) entre Samuel y Florence con los exploradores J. H. Speke y J. A. Grant, que llegaban allí después de dos años de exploración por la región de los grandes lagos, confirmando que el Lago Victoria era la fuente del río Nilo.
(Imagen de Kids Britannica)

Cuando Speke regresó a Inglaterra criticaría a Samuel Baker y a Florence, tanto por su irregular situación al no estar casados, como acusando a Baker de irresponsable por poner en peligro la vida de Florence en aquellos territorios inhóspitos.


Lago Victoria y nacimiento del Nilo Blanco (Uganda)


Cataratas Murchinson descubiertas durante su viaje de regreso a Inglaterra, en 1865. Están divididas en tres saltos de agua que sumados alcanzan los 120 metros de altura
(Foto extraída de la Asociación Española de Egiptología

Era hora de regresar a Inglaterra, donde sabían que les esperaba un gran recibimiento, pero, Samuel Baker también sabía que tendría que hacer frente a las murmuraciones acerca de la relación entre él y Florence.

Después de contraer matrimonio en Londres, el 13 de noviembre de 1865, asistieron a la cena en su honor organizada por la Royal Geographical Society. Y fue durante aquella cena cuando Samuel pronunció unas palabras dedicadas a Florence:

Hay una persona en esta sala a quien tengo mucho que agradecer, una joven y tierna mujer que tiene el corazón de un león, y sin cuya devoción y coraje yo no estaría hoy vivo para dirigirles estas palabras. Señor presidente, damas y caballeros permítanme que les presente a mi esposa Florence.

Samuel Baker, a diferencia de otros exploradores, como Iradier o Livingstone, siempre alabó el coraje de su esposa. La muchacha de largos cabellos rubios y ojos claros, que no dudó en cambiar sus vestidos y corsés por cómodos pantalones y polainas, que aprendió a disparar y a montar a caballo para seguir a su compañero. Sólo con el paso del tiempo se reconocería el importante papel que Florence desempeñó en los descubrimientos de su célebre marido, un explorador atípico a quien no le importó llevar a su entonces amante adolescente al África central.


Samuel y Florence siguieron viajando. India, Japón, Estados Unidos y nuevamente África estuvieron entre los lugares que visitaron en los años siguientes. Preparando el viaje a Somalia la muerte sorprendió a Samuel Baker el 30 de diciembre de 1893. Florence le sobrevivió 20 años, después de una vida marcada por la aventura y el amor de un hombre y, sobre todo, por aquel día en el que sus caminos se cruzaron en un mercado de esclavos.

Bibliografía:
- Wikipedia.fr
- El mentidero de Mielost